No a las guerras

La paz es el camino, aunque esté lleno de obstáculos

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Vaya por delante una firme convicción en contra de la guerra, de cualquier guerra: declarada, soterrada, civil, mundial, estructural, económica, política o mediática. Porque, en toda guerra, el pato lo paga la sociedad civil, la población excluida que ya estaba bombardeada por otras cuestiones, violentas, aunque sin sangre, y se terminan perdiendo, además de numerosas vidas, la convivencia, los logros sociales y la cultura.

Entonces, claramente, gritemos no a las guerras. También, y principalmente, dado que malvivimos en un mundo mediatizado e intoxicado, no a la guerra mediática que ha construido, y sigue construyendo, al enemigo en función de los intereses de los poderes que nos gobiernan.

Después de más de un mes de insistir, y no acertar, con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, ésta ha sucedido. Dando lugar al peor escenario para la paz y al mejor para los intereses occidentales que llevan años, desde el final de la guerra fría, queriendo acabar con Rusia, y ya de paso con el fantasma del comunismo, o al menos con la cuna que lo parió.

No tiene justificación moral la invasión de Ucrania, aunque en ella hayan influido el incumplimiento de promesas no firmadas con el gobierno ruso y sus temores en su zona de influencia. “Las razones de Rusia son evidentes. Moscú está molesto por el incumplimiento de los acuerdos de Minsk por parte de Ucrania, en particular al negar el “estatus especial” a las regiones escindidas, que, según Moscú, implica que cuenten con autonomía y voz en la política exterior” escribía en diciembre de 2021 el International Crisis Group. Además, parece que, según Der Spiegel, hay documentos en los que la OTAN se comprometía a no expandirse hacia territorios cercanos a las fronteras rusas.

Los medios masivos de difusión de noticias, salvo honrosas excepciones, crean las condiciones para moldear el imaginario colectivo y que la opinión pública, es decir, la opinión que pintan esos medios para el público, acepte lo inaceptable como si fuera lo normal e, incluso, lo necesario. Han puesto en marcha todas las estrategias de manipulación masiva que planteara Timsit.

Noam Chomsky e Ignacio Ramonet ya lo dijeron hace años en Cómo nos venden la moto “si se tiene el control de los medios de comunicación y el sistema educativo y la intelectualidad son conformistas, puede surtir efecto cualquier política”. Pascual Serrano también lo señalaba en Periodismo canallaLos medios (…) están teniendo una responsabilidad fundamental en que las nuevas generaciones no logren comprender nada de lo que suceda, asuman como inevitables guerras de las grandes potencias en su búsqueda de recursos y no perciban alternativas a las bárbaras decisiones de los mercados”. Y Eric Hobsbawn nos lo advertía en Guerra y paz en el siglo XXI denunciando esos “obsoletos argumentos ´realistas´” para justificar guerras como las de Afganistán e Irak, que no acabaron en victoria y que “ninguna ha alcanzado los objetivos anunciados al principio: el establecimiento de regímenes democráticos en sintonía con los valores de Occidente y capaces de convertirse en faro para otras sociedades aún no democratizadas de la región”.

Retórica mediática, política y militar para encubrir las falacias que “justifican” una guerra injustificable. Otro episodio más de los muchos que se han dado desde el final de la II Guerra Mundial. Decía Mark Twain que la guerra es lo que ocurre cuando fracasa el lenguaje, también, y, sobre todo, el de los medios. Así que NO a la guerra en Ucrania, NO a la guerra de Israel contra el pueblo palestino, NO a la guerra de Marruecos contra el pueblo saharaui, NO a la guerra en Yemen, NO a la guerra en Afganistán, NO a la guerra contra los derechos humanos en Colombia, NO a la guerra contra las y los periodistas en México, NO y NO a las guerras.

https://www.crisisgroup.org/es/global/10-conflicts-watch-2022

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