El 22 de septiembre 2021, la Asociación de Promoción e Intercambio Hispano-Chino organizazó la exposición de ‘Las Brigadas Internacionales y los Voluntarios Chinos en la Guerra Civil Española’ en el Instituto de Historia y Cultura Militar con la colaboración del Ministerio de Defensa. Es la primera vez que un organismo de las Fuerzas Armadas presenta una exposición sobre este tema.

La participación de estos voluntarios en la Guerra Civil es un hecho casi desconocido, pues, a diferencia de los demás brigadistas, que se enrolaron en los batallones respectivos de cada nación, la mayoría de los chinos no llegó desde China, sino de los países en que residían, por lo que no compusieron un destacamento específicamente chino. Muchos se incardinaron en las brigadas, pero alguno formó parte del ejército republicano.
Hoy sabemos que llegaron más de un centenar. Fueron los investigadores Hwe-Ru y Len Tsou, quienes consiguieron rastrear la vida de trece de ellos y publicaron sus pesquisas en un libro. La exposición que ahora puede visitarse en Madrid pone cara a estos jóvenes chinos y documenta con numerosas fotografías y documentos su andadura española.

Durante la tercera década del siglo XX el mundo contemplaba angustiado el ascenso del fascismo. El primer zarpazo lo recibió España en 1936; y el segundo, China en 1937. Las miradas de todos los países se concentraron en España, porque entendían que el ataque de Alemania e Italia a la democracia española era antesala de lo que le esperaba a Europa; menos atención (estaba más lejos) se prestó un año después a la invasión de China por Japón. Pero los chinos, para expulsar de su territorio a los japoneses, tomaron la lucha del pueblo español como ejemplo. Muchos de los brigadistas chinos, al terminar la guerra de España, se dirigieron a su país de origen para continuar allí su compromiso contra el fascismo.
La estancia en nuestro país les marcó profundamente. Es el caso de Weijin Xi, que había vivido en Francia y estudiado en Alemania; huyó a Suiza para escapar de la persecución de los nazis. En abril de 1937 llegó a España, donde fue herido; en febrero de 1939 fue recluido en un campo de concentración de Francia, en donde aglutinó a los voluntarios chinos, fundó una revista clandestina e hizo gestiones para que otros brigadistas chinos que permanecían presos en España fueran liberados. Cuando en 1940 pudo regresar a China, llevó consigo una importante colección de recuerdos de España, que conservó cuidadosamente hasta su muerte. Su hija entregó los documentos al Museo Nacional de China y con muchos de ellos se ha confeccionado esta exposición.
Especialmente singular es también la historia de Aking Chang, el único voluntario que llegó directamente desde aquel país. Tenía 24 años cuando subió en Shangai a un mercante como ayudante de cocina: en agosto de 1937 desembarcó en el puerto de Gijón, pidió incorporarse al ejército republicano y fue integrado en una brigada vasca que combatía en Asturias. El 21 de octubre del mismo año fue capturado cerca de Mieres. Cuando salió libre, se perdió su pista… hasta que llegó la pandemia. Es abril de 2020 y, en pleno confinamiento por el covid-19, una familia vasca desempolvando objetos guardados y encuentra unos apuntes autobiográficos escritos por el padre hacia 1976. El autor de las notas, ya fallecido, es Luis Ariznabarreta, que, en agosto de 1937 y con 21 años, se encuentra en Asturias enrolado en la brigada vasca que lucha contra la agresión fascista. Desde entonces, las suertes de Luis y Aking corren parejas: tras ser apresados quedaron confinados en San Marcos de León; allí los separaron y no volvieron a verse; no obstante, cada uno por su parte sufrió las mismas penalidades: trabajos forzados en diversos campos, frío, hambre, higiene deplorable, desatención médica; recibieron golpes y humillaciones, y fueron obligados a proclamar, cantar o escribir lemas fascistas. Luis permaneció prisionero hasta 1941, y Aking Chang hasta 1943.

Pero dejemos que sea el propio Luis quien relate sus recuerdos: “Participé en la defensa del frente asturiano como componente de aquella Brigada Vasca. Nuestra expresión era el euzkera, ininteligible para los astures y también para un componente de mi escuadra, chino y natural de Shangai. Por eso le llamábamos Shangai o por su nombre, Chan. Entre nosotros era un vasco más, tanto en la batalla como en la cárcel. Por cierto, este chino fue condecorado, junto con todos nosotros, por la República con la Medalla de la Libertad (…) ¡Siempre estaba detrás! ¡Siempre conmigo! Y nos llevaron, dos a dos, en declaraciones. Y allí (en León)…, lo separaron de nosotros… Y ya no…, ya no… ¡No! ¡No le volví a ver más! ¡No le volví a ver más! Amigo Shangai, desde este rincón de Gasteiz en Euzkadi, “besarkada eta agur bero bat, biotzes zuri» (un abrazo y cálido saludo de corazón para ti)”.
También dedica la exposición un apartado a ‘Los médicos españoles’: aunque ninguno era español, así son conocidos en China veinte médicos brigadistas que, al terminar la guerra de España, se fueron a ayudar a los chinos en la lucha contra la invasión japonesa. “España y China están comprometidas en la misma lucha. Me voy a China porque creo que es allí donde las necesidades son más urgentes y donde yo puedo ser más útil”, escribió Norman Bethune. El primero y más conocido de estos médicos fue Bethune, que había fundado en Madrid el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre y que había sido el primero en ayudar a la población civil de Málaga en su huida hacia Almería en febrero de 1937, hecho conocido como ‘La Desbandá’.


La inauguración de la exposición estuvo presidida por el General de División don Enrique Bohigas; también asistieron don Carlos Martínez Shaw (Académico de la Historia), Dª Margarita García Moreno (Subdirectora General de Patrimonio Cultural de Defensa) y Dª Rosa López Alonso (Decana de Documentación de la Universidad de Salamanca). Ha sido la Asociación de Promoción e Intercambio Hispano Chino (APIHC) quien ha producido esta muestra. Según Chen Qun, su presidente, “además de recordar el generoso compromiso de aquellos voluntarios, la exposición tiene por objetivo estimular las relaciones entre los dos países a través de la memoria de esta página común”.
Puede visitarse de lunes a viernes y de 9,30 a 13,30 hasta el 15 de octubre, en el Instituto de Historia y Cultura Militar (A. de Moret, 3, Madrid).







