El legado de Marcelino

Marcelino intentaría convencer al gobierno progresista de la necesidad de un “Plan Nacional contra el Paro y la Crisis” y que distinguiera siempre entre lo posible y lo necesario

Hace ya 10 años de la muerte de Marcelino Camacho. Fundador y secretario general de Comisiones Obreras, diputado y dirigente comunista, tuvo una larga vida de compromiso con la clase obrera. Tenemos un deber de memoria con él, pero no podemos quedarnos en el recuerdo ni en la loa, sino aprovechar la oportunidad para mirarnos en el espejo que refleja la situación de la clase trabajadora y recuperar su legado.

La situación es bastante desoladora, aunque el retroceso empezó hace tiempo. Una fecha decisiva fue 1994, tras una magnífica Huelga General que no tuvo continuidad por el cambio en la estrategia del sindicato y que produjo una grave crisis en CCOO. Crisis que, además, tuvo como consecuencia uno de los momentos más amargos de Marcelino: su salida de la presidencia del sindicato sin ningún debate previo ni participación de los afiliados. En la vida es muy importante dar las gracias y pedir perdón. A Marcelino se le han agradecido muchas cosas, pero algunos deberían de pedirle perdón. Eso engrandece a las personas y a las organizaciones.

Pero basta con analizar la última década. La verdad son los hechos sin adornos y abundan los pasos atrás. El Gobierno de Zapatero aceptó las presiones de la Unión Europea y realizó una congelación de pensiones y de salarios de empleados públicos, recortes del gasto social y una reforma laboral (2010) y de pensiones (2011). Su duro ajuste no le permitió conservar el poder ante la derecha en 2011. Recordarlo es un aviso a navegantes para saber que, aunque te sientes en “la mesa con los caníbales liberales” (en palabra de Rafael Chirbes), ello no te salva de la derrota moral, política y electoral.

El Gobierno del PP de Mariano Rajoy, aplicó una escalada aún mayor en las agresiones a los derechos sociolaborales. Grandes recortes sociales, privatizaciones y ataques a los servicios públicos esenciales, nuevas reformas laborales (2012), de pensiones (2013) y de las prestaciones al desempleo. Para dificultar la contestación social legisló un recorte de libertades con la reforma del Código Penal y la Ley “Mordaza”. En este artículo recordamos los retrocesos (https://bit.ly/2IVCFzu).

Los sindicatos mayoritarios contestaron con dos huelgas generales. La del 29 de septiembre de 2010 contra la reforma laboral de Zapatero y otros recortes. Y la Huelga General del 29 de marzo de 2012 contra la reforma laboral de Rajoy. Después la movilización trasladó su centro de gravedad hacia los movimientos sociales y mareas de todo tipo (educación, sanidad, pensionistas, Marchas por la Dignidad) y hacía luchas de empresas como, por ejemplo, la de Coca Cola de Fuenlabrada.

Las agresiones han dejado un devastado paisaje sociolaboral: despido individual y colectivo más libre y barato; precarización del empleo; debilitamiento de la negociación colectiva; ajuste salarial, de pensiones y prestaciones por desempleo; menor democracia en las empresas; nuevas formas de sobreexplotación laboral (riders y falsos autónomos), desahucios, etc. Estas reformas hay que derogarlas porque no son compatibles con un modelo de relaciones laborales basado en los derechos fundamentales y en el equilibrio entre las partes que debe asegurar el Derecho del Trabajo, ni con un Estado de Bienestar que proteja a la población.

¿Qué nos diría hoy Marcelino?

A los trabajadores y trabajadoras, que hay que organizarse y luchar, porque las conquistas hay que defenderlas para que no se pierdan. A los sindicatos, que deben esforzarse en representar a todo el mundo del trabajo, estar muy pegados a las bases para ganarse su respeto y apoyo, fomentar la participación y no olvidar que sin movilización no habrá negociación y avance en los derechos. Marcelino, que siempre iba a Norte, intentaría convencer al gobierno progresista de la necesidad de un “Plan Nacional contra el Paro y la Crisis” y que distinguiera siempre entre lo posible y lo necesario.

En esos tiempos difíciles, echamos mucho de menos a Marcelino porque le necesitamos. Pero nos queda su legado. En él se mezclan ideas, práctica sindical y forma de ser, que podemos resumir en: su apuesta por la participación democrática y el protagonismo de los de abajo. La defensa de la unidad para enfrentar al neoliberalismo. Un modelo sindical sociopolítico que combine los pies en el suelo y la vista en el horizonte. La coherencia de hacer lo que se dice y vivir como se piensa. El afán de saber, porque no solo hay que derrotar las resistencias sino ser capaces de construir un mundo a la medida del ser humano. La honestidad como un referente moral, más aún en tiempos manchados de corrupción. Marcelino Camacho tenía una frase donde combinaba bondad, inteligencia y revolución: “Luchar, trabajar y estudiar cantando, vivir soñando”. Intentemos aplicarla.

Sindicalista. Exdirigente de Comisiones Obreras (CC.OO.)

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