“Yo creo que este es un gobierno principalmente de centroizquierda”. La definición la hizo Camila Vallejo, militante del Partido Comunista de Chile (PC) y futura vocera de La Moneda en la administración de Gabriel Boric. Y enfatizó, en una entrevista del diario El Mercurio, que el gobierno “tiene un programa que recoge aspectos de la socialdemocracia europea”.
El ministro de Economía de la nueva administración, Nicolás Grau, del partido Convergencia Social (que es parte del Frente Amplio chileno), indicó en una entrevista con el periódico Pulso que “si se mira nuestro programa de manera desprejuiciada, se podría considerar socialdemócrata”.
En uno de los debates antes de las elecciones, el propio Gabriel Boric, contestando a un periodista, aseveró que no le molestaba la definición de socialdemócrata para sus planteamientos programáticos.
El economista y ex ministro de Hacienda de la ex Concertación, Carlos Ominami, sostuvo en una columna del diario La Tercera que en este período “se busca en Chile por la vía institucional profundizar la democracia y superar el neoliberalismo, una nueva ‘vía chilena’ que combine elementos de la socialdemocracia, la ecología y el feminismo”.
Definiciones que vienen a dar cuenta de la ubicación que tendría la presidencia de Gabriel Boric (del partido Convergencia Social) en una estructura tradicional para ubicar -en ocasiones esquemáticamente- el carácter de los gobiernos latinoamericanos. Parece que la definición de “gobierno de izquierda” no calzaría en rigor y sería más exacto hablar de “centroizquierda” e inclusive de programa socialdemócrata. Esto puede no contentar a algunos pero es un dato de la realidad. Claro que no todo luce en blanco y negro. Por ejemplo, Boric dijo que “si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”. Una postura planteada más desde posiciones de izquierda que desde las socialdemócratas.
En su programa, más allá de las etiquetas, contempla desarticular el sistema privado, trasnacional y monopólico de las pensiones, fortalecer los mecanismos de la soberanía nacional sobre la explotación de la minería (litio y cobre), generar un sistema público de sanidad distinto del privatizado de la actualidad, avanzar en la equidad laboral con más y mejores derechos, efectuar una profunda reforma tributaria, reforzar una perspectiva feminista de la sociedad y generar cambios profundos en el modelo de desarrollo, dejando atrás la pauta extractivista para avanzar en una sustentable.
Esas medidas apuntan decididamente a desmantelar el modelo neoliberal en Chile, cambiar las relaciones sociales y generar avances en un buen vivir para la mayoría de la población.
Una mayoría social que defienda al gobierno y apoye las transformaciones
Esos ejes son los contenidos del programa de la coalición de Boric, la que ganó la segunda vuelta presidencial en noviembre del año pasado y que integran el Partido Comunista y las organizaciones del Frente Amplio.
Ocurre que para su implementación, por la composición del Parlamento (en la Cámara Baja habrá que negociar las reformas y en el Senado empatan la derecha y los progresistas), el presidente Gabriel Boric decidió o tuvo que decidir incorporar a su gobierno a ministras y ministros socialdemócratas y de ‘centroizquierda’ del Partido Socialista, del Partido por la Democracia o independientes muy cercanos a esas organizaciones.
En esa perspectiva, el Secretario General del Partido Comunista, Lautaro Carmona, sostuvo en una entrevista con el periódico El Siglo que “la amplitud en el gabinete no significa la moderación del programa sino sumar para mejorar las condiciones de su aplicación”. En definitiva, se insiste en que “será un gobierno para las transformaciones estructurales, garantizando más derechos sociales, mejorando la calidad de la democracia, cuidando los derechos humanos y avanzando en el desarme del modelo hegemónico actual”.
Hay un factor fundamental que podrá incidir en la gestión de Gabriel Boric: la aprobación de la nueva Constitución que se está negociando para someterla a un plebiscito durante el último trimestre de este año. Además la izquierda necesita que los movimientos sociales y las organizaciones de la ciudadanía acompañen las transformaciones y le den al gobierno la suficiente base social frente a la derecha neoliberal. El senador comunista Daniel Núñez advirtió que “no se puede limitar el proyecto transformador en los espacios institucionales, debemos generar una fuerza ciudadana y social que defienda al gobierno y apoye los cambios”.
En todo esto tienen mucho que decir los gremios empresariales, los grupos financieros, los poderes fácticos, los hegemónicos medios de comunicación, la extrema derecha y la familia militar. Comienza un proceso duro, complejo e impredecible en muchos aspectos.
(*) Hugo Guzmán. Periodista chileno. Fue editor general de Radio Universidad de Chile y jefe de la sección política del diario La Nación. Dirige ahora el periódico El Siglo.







