Presidente del Partido de la Izquierda Europea

Walter Baier: «Esta guerra no tiene una solución militar sino política»

Si Europa quisiera realmente ser autónoma, tendría que establecer sus propias iniciativas para poner fin a la guerra

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Walter Baier | European Left
Walter Baier | European Left

Walter Baier, político y economista austriaco, es desde el pasado mes de diciembre el Presidente del Partido de la Izquierda Europea (PIE). Entre 1994 y 2006 fue el Secretario Nacional del Partido Comunista de Austria. Desde 2006, y durante 15 años, fue el coordinador político de Transform europe! la red de 39 organizaciones de 23 países europeos, dedicada al análisis marxista de la realidad, a la elaboración teórica y la educación política. Es el think tank de la izquierda.

Ahora, como presidente del PIE, viajó a Madrid para conocer de primera mano el trabajo de Unidas Podemos en el gobierno de España y el proceso de construcción de Sumar. Vino a hablar del futuro de Europa y de la necesidad de articular la paz. Esta visita se realizó en las vísperas de que se cumpliera un año de la guerra de Ucrania y Mundo Obrero aprovechó para preguntarle sobre el papel de la Unión Europea, de la izquierda y de los ciudadanos para acabar con la escalada bélica del conflicto y trabajar para la construcción de la paz.

GEMA DELGADO: Ha pasado un año de una guerra que podría haberse evitado y que muchos creían que duraría poco. ¿Existe voluntad política para acabar pronto con esta guerra, o hay más intereses económicos y geopolíticos para prolongarla y desgastar a Rusia?

WALTER BAIER: Esta guerra, iniciada por Rusia violando el derecho internacional, es una tragedia para ambos pueblos, el ucraniano y el ruso, y también para Europa. Lo más importante es tomar todas las iniciativas políticas posibles para poner fin a la guerra, lograr un alto el fuego, la apertura de negociaciones y la retirada de las tropas rusas. Al parecer, los gobiernos de las partes directamente enfrentadas, Rusia y Ucrania, están jugando actualmente la carta militar. Además, está la dimensión geopolítica y económica: la guerra es un enorme negocio para la industria armamentística y las empresas energéticas. Parte de las élites políticas de Estados Unidos y la UE quieren debilitar militarmente a la Federación Rusa a largo plazo y están alimentando la guerra mediante el suministro de armas de guerra ofensivas. Por otro lado, se observa un cambio en la opinión pública, especialmente en Europa central. Cada vez son más las personas que se dan cuenta de que esta guerra no tiene solución militar, sino sólo política. Creo que nuestra tarea consiste en hacer todo lo posible para que la política y la diplomacia ocupen un lugar central.

«Élites políticas de EEUU y la UE quieren debilitar militarmente a la Federación Rusa a largo plazo y alimentan la guerra con armas ofensivas.»

G.D.: Se han cruzado muchas líneas rojas y los analistas advierten del peligro real de provocar una guerra nuclear. ¿Hasta dónde cree que se llegará?

W.B.: El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha advertido de este peligro, pero, al igual que antes de la Primera Guerra Mundial, las élites políticas proceden según la premisa: “No será tan malo”. En un sensacional artículo publicado en un semanario alemán, el filósofo alemán Jürgen Habermas advertía de que, si continúa la escalada bélica, el llamado Occidente se enfrentará al dilema de decidir si interviene con sus propias tropas y se arriesga así a un enfrentamiento nuclear con Rusia, o si deja caer a Ucrania, por lo que también acabará llegando a la conclusión de que ahora hay que negociar para interrumpir la espiral de escalada y restablecer la paz y el derecho internacional.

G.D.: La Unión Europea ha adoptado una posición subordinada a la OTAN en la que ha asumido la defensa de intereses estadounidenses que no son los suyos. ¿Ha perdido la UE la oportunidad de independizarse de EEUU y actuar como mediadora en el conflicto, o aún está a tiempo? ¿Qué papel debería desempeñar la UE en esta situación?

W.B.: Creo que las élites políticas europeas pasan por alto un hecho: El mundo se ve de forma diferente desde la perspectiva de Washington que desde la perspectiva de las capitales europeas. Para Estados Unidos, la guerra de Ucrania es una guerra entre muchas otras, librada a miles de kilómetros de su propio territorio. Para Europa, sin embargo, es una amenaza creciente. La autonomía estratégica frente a EEUU es, por tanto, una necesidad vital, en términos de política de seguridad, política energética, economía y también en lo que respecta a las relaciones con China. Es cierto que la guerra ha reducido drásticamente la perspectiva de una autonomía real para Europa. Por otra parte, no es demasiado tarde para cambiar esta política equivocada.

«Si continúa la escalada, Occidente se enfrentará al dilema de decidir si interviene con sus propias tropas o si deja caer a Ucrania»

G.D.: Parece que la OTAN estará más unida y será más fuerte, con nuevos miembros como Suecia y Finlandia, con más financiación procedente de países que alcanzan el 2% de su PIB y con más asentamientos en suelo europeo y en la frontera rusa. ¿Estamos asistiendo a una OTANización de Europa?

W.B.: La UE ya está hoy «OTANizada». El rearme al que asistimos hoy fue exigido por Estados Unidos y la OTAN muchos años antes de que estallara la guerra en Ucrania. Los Estados miembros de la UE que son miembros de la OTAN lo han convertido en su propio programa. Las unidades militares creadas por la UE son también fuerzas de la OTAN. En estas condiciones, cualquier retórica sobre una autonomía estratégica de la UE carece de sentido. La creación de un ejército europeo no cambiaría esta situación mientras no exista un concepto de seguridad alternativo en Europa. Por lo tanto, estoy en contra de un euro-ejército.

G.D.: En el 7º Congreso del Partido de la Izquierda Europea, celebrado el pasado mes de diciembre, se abogó por un modelo de integración europea que rompa con la OTAN y sea completamente independiente de EE.UU. ¿Cómo es este modelo de seguridad global europea que propone el PIE?

W.B.: Si Europa quisiera realmente ser autónoma, tendría que establecer sus propias iniciativas para poner fin a la guerra y abrir un debate sobre un nuevo orden de seguridad en el continente. Ese orden tendría que sustituir la supuesta seguridad mediante la disuasión y la OTAN por la seguridad mediante acuerdos internacionales y el restablecimiento de la confianza. Creo que hoy no podemos aspirar a un gran diseño, sino que, siguiendo el ejemplo de la política oriental de los años setenta, deberíamos reclamar pasos individuales realistas hacia una relajación de la situación. Es importante restablecer los acuerdos de control de armamentos y de desarme, especialmente el que retiró de Europa los misiles nucleares de medio alcance de la Unión Soviética y de Estados Unidos. Debemos exigir la retirada de las armas nucleares de Europa en general y lo he dicho en repetidas ocasiones: la OTAN y su militarismo se interponen en el camino de esa política.  

«Es necesario un nuevo orden de seguridad que sustituya la política de la disuasión y la OTAN por otra basada en los acuerdos internacionales y la confianza»

G.D.: La globalización de la guerra y sus consecuencias están sacudiendo el mundo. Ucrania pone el terreno y los muertos, Rusia la vida de sus soldados, y la clase trabajadora del resto de Europa sufre los efectos en forma de inflación y pérdida de poder adquisitivo. ¿Está en manos de los ciudadanos presionar a los gobiernos para que recobren el raciocinio y se sienten a negociar una solución al conflicto?

W.B.: La política exterior y la diplomacia figuran entre los sectores menos transparentes de la política estatal, a pesar de que de ellas depende no sólo el nivel de vida, sino literalmente la vida. Por tanto, no debemos dejar la seguridad en manos de los expertos militares y de política exterior que tantas veces han llevado al mundo a la ruina, sino desarrollar una diplomacia de los pueblos.

«Debemos exigir la retirada de las armas nucleares de Europa; la OTAN y su militarismo se interponen»

G.D.: ¿Cómo trabaja la Izquierda Europea en este asunto?

W.B.: Lo más importante es que la Izquierda Europea es un partido de paz, no sólo de palabra, sino de hecho. Creo que son importantes las acciones de solidaridad con las víctimas de la guerra, con los hombres y mujeres valientes que defienden la paz en Rusia, pero también en Ucrania, y que sufren la represión. Somos solidarios con los refugiados y los objetores de conciencia de ambos bandos. Debemos oponernos al chovinismo que en nuestros países culpa a todo el pueblo ruso de las fechorías de los oligarcas y las élites políticas, que se dirige contra los deportistas y los artistas, adquiriendo rasgos xenófobos.

«No debemos dejar la seguridad en manos de los expertos militares, sino desarrollar una diplomacia de los pueblos»

G.D.: ¿Abren las propuestas de Lula y China un camino viable hacia la paz?

W.B.: El Consejo de Seguridad de la ONU está paralizado por los poderes de veto. Tampoco vemos iniciativas de la UE y de los grandes estados miembros para buscar la paz. Por tanto, la iniciativa de Lula, consensuada con otros gobiernos del Sur global, es la opción más realista en pro de las negociaciones de paz. Por un lado, por el prestigio moral y político que tiene Lula; por otro, porque la República Popular China, que está implicada en este proceso, es un peso pesado político que tiene influencia en el liderazgo de la Federación Rusa. Pero me gustaría insistir una vez más: mucho depende de nosotros, los movimientos pacifistas y los partidos de izquierda, que debemos asumir las iniciativas del Sur global y hacerlas nuestras.

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