Ser leninista sin serlo

Ante la gravedad de la situación Petro recurrió a una fórmula sencilla, que la gente que eligió al gobierno saliera a las calles a defenderlo. Y las masivas concentraciones le dan fuerzas para seguir con las reformas
Apoyo reformas de Gustavo Petro en Colombia
Foto: facebook.com/FranciaMarquezMina

Hace un mes la gobernabilidad en Colombia estaba seriamente en duda. El escándalo que comprometía a la jefe del gabinete de Petro y al embajador en Venezuela, de novelón pasó a ser una trama de espías, amenazas, interrogatorios en oscuro sótano y un misterioso suicidio de un alto jefe de seguridad. Parecía que los días de Petro estaban contados. La derecha se frotaba las manos. Las reformas parecían condenadas al fracaso y la renuncia del presidente era reclamada por la extrema más radical. El golpe blando parecía funcionar. Pero no contaba la derecha con la serenidad de Petro ni con su experiencia en enfrentar situaciones tormentosas. Ya había pasado por algo similar cuando fue alcalde de Bogotá. Ante la gravedad de la situación Petro recurrió a una fórmula sencilla, que la gente que eligió al gobierno saliera a las calles a defenderlo. Y la gente salió. No estaba dormida, pero no había calle. La gente salió masivamente porque vio que el gobierno y los congresistas elegidos por el Pacto Histórico se estaban batiendo duro para cumplir con el programa. Sin poner excusas, sin reclamarle a los votantes por no haber elegido más congresistas. Las masivas concentraciones realizadas a lo largo y ancho del país le dieron un nuevo aliento al gobierno, fuerza para resistir y seguir adelante con las reformas a pesar de la férrea oposición, del brutal ataque de medios poderosos y del selecto grupo de la élite de periodistas multimillonarios testaferros del poder.

El Presidente ha propuesto Asambleas Populares por barrios, sectores y veredas para darle un mayor impulso a la idea del poder popular, del poder de la gente

Tras la tempestad vino la calma y llegaron buenas noticias económicas, del proceso de paz con el ELN, de las selvas del Guaviare y hasta llegó la deslumbrante sonrisa de doña Letizia Ortiz a concentrar la atención de la prensa. La orden fue no guardar paraguas ni pararrayos. Colombia es tierra de súbitas tormentas. Desde la calle misma el presidente lanzó la propuesta de las Asambleas Populares por barrios, sectores y veredas para darle un mayor impulso a la idea del poder popular, del poder de la gente.

Gustavo Petro no es leninista. Lo habrá leído, seguro. Pero ha coincidido con una de las más grandes enseñanzas del genial estratega bolchevique. La consigna, el movimiento clave tiene que darse en el momento oportuno, sabiendo que en el pueblo haya un estado de ánimo propicio, que exista tejido social, unidad y capacidad para la movilización. Que la gente no quiera que los de arriba sigan recortando, por ejemplo, y los de arriba lo tengan difícil para seguir recortando. O gobernando. El llamado a la movilización fue muy oportuno. No planteó que “todo el poder a los soviets” pero sí que en Asambleas Populares la gente tenía que ser gobierno territorial o sectorial. El gobierno es de todos y entre todos o no será de nadie. O peor, será de los de siempre.

Sin ser leninista hay premisas a tener en cuenta para los movimientos políticos claves, siendo gobierno u oposición. O para organizar una campaña electoral. No lo olvidemos nunca.