Históricamente las comunistas hemos luchado contra la opresión de género que sufrimos las mujeres. Entendido el género como la construcción social que nos encorseta y cosifica a las mujeres dejándonos en una situación de subordinación al patriarcado.

En nuestros congresos así lo hemos acordado año tras año, pero también históricamente en el partido hemos defendido la autodeterminación de género en defensa de los derechos de las personas transexuales.

Parecerá una contradicción si nos centramos en la definición académica y si llevamos el debate a la cuestión identitaria alejándonos de la cuestión de clase.

Las comunistas sabemos que las mujeres sufrimos doble opresión de clase y de género, si nos quedáramos únicamente con la del género nos alejaríamos del feminismo de clase con el que nos identificamos.

Tal vez debamos empezar por la definición etimológica de Género; palabra que se refiere al tipo, clase, estirpe o linaje al que pertenecen un conjunto de cosas o seres que tienen la misma naturaleza, es decir, que comparten elementos como génesis, forma y/o características. Si lo trasladamos a los seres humanos nos indica que perteneces a un espacio determinado en la Sociedad, al género masculino o femenino, pero una mujer puede asumir roles autodenominados masculinos y seguir siendo una mujer. Lo que indica que el problema en este caso no es el género sino los roles de género que se atribuyen a un género determinado con la intención de subordinarlo.

Cuando hablamos de identidad sexual lo hacemos desde una perspectiva médica, es decir, cuando naces según tus genitales se te designa una identidad sexual. La de género es la que se establece socialmente. Cuando hay una persona que no corresponde con su género asignado al nacer es cuando se trata de una persona trans.

Las comunistas hablamos del género humano que implica que todas las personas ocupemos el mismo espacio en la sociedad en igualdad de condiciones. Por lo que no se trata de abolir el género, sino en abolir los roles de género y de clase, que establecen unas relaciones de desigualdad en la sociedad.

Una sociedad binaria como la nuestra, como norma de hombres y mujeres, no acepta otras posibilidades de expresarse e ignora otras realidades como las personas transexuales e intersexuales, no deja espacio vital a estos colectivos de personas y las obliga a situarse en un espacio u otro.

Por eso una de las principales luchas que debemos librar contra el patriarcado es la aceptación de la diversidad de los cuerpos bajo la máxima de todos los cuerpos, todas las bellezas (documento XX Congreso PCE).

¿Pero mientras tanto? Las mujeres luchamos por la igualdad de género porque nos identificamos en un mismo espacio en la sociedad e identificamos el mismo enemigo: la alianza criminal del patriarcado y el capital y a partir de aquí luchamos por nuestros derechos y por transformar la sociedad.

Las personas trans en España tienen un 85% de desempleo, las mujeres trans sufren una violencia sexual desproporcionada y son con frecuencia echadas de sus casas muy jóvenes cuando se definen como trans. Si las mujeres trans son asesinadas es por el hecho de ser mujeres. Muchas de las que sufren exclusión social se ven abocadas a la prostitución como única salida para sobrevivir. Todo ello evidencia que son uno de los colectivos más oprimidos por la alianza criminal.

Quien defiende ir en contra de la autodeterminación de género en el contexto trans fuerza a que haya personas que se vean obligadas a pasar por los quirófanos para seguir con la norma binaria impuesta, porque jurídicamente no serán reconocidas. ¿Realmente podemos creer que permitir que la administración refleje en los documentos el género real de una persona afectará a la vida de las mujeres?

El colectivo trans es objeto de violencias patriarcales injustas que deben desaparecer. El género que se nos asigna determina nuestro lugar en el mundo y delimita el espacio que ocupamos y cómo lo ocupamos, determina los derechos y el grado de ciudadanía con el que contamos.

Unidas debemos combatir y abolir los roles de género y de clase, ya que son los que determinan la manera en que interactuamos y las relaciones desiguales de poder en el espacio, clase o género que ocupamos.

Mientras tanto, debemos ayudar a cohesionar el movimiento feminista hacia un cambio sistémico, hacia un horizonte de sistema estatal de cuidados. Donde nos cuiden y nos cuidemos todas. Hacia una sociedad que erradique los roles sexistas que sitúan a las mujeres como cuidadoras y esclavas al servicio del capitalismo y del patriarcado.

No debemos permitir que debates interesados penetren en el movimiento feminista anticapitalista con el objetivo de dinamitarlo. No olvidemos que estamos en el punto de mira de los avances de la extrema derecha global, nos temen y juntas y unidas somos una más fuerte e invencible.

(*) Secretaria Feminismo del PCE