La utilización política partidaria del Derecho Penal

Seguiremos luchando en las calles, en las instituciones y en los tribunales para que ningún comunista vuelva a las cárceles por nuestras ideas.

El pasado 15 de septiembre asistíamos al juicio a nuestro camarada Alberto Cubero. Era el imputado, solo porque el derecho penal ha de aplicarse con nombre y apellidos y las redes sociales nos exponen y colocan en el punto de mira; pero la vulnerabilidad no es personal, sino colectiva, porque el objetivo no es él, ni tú ni yo, sino el comunismo y su mayor representante en nuestro país, el Partido Comunista de España, desde su máxima dirigencia hasta el último militante y simpatizante de nuestra ideología.

Este juicio no deja resquicio a dudas de lo que es VOX en el entramado del sistema y su intento de aplicación del derecho del enemigo contra los grandes valores que representa nuestro Partido y los cien años de militancia comunista. Daba pavor, no ya escuchar a sus abogados sino a la fiscal. Mientras la corrupción en este país sigue esquivando la justicia, con la inestimable ayuda del poder judicial, ese mismo poder se pliega a ser utilizado por la punta de lanza de nuestra más oscura historia: VOX.

Conviene tener clara esta premisa para analizar correctamente lo que en ese juicio se evidenció. El poder del fascismo y de los enemigos de la democracia y de las libertades -conquistadas, entre otras muchas, por las comunistas de este país-, nunca dejó de existir y sigue construyendo herramientas para crecer y volver a resucitar la España bajo palio, el orden unipolar y omnipresente del como dios manda, del conmigo o contra mí, de la exclusión a lo diferente, del patriarcado y, todo ello, en alianza con el poder económico establecido.

Ellos sí tienen clara la lucha de clases

Y ese resucitar quizá tenga también que ver con que hayamos conseguido que el miedo cambie de bando, que los intereses de la mayoría abran telediarios, que la clase trabajadora se sienta orgullosa de serlo y reivindique sus derechos como una prioridad inexcusable, en las calles y en las instituciones, que el feminismo y la igualdad llegue también al BOE y que el poder ejecutivo, legislativo y judicial tengan que optar entre seguir avanzando hacia una sociedad que dignifique la vida de la mayoría o aferrarse a que los ricos tienen que seguir siendo ricos y a más, sin miedo a su vergonzante espectáculo de derroche, y los pobres seguir siéndolo porque algo habrán hecho para merecer ese castigo y los que vengan.

Y nosotras hemos puesto en práctica el “si nos tocan a una, nos tocan a todas”. Seguiremos luchando para que ningún comunista vuelva a las cárceles de este país por nuestras ideas. Lucharemos en las calles, en las instituciones, en los tribunales. Pero sobre todo lucharemos para que nunca más el fascismo y las ideas totalitarias puedan hacer uso torticero y vergonzante de los derechos conseguidos para la protección de a quien hubo y hay que proteger, y que no son ellos. Los ricos, los que disfrutaron y heredaron los privilegios del franquismo en este país, sus organizaciones políticas, no son sujeto a proteger de los delitos de odio que conseguimos plasmar en nuestro código penal.

Por eso esperamos la absolución de nuestro camarada, porque nos va la vida en ello. Están en juego los derechos de cualquier demócrata y constitucionalista, los derechos de todas.  Porque ser comunista no es delito, es un honor; porque ser antifascista no es delito, es una obligación. De todas, por todas, para todas.

(*) Anabel Segado es Secretaria de Organización del PCE y Antonio Segura, Secretario de Justicia del PCE

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