En el centenario del PCE (1921-2021)

María Luisa Suárez, una abogada comunista sin miedo

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En un artículo anterior mencioné el papel que desempeñó Matilde Landa, que no era abogada, en la defensa de las presas políticas que se hacinaban en la cárcel de Ventas. Eran momentos de una crueldad sin límites, los primeros años de la dictadura franquista, que se traducían en la más absoluta arbitrariedad y desprotección. Matilde Landa asumió ese papel en una rudimentaria asistencia letrada por su preparación intelectual y su capacidad de organización, en un ejercicio de dignidad frente al objetivo de la represión: anular toda acción colectiva. A pesar de todo, las mujeres republicanas presas mantuvieron su combatividad, lucharon por el futuro como pudieron hacerlo en esas condiciones y no se rindieron jamás. Su ejemplo daría sus frutos.

Recordar la vida de militantes como María Luisa Suárez es la mejor forma de dar la batalla ideológica de por qué vale la pena luchar

Su semilla fue recogida años más tarde por María Luisa Suárez Roldán, una de las primeras abogadas que pudo concluir la carrera después de la guerra de España, en 1944, y que consiguió algo más difícil aún, ejercer la profesión en un entorno patriarcal y en una dictadura que pretendía ahogar cualquier expresión de iniciativa que escapara a su control. Es un dato que prueba un carácter firme, una voluntad inquebrantable para superar los enormes obstáculos para que una mujer libre y de izquierdas pudiera abrirse camino en un ámbito especialmente machista y conservador.

La conexión de María Luisa Suárez con Matilde Landa no se debe establecer sólo por su común militancia en el PCE y su dedicación a los presos políticos, tiene que ver también por su relación con la Institución Libre de Enseñanza donde ambas estudiaron y con la que mantuvieron estrechas conexiones, ya que, aunque la ILE fue clausurada por la dictadura, el espíritu de librepensamiento y la creatividad que la caracterizó perduró en las personas que tuvieron la suerte de ser educadas en la misma. En anteriores artículos ya he mencionado la demonización que hizo el franquismo de la ILE, presentada como el cerebro de la Segunda República y la vía de penetración de las ideas marxistas en España.

CON GRIMAU, FRENTE AL TOP Y EN LAS CÁRCELES

Superando todos los obstáculos, María Luisa Suárez desarrolló una brillante actividad profesional como abogada y además de defender a los represaliados del franquismo, con continuas visitas a las cárceles y participación en los procesos penales (formó parte del equipo de abogados que intentó defender a Julián Grimau y fue una asidua defensora ante el Tribunal de Orden Público), desempeñó un papel activo en el Colegio de Abogados de Madrid y en su Grupo de Abogados Jóvenes, que todavía hoy sigue existiendo sin que muy probablemente muchos de los que formen parte del mismo sean conscientes de su origen y del papel que jugó en la lucha contra la dictadura.

Madrid Sindical, publicación de la Unión Sindical de Madrid Región de Comisiones Obreras, recogió hace años una entrevista a María Luisa Suárez en la que se reflejaba a la perfección su carácter y la labor que desempeñó en las prisiones. Cuando en una ocasión fue a visitar a los presos de CCOO en huelga de hambre en la cárcel de Carabanchel, reclamó ver a todos los que llevaban a cabo la medida de protesta pero no consiguió que le llevaran ante su presencia a Julián Ariza, uno de los principales dirigentes del movimiento. El director de la prisión le dijo que ni él podía salir, ni ella podía entrar a verle. María Luisa Suárez no dio su brazo a torcer, amenazó con no moverse del despacho donde se desarrollaba la entrevista hasta no ver a Julián Ariza. “Señora, se está poniendo usted muy pesada”, espetó el director y, sin embargo, con su insistencia, logró pasar. Con precisa memoria recordaba cómo “tras un recorrido inolvidable hasta la sexta galería, al cabo de unos minutos, apareció Julián sujetado por dos funcionarios para que pudiera mantenerse en pie”. Ariza le dijo que no se preocupara, que todo era debilidad por la huelga de hambre y que sólo precisaba volver a la cama. “Ya de vuelta por los pasillos, entre aquellos sonidos sobrecogedores, que eran como señales de tristeza dentro de la tristeza misma, llevaba conmigo una satisfacción infinita, por haberme salido con la mía, por mis compañeros. Me sentía orgullosa”, relató María Luisa Suárez.

Defendió a los represaliados del franquismo, incluido Grimau, visitaba asiduamente las cárceles y los juzgados del TOP y organizó la red de despachos laboralistas.

La participación en los colegios profesionales constituyó una oportunidad para defender cambios que fortalecieran el derecho a la defensa, limitaran la jurisdicción militar, avanzaran en mayores garantías procesales y todo lo que supusiera una mejora en las condiciones de vida para quienes eran víctimas de la maquinaria represiva del franquismo. Fue un frente más donde se desarrolló la acción de masas del PCE, puesta en marcha a partir de la política de reconciliación nacional como estrategia para derrotar a la dictadura. El centenario del PCE debe servir también para recordar ese papel de los colegios profesionales (no sólo el de los abogados y abogadas), a menudo silenciado por las mayorías conservadoras que han pretendido cubrir con el manto del olvido su protagonismo en las luchas de quienes no se resignaban a ser meros espectadores, especialistas asépticos ajenos a la realidad social que les rodea. Como nos recuerda con su actuación el Foro de Abogados de Izquierdas y otras organizaciones comprometidas, ni ayer ni hoy el ejercicio profesional puede realizarse al margen de la defensa de los derechos y las libertades, de la lucha por la justicia social, de la atención a los que más lo necesitan en los límites del derecho, ni de la denuncia de un modelo que conlleva la indefensión de la mayoría de la sociedad en un sistema clasista y excluyente.

RED DE DESPACHOS DE ABOGADOS LABORALISTAS COMO INSTRUMENTO PARA LA MOVILIZACIÓN SOCIAL

En los años sesenta del siglo pasado, al calor del avance de las movilizaciones sociales y de los comienzos de unas Comisiones Obreras muy pegadas a un trabajo de base, María Luisa Suárez fue la encargada por Francisco Romero Marín y Marcelino Camacho de coordinar la puesta en marcha de una amplia red de despachos de abogados laboralistas, como un instrumento que facilitara la defensa y la organización de la mayoría social que acabó por derrotar a la dictadura y sus proyectos continuistas. Era una tarea difícil, que enfrentó la hostilidad del régimen como no podía ser de otra forma, pero que pudo salir adelante y tener un gran desarrollo gracias al liderazgo de María Luisa Suarez y la entrega de toda una generación de jóvenes abogados y abogadas, junto a un sinnúmero de colaboradores, que no dudaban en acudir a las empresas en conflicto o a los barrios populares para ponerse a disposición de los movimientos sociales que cada vez estaban tomando mayor dimensión.

El éxito de la apuesta por la organización de esta red de despachos como un instrumento para la movilización social, organizada por el impulso de la estructura clandestina del PCE, se evidenció con la matanza de Atocha, que tuvo, además de la intencionalidad de infundir terror para condicionar el desarrollo de la transición, el carácter simbólico de atentar contra lo que suponía un desafío al poder político, económico y social de quienes se habían beneficiado con el régimen franquista y se resistían a perder sus privilegios. Fue una vida de militancia de la que puede estar orgulloso el PCE, en el que llegó a ser miembro de su Comité Central, continuando después de la transición en el trabajo cotidiano en los servicios jurídicos de CCOO, en el movimiento vecinal y en el feminismo de clase. María Luisa Suárez es un referente que merece ser recordado en el centenario del PCE y que afortunadamente no fue un caso aislado; su ejemplo destaca por lo que puede aportar en las luchas del futuro.

En la Asociación de Vecinos Valle-Inclán de Prosperidad desempeñó una intensa actividad hasta que pudo hacerlo, participó en sus actividades y presentó sus reflexiones sobre el feminismo. La presidenta de esta asociación en 2019, Gloria Cavanna, fue una de las personas que mejor defendió su legado y se empeñó por transmitirnos su ejemplo de lucha, encabezando la petición para su reconocimiento oficial en el Ayuntamiento de Madrid. Tuve el honor, tras su fallecimiento en 2019, de participar en la aprobación y colocación por la Junta Municipal de Chamartín de una placa donde fue su último domicilio, cerca de la madrileña plaza del Perú, y promover que se le dedicara en Prosperidad un espacio público que servirá para su recuerdo, una pequeña plaza que se añade a otros reconocimientos que recibió a lo largo de su vida.

Son huellas que nos recuerdan su compromiso, algo que no podemos dejar de hacer en el año del centenario del PCE. Es una oportunidad para el reforzamiento y su visibilización, cuando la derecha en sus diferentes expresiones no pierde la oportunidad para lanzar sus dardos en cada ocasión que puede. Desde el 6 de febrero que se celebró el acto público con el que se dio comienzo el programa de actividades del centenario, se van a desarrollar un sinnúmero de iniciativas en los distintos territorios y sectores. Las limitaciones de movilidad y aforo impiden realizarlos en un formato presencial en la mayoría de los casos, lo que impone un esfuerzo redoblado para que sean un éxito y tengan el mayor impacto posible. El proyecto de documental Parias de la tierra ha tenido una gran acogida, superándose en estos meses la previsión de recaudación, lo que prueba el interés y el potencial de la celebración del centenario. Las condiciones difíciles que estamos viviendo nos obligan a utilizar fórmulas imaginativas mientras las actuales circunstancias se mantengan. Porque recordar la vida de militantes como María Luisa Suárez es la mejor forma de dar la batalla ideológica de por qué vale la pena luchar, de cómo ha sido posible avanzar y de cuál es el camino a seguir.

Responsable de la Comisión Preparatoria del Centenario del PCE

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