
Ante el reto de construir un proyecto en común
Nuestra Bandera Nº 248Tercer trimestre 2020
El PCE ha venido sosteniendo, en los últimos cuarenta años, desde la conformación teórica y práctica de los llamados Estados Liberales, en su expresión actual, modelada desde la era Thatcher-Reagan y la Escuela de Chicago, que esos sistemas, basados en la desregulación de la economía, el libre mercado, privatizaciones y deconstrucción de los Estados, sólo obedecía al interés de las élites internacionales para garantizarse una acumulación de capitales, sin precedentes, en la historia del Capitalismo.
Esa vía de acumulación, teorizó una globalización económica sin derechos y libertades garantizadas, un modelo de desarrollo patriarcal confrontado con la naturaleza y un Sistema de Seguridad diseñado y planificado exclusivamente en interés de las clases dominantes del capital (en todas sus expresiones) desde el liderazgo de las élites estadounidenses y europeas.
Ese desarrollo de los sistemas neoliberales, en un primer momento, tras los suicidios de los llamados sistemas del Socialismo Real, alcanzó una rotunda hegemonía mundial liderada por Estados Unidos, que se convertía en la única superpotencia y verdadera responsable de imponer los principios del Consenso de Washington en la mayoría de los continentes.
La gran crisis de 2008 evidenció hasta donde podía llegar la humanidad por la aplicación ortodoxa de ese Sistema desregulador, ponía al descubierto “los Estados desnudos”, incapaces de resolver la crisis a favor de la mayoría social frente a los especuladores y estafadores bancarios: conseguía un retroceso histórico de todas las conquistas sociales alcanzadas tras la II Guerra Mundial en Europa, desmontaba el proyecto regional autónomo de América Latina y el Caribe por vía de golpes de estado, bloqueos a las economías de países soberanos o nuevas modalidades de golpes judiciales y los países empobrecidos sufrían nuevas medidas de imposición del FMI y del BM que acentuaban los niveles de desigualdad y dependencia.
La expresión regional europea de ese Sistema, la Unión Europea, víctima de su propia política, iniciaba un camino de implosión acosada por un tremendo descontento social, la salida del Reino Unido y la aparición de nuevo de expresiones de ultraderecha que en algunos casos han llegado a gobernar o cogobernar estados de la UE.
La crisis del Covid-19 ha vuelto a poner en evidencia, en esta ocasión con mayor dramatismo al atacar a la vida de las personas, la falta de capacidad de los Estados neoliberales para hacer frente a esta pandemia tan agresiva. La privatización de servicios públicos como el de la salud, la desprotección de la producción nacional, la incapacidad de intervenir la economía en momentos excepcionales al carecer de instrumentos propios en el modelo productivo de sectores estratégicos, dejó a esos estados literalmente sin medios elementales para proteger a la población, como las mascarillas o los sistemas de respiración asistida.
El contexto de esta crisis es diferente a la gran crisis de 2008. Todo parece indicar que la globalización liderada por las élites neoliberales ha entrado en una fase de incertidumbre. El imparable ascenso de China para convertirse en la principal superpotencia, la crisis e implosión de la UE, los niveles crecientes de desigualdad y paro a nivel mundial y el cambio climático necesitan de una respuesta política, social y cultural, una Alternativa a los Estados Neoliberales.
Seguridad Humana
Cambiar desde la raíz ese Sistema desregulador, que dejó a los Estados “vacíos”, necesitará de un impulso de investigación que aterrice en un nuevo programa internacional muy participado en la perspectiva socialista para disputar ideológica y culturalmente los valores e ideas del neoliberalismo.
En nuestro entorno más próximo, el de la Unión Europea, la realidad demuestra nuestra tesis incontrovertible de que ese proyecto regional es irreformable. La necesidad de abordar esa alternativa global pasa en Europa por concretar también un nuevo modelo regional conformado por Estados “recuperados y con capacidad de intervención en sus modelos productivos”, situado en el contexto de Eurasia.
La nueva mundialización se deberá desarrollar desde el ámbito de nuevos Estados reguladores que apuesten por la regionalización de políticas sociales, industriales, de empleo e igualdad y con economías y derechos mundializados.
La trágica y devastadora pandemia ha puesto de manifiesto la enorme fragilidad a la que puede someterse nuestra salud y la falta de adecuación de los Estados y Organismos Internacionales para atender y dar respuesta a este tipo de enfermedad.
El informe Social Mundial 2020 de la ONU advierte de la creciente desigualdad, tanto en los países en desarrollo como en los ricos, que exacerba las divisiones sociales y ralentiza el avance económico y social. Más de dos tercios de la población mundial viven en países donde la desigualdad ha crecido. El 1% de la poblaciónn más rica tiene cada vez más dinero, mientras que el 40% más pobre obtiene menos de un 25% de ingresos.
La pandemia nos obliga a exigir un cambio en el paradigma de la Seguridad Militarizada por una Seguridad Humana que atienda y de respuesta a lo que verdaderamente crea inseguridad en el mundo: El hambre, la pobreza, la desigualdad, el desempleo o la enfermedad.
El Covid 19 ha desmontado la falacia de que la humanidad necesite de un Sistema de Seguridad Militarizado. La Seguridad Humana tiene hoy que ver con agua potable, vivienda, comidas, vacunas, empleo, educación y asistencia médica universal y gratuita.
No se sostiene por más tiempo que el gasto mundial en armamento en 2019 se estimase en 1,63 billones de euros, el 2,2 % del PIB mundial (la cifra más alta desde la guerra fría) frente a los 50.400 millones de euros de promedio anual durante el decenio de 1990 de ayuda oficial para el desarrollo.







