Energía: nacionalización o procrastinación

Este modelo de consumo es insostenible y no existen los milagros

Es necesario plantear un cambio de modelo energético donde se ponga en cuestión no sólo en qué cantidad y cómo se produce la energía, sino en qué se consume dicha energía

“El mundo es el movimiento de la materia sujeto a leyes, y nuestro conocimiento, como producto superior de la Naturaleza, sólo está en condiciones de reflejar estas leyes” (V.I. Lenin)

El incremento de los precios de la electricidad está generando un debate entorno a la necesidad de modificar un modelo de mercado eléctrico europeo que favorece los beneficios astronómicos del Oligopolio Eléctrico. Es indudable que, con una retribución a la generación de electricidad acorde con los costes reales de cada una de las tecnologías implicadas, la subida del precio de la electricidad se estaría produciendo en unos valores significativamente inferiores a los actuales.

Pero la discusión sobre la necesaria reforma del Mercado Eléctrico no debe circunscribirse exclusivamente a la aritmética entre beneficios del Oligopolio y la factura de la electricidad, y el resto de los productos energéticos de los que poco se habla pero que siguen la misma tendencia alcista. Sería un error pensar que la sustitución del actual sistema de fijación de precios o la nacionalización de los sectores energéticos traerían consigo un cambio de tendencia en los precios.

La realidad es que los combustibles fósiles continuarán su tendencia al alza, en parte por la especulación de precios derivada de haber alcanzado unos niveles de consumo imposibles de satisfacer por la capacidad de extracción mundial y, más importante aún, porque la extracción de estos recursos naturales cada vez es más costosa y precisa de mayores gastos de energía. En el libro “Petrocalipsis” de Antonio Turiel, este investigador del CSIC explica de manera pedagógica el porqué esta tendencia alcista no es coyuntural, sino que obedece a factores físicos y termodinámicos.

La perspectiva de una reducción paulatina de la producción de combustibles fósiles y un sistema energético mundial cuyas fuentes primarias son en un 80% gas natural, petróleo y carbón, nos alerta de la imposibilidad de compatibilizar unos recursos finitos con un crecimiento económico exponencial como precisa el capitalismo.

La forma en la que consumimos energía en España es en un 22% electricidad, en un 67% empleo directo de combustibles fósiles y en un 7% renovables, es decir, el debate sobre el mix energético en la producción eléctrica se limita a poco más de la quinta parte del sector energético.

LAS TECNOLOGÍAS RENOVABLES NO SON NI TAN LIMPIAS NI TAN SOSTENIBLES NI SIQUIERA VIABLES
Conviene ser conscientes de que la alternativa de electrificar todo el consumo energético y sustituir la generación de combustibles fósiles por tecnologías renovables tampoco es viable tanto desde el punto de vista técnico, como del balance entre recursos naturales necesarios y reservas conocidas existentes. Electrificar ese 67% de consumo energético implicaría incrementar tendidos eléctricos, torres, centrales de transformación en el ámbito de la distribución. En la generación eléctrica, deberían multiplicarse por 18 el número de instalaciones eólicas, fotovoltaicas, etc, solamente para cubrir la demanda eléctrica, por 62 para generar toda la demanda energética y eso obviando los límites técnicos de las tecnologías renovables que no producen electricidad cuando se necesitan sino cuando se dan las condiciones climáticas óptimas. A todo lo anterior habría que sumar la conversión de todos los sistemas de combustión en sistemas eléctricos: hornos, motores, calderas, etc.

Las tecnologías renovables dependen en gran medida de la existencia de combustibles fósiles, sin la energía de estos combustibles en la producción de aerogeneradores, placas fotovoltaicas, etc, el balance energético entre su fabricación y la electricidad que producen empeoraría. Pero, además, las tecnologías renovables emplean hasta 25 veces más cantidad de metales que las centrales convencionales, por lo que el desarrollo de estas tecnologías está sometido a las mismas limitaciones naturales que las basadas en combustibles fósiles. Algunos de los metales más utilizados como el aluminio, el hierro, el cobre, el oro o la plata se encuentran ya o lo harán a lo largo de este siglo en una situación similar a la del petróleo y el gas, es decir, la capacidad de extracción será cada vez menor y habrá que emplear mayores cantidades de energía por unidad de recurso natural extraído. Al respecto, conviene tener en cuenta los estudios de Antonio Valero, Catedrático en Ingeniería Energética, y Alicia Valero, profesora de Máquinas y Motores Térmicos, ambos de la Universidad de Zaragoza. En el libro, “Thanatia, los límites minerales del planeta” puede encontrarse una síntesis de algunos de sus estudios.

Las necesidades de extracción de minerales para la implantación de un sistema eléctrico 100% renovable, precisaría de la multiplicación de las actividades mineras con el deterioro medioambiental, reducción de reservas y gasto energético que ello conlleva. Y el problema no sólo reside aquí, sino que la posibilidad de reciclar estos materiales se reduce porque en el diseño de estas tecnologías renovables se ha primado la eficiencia de captación de la energía a la posibilidad de reutilización de los materiales empleados. En las placas fotovoltaicas de última generación sería energéticamente inviable extraer para reutilizar gran parte de los elementos químicos empleados en su fabricación.

No es, por lo tanto, más respetuosa con el medio ambiente y con las generaciones futuras la tesis de sustituir los combustibles fósiles con tecnologías renovables, ni el coche convencional por el coche eléctrico. El motor eléctrico y las baterías asociadas emplean gran cantidad de metales, algunos de los cuales ya están en alto riesgo de suministro como el teluro, el cobalto, el galio, el indio, etc. Metales que también son necesarios para la fabricación de placas fotovoltaicas.

NO HAY NI “DEUX EX MACHINA” NI MILAGRO DE LA CIENCIA QUE NOS SALVE

No existen, por lo tanto, soluciones mágicas para mantener el modelo de consumo de los países más desarrollados, energético y no energético; si tenemos en cuenta las necesidades de desarrollo de la mayor parte de la Humanidad, estas soluciones pasarían de mágicas a milagrosas.

Continuar la tendencia actual con la esperanza puesta en un descubrimiento científico o un avance tecnológico que superara las limitaciones descritas, sólo beneficiaría a quienes se enriquecen con este modelo de depredación y condenaría a las generaciones futuras.

A tenor de lo expuesto, es necesario plantear un cambio de modelo energético donde se ponga en cuestión no sólo en qué cantidad y cómo se produce la energía, sino en qué se consume dicha energía. El modelo de transporte, el lugar donde producimos, la durabilidad de los bienes producidos, los materiales empleados y la posibilidad de recuperarlos forman parte del mismo debate.

La cuestión de fondo, por lo tanto, es poder decidir qué modelo energético necesitamos atendiendo a las consecuencias derivadas de nuestra elección. Y en este sentido imperan las leyes de la naturaleza; no es posible transformar el Segundo Principio de la Termodinámica desde los mercados y la economía, como tampoco es posible transformarlo desde los consensos sociales, por muy democráticos que estos sean.

(*) Ingeniero industrial y Máster en Organización Industrial y Administración de Empresas / Comité Central del PCE

(*)

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.