En la tarde de ayer martes las y los trabajadores de Colombia recibieron con estupor y tristeza la noticia de que la reforma laboral que impulsaba el gobierno se había hundido en la Comisión VIII de la Cámara de Representantes, trámite inicial para pasar a ser debatida formalmente en las sesiones plenarias.
La derecha logró una importante victoria en contra del gobierno, pero sin argumentos, sin presentar enmiendas, sin debate alguno. Sencillamente no asistieron a la reunión de la comisión, rompiendo el quórum necesario y torpedeando la votación. Es evidente que quien más pierde ha sido la clase trabajadora que aspiraba a la dignificación del trabajo y a recuperar derechos que habían sido conculcados como el pago justo por las jornadas dominicales o nocturnas, tener estabilidad laboral y avanzar en nuevas conquistas y derechos.
la Reforma Laboral no se hunde con votos o con argumentos, se hunde por tiempos, por operación tortuga y por uso indebido de recusaciones para minar y dilatar el debate, dijo Maria Fernanda Carrascal, la congresista coordinadora de la ponencia sobre la reforma en la comisión.
El presidente Gustavo Petro expresó que el hundimiento de la reforma es muy grave. “Demuestra que la voluntad de paz y de pacto social no existe en el poder económico. Dueños del capital y de los medios lograron cooptar el Congreso en contra de la dignidad del pueblo trabajador. Creen que las ganancias salen de la esclavitud, las largas jornadas y la completa inestabilidad laboral”. Voceros de las centrales obreras lamentaron este insuceso y rechazaron la manera burda con que parlamentarios de la derecha, aliados del gran capital, lograron impedir una reforma progresista que contaba con un amplio respaldo social e internacional.
Hay que recordar que Gustavo Petro ganó la presidencia en forma apretada, y, especialmente, que el gobierno no cuenta con una mayoría absoluta en el congreso y que el bloque mayoritario que logró armar al comienzo de la legislatura, incluyendo incluso a los partidos liberal y conservador, se ha ido rompiendo por el rechazo de estos sectores a reformas con cambios de verdad y a su voracidad burocrática y presupuestal.
Tras las primeras reacciones del gobierno y de la bancada parlamentaria del Pacto Histórico son de esperarse cambios importantes en las estrategias oficiales. De forma clara el presidente ha expresado “El gobierno del cambio no abandonará los intereses de la trabajadora y el trabajador”. Y las centrales obreras y otras organizaciones populares han anunciado un nuevo ciclo de movilizaciones para seguir defendiendo los cambios.
Lo ocurrido con la reforma laboral muestra la complejidad de la lucha política y de las contradicciones de los sectores populares y de cambio con las élites económicas y las mafias de la corrupción. La Colombia del progreso ha perdido una batalla. La lucha será dura y larga.








