La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (AFA) autoriza de nuevo la utilización comercial del 737 MAX de Boeing, el avión prohibido como consecuencia de dos accidentes en 2018 y 2019 con 346 muertos.
La investigación del Congreso llegó a la conclusión de que “los accidentes fueron la terrible culminación de las presunciones técnicas defectuosas de los ingenieros de Boeing, la cultura de encubrimiento de la empresa y un control extremadamente insuficiente de la AFA”. Según la BBC, Boeing no incluyó en los manuales para los pilotos el sistema automático de estabilización que provocó los accidentes y la AFA, en connivencia con la compañía, no tuvo en cuenta las advertencias de sus propios técnicos y facilitó la certificación de seguridad.
En una de sus habituales barbaridades, el presidente Trump recomendó a Boeing que simplemente le cambiara el nombre al avión para continuar su fabricación.
Ahora el avión mortal puede volver en diciembre a las rutas comerciales con el temor para los pasajeros de que su licencia de vuelo se conceda de nuevo sin las suficientes garantías. Y no hay castigo para los fallos en la ingeniería de Boeing, su mala información a los pilotos, la ocultación de su responsabilidad y la complicidad de la AFA.








