El 19 de junio de 2022 y después de 200 años de historia, la República de Colombia amanecía con el triunfo electoral del Pacto Histórico que instauraba por primera vez un gobierno popular y progresista tras años de violencia política en el país.
Al frente de la esperanza se situaron el presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez quienes a lo largo de este año han sido la voz de miles de mujeres, hombres, jóvenes, campesinos, indígenas… De todos aquellos y aquellas que incluso llegaron a dar su vida por alcanzar la utopía de un nuevo país.
Fueron más de once millones de colombianos y colombianas quienes votaron a favor de un programa de gobierno construido de manera colectiva por la amplia composición del Pacto Histórico y cuyo eje central era y sigue siendo la paz total.
Un año después y pese a la oposición de los sectores de la derecha y de la oligarquía colombiana, así como de continuas intentonas de «golpe blando», la propuesta del cambio comienza a delinearse y uno de los logros más significativos de las trasformaciones que ha impulsado el gobierno de Petro es el alcanzado el pasado 9 de junio en La Habana, en los llamados “Acuerdos de Cuba” en el contexto de conversaciones de paz entre el Estado colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), firmando un acuerdo de cese el fuego nacional, bilateral y temporal durante 180 días a partir del próximo 3 de agosto. Un acuerdo que marca un gran hito histórico y que contará con el monitoreo y verificación de la ONU, con acompañamiento de la Iglesia Católica, participación de los países garantes y acompañantes así como el control por parte de la sociedad colombiana del cumplimiento del acuerdo a través del Comité Nacional de Participación con la intervención de 30 sectores de la sociedad.
Además, el gobierno del Pacto Histórico, de acuerdo a sus compromisos programáticos, está impulsando una serie de transformaciones sociales. Las tres principales reformas sociales promovidas por el Pacto y que actualmente siguen su trámite parlamentario, mejoran el sistema de salud, los derechos laborales y el sistema de pensiones.
Estas propuestas han evidenciado la lucha de clases existente en el país, donde la oligarquía junto con la derecha y la extrema derecha colombianas se niegan a perder sus privilegios. Ante estos ataques el pueblo colombiano salió a las calles en defensa de su gobierno y a favor del avance en la agenda social y transformadora del país.
Ante la campaña de desestabilización y deslegitimación que sufre el Gobierno colombiano con la puesta en marcha de intentonas de golpe blando orquestadas por la oligarquía del país junto a sus aliados estadounidenses y europeos, es imprescindible que las fuerzas de izquierda y progresistas a nivel mundial, exijan respeto por la institucionalidad colombiana, así como por el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, elegido democráticamente a través de las urnas.
Porque es la hora y Colombia, junto a Brasil, se han convertido en piezas clave ya no solo para la región, sino también sin puntas de lanza en el intento de alcanzar el cambio de paradigma internacional hacia un mundo multipolar, en paz y que avance en la construcción de un destino compartido para toda la humanidad.








