El equipo de Dunbar preguntó a los participantes en su estudio cómo conocieron a sus amigos, la última vez que los habían visto, cómo se sentían emocionalmente vinculados… El análisis de esos datos permitió crear las escalas numéricas necesarias para determinar los famosos círculos de Dunbar (*). Considera el antropólogo que en términos de amistad las relaciones se estructuran de forma concéntrica y cada capa triplica el tamaño de la que la precede: 5 amigos íntimos, 15 amigos cercanos, 50 buenos amigos, 150 amigos… A partir de 500, ya son solo conocidos.
La cercanía con un amigo depende de siete características en común que Dunbar llama los siete pilares de la amistad:
– Haber crecido en el mismo lugar, especialmente durante la adolescencia.
– Hablar el mismo idioma.
– Haber recibido una educación similar.
– Disfrutar con las mismas aficiones.
– Compartir el mismo punto de vista moral o político.
– Compartir el mismo sentido del humor.
– Tener los mismos gustos musicales.
“La amistad en Alemania es difícil, como en casi todos los lados como inmigrante adulto. Uno de grande ya no hará amigos como en la juventud, no porque la gente sea tan distinta sino porque no se comparte un pasado en común, el recuerdo de los días escolares, la universidad, las salidas. No somos tan diferentes, simplemente hemos vivido esas experiencias que tanto nos marcan en lugares distintos con historias distintas”, reflexiona Nacho Rodríguez, un español que llegó a Alemania en 2015 y consiguió una buena vida pero enfrentando ciertas dificultades.
Para Nacho Rodríguez y su mujer, Leticia Maldonado, dejar España no fue una decisión sencilla, un tema de salud de uno de sus hijos terminó por convencerlos: debían cambiar de rumbo. La despedida fue agridulce pero la motivación y la energía renovada superaron el temor natural de un nuevo comienzo: “Los primeros dos años fueron de adrenalina pura, pasaron volando. Luego, cuando se alcanza estabilidad y comodidad, uno vuelve a pensar en lo que dejó. En mi experiencia aprendí que la gente en Alemania, y en general en el mundo, es muy buena. Hay diferencias en la cáscara, son superficiales, pero al final es como que todo el mundo quiere lo mismo. En Alemania es más fácil la vida, es cierto, con las necesidades básicas cubiertas (salud, jubilación, educación) pero la gente igual se hace problemas. Las circunstancias pueden diferir pero las emociones humanas se sienten con misma intensidad”.
“Como español -añade- podría decir que lo negativo de Alemania es su exceso de organización, su idioma difícil de aprender y que aquí no están ni la familia ni los grandes amigos. Lástima que no podemos traer a todo nuestro entorno, a esa clase de amigos de siempre que cuesta encontrar en la vida adulta y más en otras tierras. Como todo emigrante, uno queda partido entre dos mundos: es difícil ir a España y volver a enfrentarse a inconvenientes aquí totalmente superados pero a la vez es imposible cortar el cordón umbilical con las raíces”.
(*) El antropólogo británico Robin Dunbar llegó a la conclusión de que hay una relación entre el tamaño del cerebro y el tamaño del grupo con el que nos vinculamos. Ahora se investiga cómo influyen los vínculos y las relaciones a través de las redes sociales.







