En la plaza de un pequeño pueblo de la cuenca del río Tremor, en la comarca leonesa del Bierzo, todas las miradas estaban puestas en una de las paredes y en las cuatro personas que a su sombra permanecen sentadas. A las once y media de un sábado de agosto y Alider Presa, alcalde del municipio de Igüeña al que pertenece Almagarinos toma la palabra para inaugurar el acto. A su espalda, un enorme mural realizado por el artista leonés David Esteban, más conocido como Dadospuntocero, en el que puede verse a cuatro mineras en la línea de baldes que trasportaba el carbón desde el valle hasta el otro lado de la sierra, concretamente a la estación ferroviaria de Brañuelas. Sus nombres son Hortensia Blanco, Begoña García, Irene García y Libertad Aurora. Cuatro mujeres que fueron retratadas en el año 1960 mientras disfrutaban de su media hora de descanso en una jornada laboral que en verano iba desde las siete y media de la mañana hasta las diez de la noche.

Presa comentó que el mural es un homenaje no solo a las mineras de Almagarinos, sino a todas las mineras de la cuenca del río Tremor, desde Espina hasta Torre pasando por Igüeña o Pobladura. “Mujeres que después de trabajar en la mina tenían que trabajar en casa y si sacaban algo de tiempo libre, trabajar en el campo”, señaló con la voz entrecortada el alcalde y minero retirado.
Acto seguido tomó la palabra Libertad Aurora, la que fuera encargada de esa línea de baldes y que en el año 1950, cuando entró a trabajar, contaba con dieciséis años. “No quiero hablar solo en mi nombre, si no en el de mis compañeras, ya que lo que yo viví fue siempre a su lado. Fueron años muy duros, trabajamos mucho, pero como veis en la foto, también teníamos tiempo para reírnos”, dijo una emocionada Aurora. “En nuestro grupo estábamos cinco compañeras, y el encargado siempre nos quitaba a una para otras labores, hasta que un día nos plantamos, nos subimos a unas rocas y nos pusimos a cantar. El encargado nos dio unas voces, pero a partir de ese día nos dejaron siempre a las cinco”, sentenció esta mujer de ochenta y ocho años con una sonrisa eterna en la boca.

A continuación, tanto Alider Presa, como Pepe Muiña, presidente de la Junta Vecinal de Almagarinos hicieron entrega de una placa a las dos protagonistas de la fotografía que asistieron al acto, Begoña y Aurora, al ahijado de Hortensia (ya fallecida) y a María Luisa (hija de Irene).

Continuando el acto, ya con los músculos un poco más relajados y los nervios desapareciendo aunque no del todo, llegó el turno de la presentación del libro de Abel Aparicio, ’¿Dónde está nuestro pan?’, cuya fotografía de portada es la misma que la del graffiti, que forma ya parte del paisaje de la cuenca. Aparicio quiso empezar su intervención mostrando la fotografía original. Explicando los motivos que le llevaron a escribir un libro sobre minería centrado en el papel de las mineras, destacando que “ellas, las mineras, tenían un jornal de seis pesetas y media al día, mientras que ellos, los mineros, tenían un jornal de trece pesetas. No es casual que sea el doble. Con esto se le estaba diciendo a las mujeres que su trabajo valía la mitad que el de un hombre”. Aparicio quiso dar un dato de actualidad, “esta semana, en veinticuatro horas, asesinaron a cuatro mujeres en Tarragona, Barcelona y Málaga. Nada es casual. Cuando se da el mensaje de que una mujer cobre la mitad que un hombre, trae como consecuencias el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres”. Tanto Aurora como Begoña asentían ante las palabras del escritor, al igual que varias mineras que se encontraba entre el público. “Cuando una minera se casaba, el encargado las echaba de la mina, ya que según documentación de la época, su papel era estar en casa realizado las labores propias de su sexo”, señaló el autor de San Román de la Vega. Para finalizar su intervención, Abel pidió un nuevo aplauso para las protagonistas del acto, que permanecían mirando al público casi sin creerse lo que estaban viendo. Muestra de ellos son las palabras que en voz baja Aurora le dijo a Begoña: “quién nos iba a decir hace setenta años que nuestra labor iba a ser reconocida de esta manera”.

El acto finalizó con una canción del músico astorgano Javi Morán, que comparte título con la obra de Aparicio, ‘¿Dónde está nuestro pan?’. Una mañana en la que se saldó parte de una deuda que se arrastraba desde hace demasiados años. Un reconocimiento a una labor sin la cual, ni las cocinas ni gran parte de la industria de este país hubieran podido funcionar.







