Reseña

Texto de Federico Engels sobre Afganistán


Afganistán
Friedrich Engels. Traducción y edición crítica, Nicolás González Varela. Post Scriptum, Higinio PoloEl Viejo Topo

Charles Dana, editor-jefe del New York Daily Tribune, había conocido a Marx en noviembre de 1848, en Colonia. El filósofo alemán le causó una gran impresión. Dana era lo que hoy podríamos denominar un “progresista”, implicado en la lucha contra la esclavitud, pero alejado de los planteamientos de Marx, que consideraba excesivamente radicales.

No obstante, cuando la editorial Appleton encargó a Dana la confección de la primera enciclopedia universal norteamericana, la Nex American Cycloepedia, no dudó en ofrecer tanto a Marx como a Engels su participación en ella, redactando ambos artículos que eran modestamente retribuidos. Engels escribió gran parte de ellos, aunque el “Dr. Charles Marx” apareciera como autor de la mayoría.

El correspondiente a la voz “Afganistán” lo escribió y firmó Friedrich Engels. Utilizó como material de partida un libro de un militar e historiador británico, J. W Kaye, History of the War in Afghanistan, aunque Engels prescindió –nos indica el autor de la edición, Nicolás González Varela– del tono apologético de Kaye para “modificar la perspectiva desde un punto de vista de la ‘raza’ (sic) de los afganos, un pueblo valiente, duro e independiente”.

El texto de Engels empieza con una breve descripción de las características del país y de sus habitantes –orgullosos y turbulentos, amantes de la guerrear a la menor ocasión– para pasar enseguida a relatar los orígenes y el desarrollo de la guerra anglo-afgana, iniciada cuando Gran Bretaña decidió castigar al díscolo emir Dost Mohammed y poner en su lugar al Sha Sujaha, gracias a tropas sijs y británicas enviadas desde India. Afganistán fue conquistado, pero solo en apariencia. Cuando los sobornos a los jefes afganos disminuyeron, estos asesinaron a los mandos ingleses y el ejército invasor huyó a la India. La invasión había fracasado.
En un texto complementario del de Engels, Higinio Polo nos sitúa en el Afganistán actual, desde su conversión en República, en 1973, cuando el cuñado del rey dio un golpe de estado, estableciendo un régimen corrupto y represor, decididamente anticomunista, hasta el punto de hacer asesinar a uno de sus principales dirigentes, Mir Akbar Kaibar, cuyo sepelio dio origen a grandes protestas reprimidas violentamente. Una parte del ejército optó por dar un vuelco a la situación, fusilando a Daud. Se había producido una revolución.

Sin embargo, la inestabilidad política continuó. El nuevo primer ministro, Amin, tras ordenar el asesinato del presidente, inició un acercamiento a los Estados Unido y Pakistán, por lo que el Consejo Revolucionario pidió ayuda a la Unión Soviética. Estados Unidos, con la ayuda de Arabia Saudí, financió la formación y armamento de miles de muyahidines, que crearon un caos de imposible control, aún más teniendo en cuenta que se estaba iniciando el periodo de implosión de la URSS. Yeltsin abandonó al gobierno afgano a su suerte, y los muyahidines tomaron el poder, ejecutando al presidente Najibulá. EEUU creyó haber ganado la partida, sin advertir que había sembrado la planta venenosa que tanto había de amargarle: el yihadismo.

Lo sucedido después está en la memoria de todos: las torres gemelas, Bush inicia la invasión, el país sigue en shock permanente, el gobierno sigue siendo corrupto, y Trump pacta con un ex-preso de Guantánamo, Abdul Ghani Baradar, la retirada (huida, más bien) de sus tropas. Y el pueblo afgano sigue sufriendo.

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