Etopeyas pintadas

Etopeya, autorretrato de Vázquez de Sola
Autorretrato de Vázquez de Sola | Acrílico sobre tela 70x50cm

Un día Felipe Alcaraz le dijo a Andrés Vázquez de Sola: “Si me necesitas, silba”. Otro día Andrés silbó: “Etopeyame unas semblazas”, le dijo. Felipe aceptó el envite: “Va por usted maestro”. Y así, mano a mano, entre amigos y camaradas, estos dos comunistas genios del pincel y la palabra inteligente, fueron dando vida al libro 1917-2017. Desde que Noviembre se llama Octubre (Atrapasueños. 2017).

Celaya, María Teresa León, Marcos Ana, Alberti, Buero Vallejo, Neruda, Anguita, Rosa Luxemburg, Marx, Fidel Castro, Gramsci, Trosky, Pasionaria, Pepe Díaz, Paco Rabal, Egea, Renau, Vázquez Montalbán, Galeano, Julio Diamante, Pepe Ortega, Gades, Dulce Chacón, Frida Kahlo… así hasta 69 hombres y mujeres con los que paseamos por la historia.

Esto es lo que Felipe escribió de Vázquez de Sola. La auto-etopeya que Andrés pintó es la que figura en la portada de este suplemento cultural.

Nació en San Roque (Cádiz), en 1927, en el seno de una familia de orden. Incluso se le puede ver, ya entrado en contradicciones (porque se autoexpulsó del centro) como alumno del Seminario de Teólogos del Sacromonte de Granada. Trabajó al principio en medios del orden, como el diario Patria de Granada, o el diario Madrid, o en TVE, donde tenía que dibujar la caricatura del famoso de turno en diez segundos. Pronto se dio cuenta de que realmente era un infiltrado en un orden que no podía compartir, que era preciso desordenar.

Desde 1951 milita como comunista. En 1959, como le avisaran que la policía “le buscaba las cosquillas”, se autoexcluyó del país a través de una larga caminata desde el kilómetro cero hasta Francia. Durmió bajo los puentes del Sena y pasó hambre. Trabajó como peón de albañil y se cayó de un andamio, siendo asistido por un médico que  le recomendó mostrar sus dibujos a Le Canard Enchainé. También funcionó como guardián de Sartre, sin que nadie se lo hubiese encargado, sobre todo porque no tenía ni media hostia; lo acompañaba unos pasos por detrás, hasta el restaurante La Coupole, sin que Sartre lo supiera nunca, aunque es verdad que Simone de Beauvoir le agradeció los servicios prestados.

Trabajó en Le Canard Enchainé -la publicación más prestigiosa del arte satírico-, Le Monde, Le Monde Diplomatique y L´Humanité.

Ha recibido premios importantes, como la Palma de Oro de Bordighera, Italia; el Nasreddin de Turquía; o hace poco el premio honorífico de la Asociación de Ilustradores de Cataluña.

En 1975 regresa a España, donde la patria y la Transición deciden no recibirlo. Incluso se le intenta encarcelar seis años por dibujos publicados contra la entrada en la OTAN. Su opinión no puede ser más nítida: “pintar y decir lo que me ha dado la gana lo he pagado hasta con cárcel”. Posteriormente ha caracterizado el clima de prolongación del franquismo de aquellos años: “los dictadores, al igual que la materia, no mueren: se transforman, degeneran reblandeciéndose, pero siguen hediendo a putrefacción, ahogando a los pueblos”.

En España continúa luchando contra el poder, contra los aparatos y contra sí mismo. Trabaja un tiempo en Mundo Obrero. Julio Anguita, a la sazón Secretario General del PCE, sabía antes de contar con él que Vázquez de Sola era “libre hasta la insolencia”, que muchas veces se había definido como comunista libertario, y que Alberti lo motejaba de “Anarquistón”; y que se había acostado con García Márquez (la verdad es que sólo una siesta, pero de espaldas ambos, en casa de una amiga). Hoy, desde Monachil (Granada), sigue pintando para el conocimiento contra todo poder y contra el mercado. Nunca ha sacado un cuadro a la venta y adapta sus casas para conservarlos todos.

Ha expuesto en una lista de ciudades que no cabría en esta sucinta biografía. Ha preparado exposiciones sobre Lorca y sus amigos, sobre las mujeres de sus sueños, la generación del 27, República o “esto”, Homenaje a Francisco Ayala, Besitos desde Sodoma, A la pintura, Homenaje a Miguel Hernández.

Últimamente está pintando cuadros sobre los maestros, los maestros republicanos, los maestros de pueblo, los primeros maestros que tuvimos. El comprobó en su pueblo cómo fusilaban a los “buenos” y por eso vivió el fusilamiento de su maestro.

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