Veterano comunista y sindicalista en Altos Hornos de Sagunto

Julián López Martínez: «Los ricos ganan cada vez más y los pobres aumentan. Eso necesita una respuesta política y sindical»

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Julian López, sindicalista

Julián López Martínez (Agde, Francia. 27 de abril de 1932), es militante del PCE y CC.OO. desde la clandestinidad y fue fundador de estas últimas. También, miembro de los antiguos jurados de empresa de Altos Hornos del Mediterráneo (AHM) y, posteriormente, en los años de la reconversión miembro de su Comité de Empresa. Julián, debido a su militancia comunista sufrió cárcel en los duros años de la dictadura franquista; pasó por un Consejo de Guerra en 1958 y fue detenido, encarcelado y torturado en 1968. Su compromiso político continuó en las primeras elecciones municipales democráticas desde la II República, cuando fue elegido concejal por la lista del Partido Comunista de España y ocupó, entre otras responsabilidades, la de la Tenencia de Alcaldía de Puerto de Sagunto y Servicios Sociales. Junto a otros compañeros, tuvo un protagonismo fundamental en la lucha contra el cierre de AHM y por el mantenimiento de los puestos de trabajo para los trabajadores. A partir de ahí siempre ha estado activo en diferentes iniciativas sindicales, sociales y vecinales, manteniendo fielmente su compromiso comunista hasta hoy.

Mundo Obrero le entrevista cuando el próximo mes de abril se conmemorará el 40 aniversario de la firma que rubricó el acuerdo de cierre de AHM, queriendo expresar desde estas páginas nuestro reconocimiento y agradecimiento  por su ejemplo como testimonio de la vida de un comunista dedicado íntegramente a defender los intereses de la clase obrera, la democracia, la justicia social y el bienestar de la colectividad donde ha vivido.

MARGA SANZ: El pasado 5 de octubre, a propuesta del secretario general de CC.OO. del Camp de Morvedre y Alto Palancia y avalado por la misma Alcaldía, recibiste la Medalla de Plata de la ciudad de Sagunto, la máxima distinción que el ayuntamiento puede conceder ¿Qué significa para ti ese reconocimiento?

JULIÁN LÓPEZ: Es una satisfacción personal muy grande después de tanta lucha. Pero ha sido una lucha colectiva y con mis palabras quise hacer extensiva esta distinción a los hombres y mujeres que juntos, codo con codo, luchamos contra una dictadura militar, fascista, que duró demasiados años. Y como dije en mi discurso “especialmente a las mujeres de los más represaliados, detenidos torturados, encarcelados, porque ellas también soportaron en directo la represión de un gobierno perverso, irracional, y, como no, a quienes lucharon comprometidos por la libertad y hoy no están con nosotros porque se quedaron en el largo camino”. Les dije que acababa de cumplir 91 años y que mientras me acompañaran mis limitadas fuerzas físicas, mis modestos conocimientos y mi concepto marxista de la vida, seguiré aportando mi grano de arena en defensa de los trabajadores, por la paz, contra las guerras y por el futuro de progreso para mi pueblo, para nuestro pueblo.

M.S.: De los 25 concejales del Pleno, 23 votaron a favor (PSOE, PP, IP, Compromis y EU-Unides Podem) y 2, los de VOX, en contra. Todo un símbolo político.

J.L.: Por su intransigencia y su ideología fascista. Yo estaba muy preocupado por los resultados electorales en Sagunto. Vox no ha sido nunca nadie y creo que interesadamente alguien exageró al miedo a que la izquierda perdiera la alcaldía; eso nos perjudicó y Esquerra Unida bajó en representación. Vox representa al pasado represor y hay que cerrarles el paso. Es volver a un pasado criminal.

M.S.: Julián, ¿cuándo empezó y cómo tu compromiso sindical y político? ¿Qué razones te impulsaron a ello?

J.L.: No puedo decir que haya un momento concreto. Se dieron a lo largo de toda mi vida unas circunstancias que hicieron de la lucha la forma natural de enfrentarme a la vida. Vengo de una familia represaliada, de que no sé desde niño lo que es un juguete, de que no conozco realmente a mi padre y he tenido una madre ejemplar que ha luchado por sus hijos. Desde muy pequeño he vivido las injusticias de este sistema y me he rebelado. Mis padres se casaron muy deprisa en el 1927, pues de esa forma conseguían el permiso para vendimiar más pronto y así irse a Francia. Alli nacimos los tres hermanos y cuando el golpe de Franco mi padre dijo: “hay que volver a España a defender la República”. Le consiguieron trabajo en Altos Hornos de Sagunto, que era leal al gobierno, con mucha afiliación a la CNT, y cuando enseguida se fue al frente, entró mi hermano mayor a hacer chapas para balas. A mi padre le mataron en la guerra y no volvió, desapareció… A mi madre no le reconocían la viudedad y por tanto no le dieron la entrada en la fábrica en el puesto de mi padre, como hacían con las viudas o mujeres de trabajadores de baja por enfermedad. En el 45, a los 13 años, me quise apuntar a la Escuela de Aprendices y me impidieron examinarme por no pertenecer mi madre a la plantilla de la factoría, a la que no la dejaban entrar. Esta, tenía tres bocas que alimentar y se dedicó al “estraperlo” siendo detenida por un chivatazo y pasó a cumplir 100 días de cárcel. Los hermanos nos repartimos entre vecinos y familiares, menos el mayor que ya trabajaba de pastor. Cuando salió de la cárcel consiguió la viudedad y entró en la fábrica, después la sustituyó mi hermano y a éste, al ir a la mili en 1951, yo. La empresa era un campo de concentración: esclavismo, chivatos, denuncias, miedo a hablar… hasta un compañero me llamó la atención por hablar demasiado, me recomendó discreción y que escuchara la Pirenaica para informarme, y ahí me fui instruyendo, aprendiendo, saber lo que era el marxismo. En el 57 entré en la mili y al acabar quise quedarme en el ejército pero me lo negaron por haber padecido una enfermedad de los pulmones de la que curé, cuando a otros, con mutilaciones, les admitían. Había tambien aquí, como en la Escuela de Aprendices, una persecución política. Tras la mili, al sanar, volví a la fábrica.

«He presentado ante el Tribunal de Estrasburgo mi denuncia para sentar en el banquillo a quienes nos torturaron. Estoy a la espera de que la Audiencia Nacional lo admita»

M.S.: ¿Y cuándo, cómo, concretaste tu compromiso político?

J.L.: En el 58 mi compromiso político era ya muy claro, como comunista en el PCE y en el terreno sindical, defendiendo a los trabajadores desde dentro del sindicato vertical y a la vez montando CC.OO. Ese año me detienen repartiendo panfletos a favor de la Reconciliación Nacional pasando por la cárcel. En 1966 llegue a París clandestinamente a una reunión de camaradas con el CC, Santiago Carrillo al frente; nos preparábamos para reforzar el Partido y el movimiento obrero en su organización y movilizaciones, en la última etapa del franquismo. Solo los comunistas estábamos vivos políticamente, ni socialistas, ni anarquistas, ni republicanos. Y posteriormente formé parte de la caída del Partido de 1968 con Antonio Palomares, nuestro secretario general, y otros camaradas. Una caída muy dura, brutal por sus torturas. Pero me fortaleció en mis convicciones y en mi trayectoria sindical y política. He presentado ante el Tribunal de Estrasburgo mi denuncia para sentar en el banquillo a quienes nos torturaron. Estoy a la espera de que la Audiencia Nacional lo admita. Ya en democracia entré como concejal en las listas del PCE en el Ayuntamiento de Sagunto en 1979, y en el 83 lo dejé para dedicarme al Comité de Empresa de AHM. Ahí vinieron las luchas de la reconversión y el cierre de esta. Posteriormente he formado parte de la direccion de CC.OO. del País Valenciano y de mi comarca. Y he participado en las asociaciones vecinales, en diversas iniciativas sociales y en la dirección de CC.OO. de Jubilados y Pensionistas, entre otras cosas.

M.S.: La actividad ligada a la siderurgia nació con la Compañía Sierra Menera (1900) que extraía el hierro de las minas de Ojos Negros en Teruel y la exportaba desde el puerto de la ciudad. Al calor de ello fue desarrollándose la industria siderúrgica que cambió Sagunto y sus formas de vida. La industria sustituyó a la agricultura en una parte importante de la comarca, la población se nutrió de la inmigración, desarrollándose un potente movimiento sindical. La juventud tenía futuro, erais una referencia para el conjunto del País Valenciano. Pero en 1983 recibisteis la noticia de la intención del Gobierno de cerrar AHM. ¿Cómo os enterasteis? ¿Os llamaron a negociar? ¿Cuál fue vuestra respuesta?

J.L.: Realmente fue en el 81 cuando se empezó a comentar la crisis de la siderurgia en España y empezaron las movilizaciones, pero hasta octubre del 83 no se concretó por parte de Gobierno la propuesta de cierre. Se abrieron negociaciones entre el Comité de Empresa y el Gobierno con el INI. Inicialmente propusimos distribuir la producción de acero española, de unos 8.106 de Tm, entre Vizcaya, Ensidesa y Sagunto, a partes iguales y aguantar dos años para ver como evolucionaba el mercado. Eso lo debería haber propuesto un gobierno que hubiera sido decente, al igual que la modernización de las instalaciones. Pero no fue así. Hay que reconocer que teníamos pérdidas importantes, pero la verdad es que la tecnología de nuestra fábrica era completamente obsoleta, no habían realizado ninguna inversión, y la productividad de nuestro trabajo bajísima. Veníamos reclamando el Tren de Bandas en Caliente pero no obteníamos respuesta. Ante esta actitud incrementamos las movilizaciones, fueron 14 meses de no parar: manifestaciones, cortes de carretera, asambleas en la fábrica, informacion a los vecinos en el campo de futbol. Todo para que la fábrica no cerrara. El informe Kawasaky, ampliamente conocido desde 1981, era demoledor contra los “argumentos” del Gobierno, del INI, de AHV y de Ensidesa.

M.S.: Entre éstas, las grandes movilizaciones para recabar solidaridad por toda España. Por cierto, en febrero de este año, tú, Julián, y el Colectivo de Mujeres que lucharon contra el cierre de AHM durante la Reconversión de 1983 fuisteis galardonados con el Premio Gonzalo Montiel 2023 por vuestra defensa de la democracia, la puesta en valor del patrimonio industrial y la dignificación obrera. ¿Cómo valoras la lucha de las mujeres? Su capacidad de organizarse, movilizar… su lucha…

J.L.: Fue fundamental, fue un apoyo permanente a la lucha de la fábrica: si no había trabajo, la familia no comía. Así de sencillo. Lo hicieron ellas solas. Fueron un ejemplo para el futuro por su determinación y valentía. Y este premio, el valor que tiene, es que debe servir para que tomemos conciencia de quiénes somos, de dónde venimos, para saber hacia dónde queremos caminar.

M.S.: El Gobierno no contempló la permanencia de AHM y en octubre de 1983 os presentó un preacuerdo para el cierre, que fechaban en el 4 de octubre de 1984. ¿Cómo os situasteis ante esta propuesta?

«El cierre de Altos Hornos fue político, decidido e irrevocable. Felipe González decidió sacrificar Sagunto para entrar en la UE Francia y Alemania no querían perder poder»

J.L.: Lo primero es que valoramos que se trataba de un cierre político. Detrás estaban las exigencias de la entrada en la UE y la negativa de los grandes países del acero, como Alemania y Francia que se oponían a cerrar la más pequeña de sus factorías y temían que la entrada de nuestra producción hiciera bajar los precios y por tanto sus ganancias. Hay que recordar que la entrada de España en la Unión Europea se hizo efectiva en 1986, pero la firma del Tratado de Adhesión en Madrid se produjo antes, en junio de 1985. La negociación para entrar ya estaba en marcha. España es quien tendría que reducir su producción y el Gobierno de Felipe González decidió sacrificar Sagunto plegándose a las condiciones que le exigían.

Al ser un cierre político, decidido e irrevocable nos planteamos que nuestra lucha debía conseguir del  Gobierno y de la Generalitat Valenciana el compromiso de empleo para toda la plantilla que era de casi 3.300 trabajadores. Lo que no podía repetirse era lo que pasó con la gente que salió en la Regulación de Empleo de 1967 que, tres años más tarde, se moría de hambre por la devaluación de las pensiones de ese expediente.

«Nuestro objetivo fue que todos los trabajadores que lo desearan pudieran recolocarse garantizando categoría y sueldo. Luchamos y lo conseguimos: no quedó ningún trabajador de plantilla despedido»

A partir de aquí, nuestro objetivo fue que todos los trabajadores que lo desearan pudieran recolocarse en otro empleo garantizando categoría y sueldo. Luchamos por eso y lo conseguimos.

M.S.: ¿Qué condiciones lograsteis para garantizar el trabajo a la plantilla de la empresa una vez cerrada?

J.L.: Primero se determinaron numéricamente e identificaron los trabajadores afectados, separando fijos, eventuales, discontinuos y contratas, y se catalogaron según edad: mayor o igual a 55 años y ordenados por antigüedad. Después, establecimos los procedimientos para el cierre de la fábrica en relación a la plantilla: jubilaciones anticipadas voluntarias, negociadas con el Comité de Empresa; bajas voluntarias incentivadas; incapacidades laborales; y para quien no se acogiera a ellas, compromiso de recolocación en las necesidades futuras de mano de obra de la empresa y, esto importantísimo: se creó un Fondo de Promoción de Empleo (FPO) para los trabajadores fijos de plantilla que no se hubieran acogido a las medidas de salida voluntaria de la fábrica y estuvieran en expectativa de empleo: entrarían en el Fondo en suspensión temporal de empleo durante tres años cobrando el 80% de su sueldo. Si estando en el Fondo el trabajador cumplía los 55 años, se prejubilaba haciéndose cargo la Seguridad Social de su retribución y a los 60 años entraba en jubilación definitiva valorándose la pensión como si hubiera estado cobrando el salario íntegro y la categoría hasta la fecha. También se facilitó la recolocación a los eventuales y fijos discontinuos, así como a los de contratas que solo ejercían su trabajo en AHM, y establecimos una Comisión de Seguimiento igualitaria en la representación de las partes para vigilar el desarrollo y cumplimiento de los acuerdos. Además, comprometimos a Gobierno y a la Generalitat Valenciana, especialmente esta última lo hizo, en la creación de empresas en el polígono industrial con prioridad de recolocación en ellas a los trabajadores de AHM y se negoció con las empresas existentes tambien la recolocación allí de parte de la plantilla. Muchos hijos de aquellos trabajadores, hoy trabajan en ellas. Puedo decir que el 31 de diciembre de 1984 no quedaba ningún trabajador de la plantilla despedido.

«Si la clase obrera no hubiera estado en la calle, todo el pueblo, las mujeres, jóvenes… si no hubiéramos estado unidos, no lo habríamos conseguido»

M.S.: El cierre de AHM tuvo, pues, un coste importantísimo. Se le destinó mucho dinero para dar esas garantías…

J.L.: Naturalmente, debían pagar el cierre y la supervivencia de las familias trabajadoras. Pero lo podían hacer. Sabemos que la UE, Alemania concretamente, destinó mucho dinero a nuestra reconversión. Le iba la supremacía de su industria en ello. Pero si la clase obrera no hubiera estado en la calle, todo el pueblo, las mujeres, jóvenes… si no hubiéramos estado unidos, no lo habríamos conseguido.

«No solo es montar la factoría sino las condiciones que después se aplican al trabajo. No olvidemos que lo hacen para ganar beneficios a base de explotarnos»

M.S.: Han pasado muchos años, en abril se cumplirán 40 del cierre de la siderúrgica. ¿Cómo ves tú, en este momento el futuro económico y social de la ciudad? Parc Sagunt ha ido creciendo. La instalación de la Volkswagen con su gigafactoría de baterías o la empresa de logística de Mercadona, son un ejemplo entre otras.  ¿Cómo lo valoras? ¿Qué recomendarías a los trabajadores y trabajadoras con tu experiencia en la lucha sindical y obrera de toda tu vida?

J.L.: No es negativo que se creen empresas y se produzcan puestos de trabajo, no. La gente ha de comer. Pero no solo es montar la factoría sino las condiciones que después se aplican al trabajo. En este país lo imprevisto puede ocurrir. Claro que es bueno que se creen empresas, pero hay que recordar que en este país hay capitalismo.

El sistema capitalista es un sistema deshumanizado por total y por lo tanto un peligro para la humanidad. Vemos los ritmos de trabajo que se aplican en Mercadona en la descarga de camiones, que es abusivo, y en su directiva, de 15 miembros solo una mujer, cuando la mayoría del empleo es para mujeres…

«Tenemos un problema muy serio, de 20 millones de trabajadores sólo 3 millones están afiliados a sindicatos. Es un reflejo del nivel de conciencia, de cultura»

Y luego, en este país tenemos un problema muy serio: la baja sindicación. 20 millones de personas estan cotizando y solo tres millones están afiliadas a los sindicatos. Eso indica cual es el nivel de conciencia, es expresión del nivel de conciencia y cultural del país. Seguimos arrastrando vestigios del franquismo. La gente que hoy tiene 45-50 años nació cuando Franco murió, no han vivido “nada” y los que mandan se ha preocupado de no enseñarles nada de la historia de nuestro pueblo y nuestra clase.

Mi nieto me dice: “Yayo, trabajamos como bestias…”. No hay que aceptar las condiciones de trabajo inhumanas, hay que rebelarse… Es bueno que monten empresas, pero no olvidemos que lo hacen para ganar beneficios a base de explotarnos.

El sistema capitalista es brutal, y eso está mermando que el trabajador tome conciencia, hace que busquen el pan como sea. El país no avanza en general y tenemos un nivel de futuro incierto. Los ricos ganan cada vez más y los pobres aumentan. Eso necesita una respuesta política y sindical.

Esta gentuza llevan años intentando que el PC no levante cabeza, 200 años intentando hacer desaparecer el marxismo… Y no pueden ¡porque es científico! ¡No podréis! Con un concepto marxista de la vida se hace frente al trabajo y la explotación.

(*) Directora de Mundo Obrero

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