Los asesinos de los abogados laboralistas de la calle Atocha fueron a matar a Joaquín Navarro, sindicalista dirigente del Sindicato de Transportes de CCOO de Madrid y de la huelga del transporte de viajeros, que había concluido en aquellos días de enero arrancando un importante triunfo a la patronal.
Joaquín era el enemigo al que había que eliminar. Había liderado la huelga que defendía a los trabajadores. La misma defensa que hacían los abogados laboralistas a los que, no estando Joaquín, también les valían como piezas de caza. El caso era matar a alguien.
Fueron a matar a Joaquín. Preguntaron varias veces por él, antes de vaciar sus cargadores y matar a los abogados,. Matar por Matar. Daba igual Joaquín, Luis Javier, Enrique, Francisco Javier, Ángel o Serafín. Si Navarro no estaba había que matar a alguien. Joaquín abandonó el piso unos minutos antes. Hoy ha muerto a los 89 años.







