En el recuerdo a destacados militantes del PCE que estamos realizando en la actual celebración del centenario no podríamos pasar por alto a Matilde Landa. Las crueles condiciones de su encarcelamiento tras el final de la guerra civil, que condujeron a su muerte en Palma de Mallorca en septiembre de 1942, la hicieron muy conocida en todo el mundo. Pero su legado, su significación para el proyecto colectivo de transformación de nuestro país, tiene raíces profundas, tanto en la atención a las personas refugiadas como en la defensa de los derechos y libertades de los más vulnerables.
Matilde Landa Vaz nació en Badajoz, el 24 de junio de 1904, en el seno de una familia acomodada que valoraba mucho la educación y el compromiso social, algo que caracterizó a todos sus hermanos, en especial a Rubén y Jacinta Landa que desempeñaron destacadas labores en estos ámbitos. Su padre, abogado republicano, estaba vinculado de forma directa a la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Fue compañero y amigo de Francisco Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossío o Gumersindo de Azcárate, los grandes referentes del institucionismo. Gracias a los recursos y a la actitud progresista de la familia, Matilde Landa pudo llevar a cabo estudios universitarios, algo que era un privilegio entre los jóvenes varones y que se convertía en algo excepcional entre las mujeres de su época.
Su vinculación al PCE se hizo a través del Socorro Rojo Internacional, una organización que desempeñó un papel pionero en la atención a los refugiados en España en el contexto de una Europa que asistía al auge del fascismo.
Desde su militancia social se incorporó a un partido que se estaba convirtiendo en un referente de los jóvenes antifascistas. Después del golpe de Estado contra el régimen constitucional republicano se vinculó al Quinto Regimiento, una milicia que se preocupó no sólo por combatir en el frente sino también por organizar en la retaguardia el abastecimiento y la asistencia sanitaria.
Matilde Landa tuvo un primer destino en el hospital de Maudes, un bello edificio cercano a la madrileña plaza de Cuatro Caminos, donde se prestaba una atención integral a los heridos en combate. Por su entrega y capacidad de organización, fue destinada por el gobierno republicano a la atención de lo que hoy se conoce en el derecho internacional como desplazados internos, miles de personas que huían del avance de las tropas franquistas y que se encontraban en muy difícil situación. Fueron años duros y de una actividad incesante, en los que Matilde Landa ejerció con una entrega ejemplar.
La reorganización del PCE en la clandestinidad
Tras el golpe de Estado de Segismundo Casado y la consecuente derrota republicana, ante la inmediata entrada de las tropas franquistas en Madrid, fue una de las militantes encargadas para preparar al PCE en la clandestinidad que se avecinaba, toda una muestra de valor y abnegación. Fue detenida muy rápido en la represión implacable de la dictadura. Pero, lejos de hundirse en la depresión y la renuncia a su compromiso, fue de nuevo un ejemplo de activismo en la cárcel de Ventas, donde organizó la defensa de las presas políticas, muchas de ellas condenadas a muerte, en un ejercicio desesperado por conseguir rebajas en las penas o al menos el aplazamiento de las ejecuciones. Su semilla fructificaría años más tarde con el compromiso de militantes como María Luisa Suárez Roldán, abogada comunista, pionera en la puesta en marcha de despachos especializados que dignificaron el ejercicio de la profesión y la pusieron al servicio de la reconquista de las libertades.
Por el trabajo social desarrollado, Matilde Landa debe figurar como referente en España de todos aquellos que se comprometen hoy en la defensa de las personas refugiadas, tan necesaria en los tiempos que corren, así como en la labor de reivindicación de los derechos y las libertades. Pero si hay algo que es significativo en el legado de Matilde Landa es su vinculación a la Institución Libre de Enseñanza. No tanto por su formación o por los contactos que mantuviera con la misma, que no fueron muy destacados en el desarrollo de su militancia social y política, sino por el significado que quiso darle la dictadura franquista y, en el momento actual, por la construcción artificiosa de la idea de un tercera España, víctima de los extremismos de ambos bandos, coartada con la que se pretende desacreditar lo que supuso el proyecto republicano para España y la resistencia antifascista.
La obsesión del franquismo
Dos de sus hermanos habían tenido una actuación destacada en la ILE y los organismos que influenció. Jacinta Landa participó en la experiencia pedagógica de la Escuela Plurilingüe que promovió José Castillejo, el histórico secretario de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE). Tras el conflicto laboral con este último, que pretendía mantener a los profesores en una permanente interinidad, la hermana de Matilde Landa se mantuvo al frente de la institución. Rubén Landa, profesor también, que había colaborado con Castillejo, se destacó por sus investigaciones sobre los sistemas educativos y en 1938 fue nombrado secretario de la comisión delegada de la JAE. A finales de ese año fue destinado a la Unión Soviética (URSS) para coordinar la formación de los niños de la guerra que se habían evacuado durante el conflicto.
Estos antecedentes explican la obsesión del franquismo, que demonizó a la ILE y todo lo que representaba, por convertir al catolicismo a Matilde Landa mediante chantajes y presiones, lo que constituía una forma de victoria ideológica frente a la libertad de pensamiento y el compromiso progresista de buena parte de la intelectualidad española. Que Matilde Landa fuera, además, dirigente del PCE conllevaba para el régimen un desafío añadido. El relato que se pretendía imponer se refleja de forma muy clara en el libro de Miguel de Castro Marcos El Ministerio de Instrucción Pública durante la dominación roja: la JAE fue el vehículo de las doctrinas socialistas y marxistas, debido a su infiltración por la ILE, las movilizaciones universitarias de 1929 contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera fueron el campo de cultivo ideal para fortalecer estas ideologías, que utilizaron como medios a la JAE en el ámbito del profesorado y a la Federación Universitaria Escolar en el estudiantil. Que ese ministerio hubiera estado dirigido por un comunista durante la guerra completaba la visión oficial. La obra del primer presidente del Tribunal de Responsabilidades Políticas, Enrique Suñer, Los intelectuales y la tragedia española, y su continuación escrita por varios autores, Una poderosa fuerza secreta, la Institución Libre de Enseñanza, completaban y reforzaban el relato.
Forzar su claudicación, en la mentalidad reaccionaria y sádica del franquismo, era un triunfo sobre esa confluencia del pensamiento progresista, con todos sus matices, y la práctica política transformadora en la que se implicó el PCE. Recordamos en el centenario del Partido Comunista de España a Matilde Landa por su ejemplo, por su trabajo social en ámbitos para los que debe ser un referente indiscutible y por su significación, que tiene mucho que ver con el proceso de unidad popular, de confluencia, y el potencial trasformador de la segunda república española en su resistencia al asalto fascista.







