El Consejo de Ministros aprobó, por vía de decreto, un paquete de medidas para contener de manera temporal la subida del precio de la luz que afecta a las familias y a la propia viabilidad del tejido productivo del país. Las medidas, pese a ser coyunturales y tener un plazo de vigencia corto, que de seguro tendrá que ser ampliado, avanzan en la línea correcta para frenar la especulación que el oligopolio eléctrico ejecuta sobre este servicio básico y esencial.
Las medidas pasan, básicamente, por obligar a devolver los beneficios obtenidos por la graciosa concesión que realizaron pasados gobiernos del PP y carentes de cualquier justificación… salvo la de alimentar los sueldos de los exmiembros de los diversos gobiernos sentados en los consejos de administración y que cobran según los beneficios. Topan el precio de determinadas formas de producción, de momento la nuclear; y mantienen las reducciones de impuestos indirectos que se repercuten en las facturas de consumo. Asimismo, se introducen ampliaciones de beneficios para los colectivos sociales más vulnerables.
Esas líneas de intervención van por el camino correcto gracias a la presión ejercida por Unidas Podemos en el seno del Gobierno de coalición, viniendo a sustituir el concepto de empatía por el de justicia social a la hora de enfrentar problemas. Es cierto que las mismas no atacan a la raíz del entramado, pero son una primera línea de defensa frente a la especulación desatada.
Y la reacción no se ha hecho esperar; el Foro Nuclear anuncia -y no son los únicos- que pueden cesar la producción porque no les salen las cuentas…. A quien no le salen las cuentas es al conjunto de los españoles y es por eso que si continúan con sus amenazas habría que devolverles la jugada con lo previsto para estos casos en la legislación aplicable: retirada de las concesiones para la gestión y el paso a control público de la generación eléctrica.
El RD-Ley 17/21 es el principio, y no el final de una batalla por la soberanía frente al oligopolio, por el derecho de todos frente a la mercantilización de la necesidad.
Sigue la batalla, no claudicaremos.







