Desde la experiencia de la Ley Trans andaluza y la libre determinación de la identidad

Hace ya seis años de la aprobación de la Ley Andaluza para la No Discriminación por Motivos de Identidad de Género y Reconocimiento de los Derechos de las Personas Transexuales. Este hecho mereció la contraportada de Mundo Obrero en el número de julio bajo el titular “IU logra que la transexualidad no vuelva a considerarse una patología”.

Resulta muy desalentador que hoy haya quien considere que las últimas tesis en los documentos congresuales no se correspondan con la historia del Partido teniendo en cuenta esta publicación. Tras unos cuantos años de lucha y sesudas sesiones de análisis, debate y propuesta, después de un proceso plenamente participado, de formaciones, jornadas, reuniones con colectivos LGBI y colectivos específicamente Trans, no podemos pretender escondernos en la falta de debate para atacar las tesis del Congreso, cuando conseguimos llegar a una Ley consensuada con todo el movimiento trans y todos los partidos del Parlamento andaluz, y con un incuestionable liderazgo por parte de IU y del PCE (aparte del muy merecido de la activista trans Mar Cambrollé) que provocó el desaire de la entonces Presidenta del Parlamento, Susana Díaz, a la hora de hacerse la foto (se la hizo solita y con su grupo) mientras Maíllo, la pepera Esperanza Oña y yo misma celebrábamos su aprobación en esta otra foto, con las personas trans reunidas en el Parlamento.

Una de las cuestiones más debatidas con las personas trans fue precisamente qué título le dábamos a la ley. Creo que no pudimos acertar más. Quisieron destacar la discriminación que sufrían y que tratábamos de evitar, pero además introduciendo desde el principio el término identidad de género, para hacer una declaración de principios al continuar con el reconocimiento de los derechos y este, el de la libre determinación de la identidad, como primigenio de las personas trans.

La libertad de determinación es la esencia de la capacidad de la persona. Y precisamente por eso sabíamos que uno de los principales ataques a la ley vendría de la mano de la protección de menores. Pero este es justamente el punto fuerte de la ley. Partimos del hecho jurídico de que a la minoría de edad se le reconoce capacidad limitada. Pero si ha de limitarse la capacidad de autodeterminación de menores, ¿por qué no reconocerla en su plenitud a mayores? Esta diferenciación tan simple la hemos reivindicado las mujeres durante todas nuestras vidas. Si soy persona, soy capaz. Si no me otorgas capacidad completa, o no me consideras persona, o me consideras imbécil, niña o loca. Y por eso hablamos también de despatologización. Vamos a dejar de considerar locura lo que es la capacidad de la persona para ser y sentir.

No fue fácil regular las identidades trans en la minoría de edad. Es más fácil que una niña de dieciséis años transforme su rostro y su cuerpo mediante operaciones quirúrgicas invasivas, por una cuestión de estética y de forma irreversible y permanente, que un niño trans se someta a un tratamiento de bloqueadores hormonales, que son reversibles y frenan caracteres sexuales no deseados, ya que el desarrollo de los mismos provoca en la infancia trans gran angustia y pensamientos suicidas. ¿Qué clase de hipocresía nos lleva a no mover un dedo en contra de lo primero y nos subleva en el caso de los bloqueadores? Esta pregunta solo tiene una respuesta y se llama prejuicio y discriminación.

¿Qué lleva al niño o niña a vivir un proceso de incomprensión y marginación? Si no es una enfermedad mental, ¿no será por una voluntad más fuerte que la coacción social (esta sí evidente) para que no transgreda lo cis hetero normativo binarista? ¿Cuándo poner fin a la incapacidad o capacidad? Es decir, ¿hasta cuándo tiene que ser reversible el proceso para confiar en la calidad de la decisión? ¿Por qué no nos planteamos las mismas preguntas con otras cuestiones? Haciendo preguntas caímos muchas veces en los prejuicios. Fue una buena manera de descubrir nuestras miserias y corregir nuestros errores.

Porque la realidad es el arma imbatible de esta Ley. La que nos descubre un mundo lleno de diversidad, una convicción en lo que somos y podemos hacer, unos padres y madres que acompañan a sus hijos e hijas escuchándolos y aprendiendo frente a los modelos sexistas adquiridos. La que nos dice que no hay arrepentimiento, ni duda, si no hay discriminación ni violencia. La que nos enseña que no hay vuelta atrás aunque la posibilidad de reversión exista, y la que nos muestra que lo importante es la felicidad de las personas. La realidad frente a la teoría, no frente al feminismo.

(*) Secretaria Provincial PCE Córdoba; Ponente de la Ley Trans andaluza