Contra los mitos de la derecha

Sigue siendo penoso leer cómo los camelos propagados por los medios de comunicación de derechas de la época republicana de paz todavía permeabilizan la literatura
“Exaltación de Franco”, obra del pintor Arturo Reque Meruvia «Kemer»
“Exaltación de Franco”, obra del pintor Arturo Reque Meruvia «Kemer»

Es apropiado que un historiador revisionista, pero no de la categoría de quienes se autodefinen como tales en las bien nutridas filas de la derecha española, escriba un breve artículo para Mundo Obrero. Fue la bestia negra de los sublevados del 18 de julio y de su dictadura después. Recientemente en Falsos camaradas Fernando Hernández Sánchez ha reconstruido la historia, olvidada u oscurecida, de uno de los mayores ataques contra él y contra el PCE en los años cincuenta.

Un historiador auténticamente revisionista examina con nuevas evidencias primarias relevantes de época las tesis de autores precedentes. Las acepta, las amplía o las rechaza. Fue imposible en el caso de la historiografía profranquista, defendida con todos los medios políticos, propagandísticos y judiciales de la dictadura. La censura de guerra hasta 1963 —luego solo ligeramente retocada—, los tribunales y la cárcel, más el cierre permanente de archivos militares, políticos, civiles y gubernativos, debidamente esquilmados en numerosos casos, crearon un valladar difícil, si no imposible, de soslayar.

Correspondió a algunos adelantados de mi generación, y a los mejores representantes de las posteriores, empezar y desarrollar la destrucción sistemática de los mitos, proposiciones y mentiras que esmaltaron los puntos esenciales de la historia de España entre 1931 y 1975. O también de la etapa anterior en la medida en que la interpretación que de ellos se hacía se proyectó hacia el período ulterior.

Personalmente me he cuidado de documentar y rebatir en archivos españoles y extranjeros (de Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Bélgica y la extinta Unión Soviética), públicos y privados, las tesis que condicionaron la presentación de la historia de España en la bibliografía acuñada por el franquismo. Sin embargo, sus retoques continúan pululando por las librerías e inundando la esfera digital. ¿Mis conclusiones?

La URSS y Stalin nunca quisieron establecer un gobierno prosoviético. De haberlo querido no hubieran reducido a la mínima expresión su ayuda militar entre el otoño de 1937 y el de 1938

—En la guerra civil no se dirimió la posibilidad de que la República llegase a desembocar, supuesta su victoria, en un régimen procomunista.

—La URSS y Stalin nunca quisieron establecer un gobierno prosoviético. Stalin se lo declaró a los dirigentes republicanos en diciembre de 1936, en una sonada correspondencia profundamente distorsionada por los historiadores y seudohistoriadores de derecha.

—No ha provocado controversias (¿todavía?), porque los archivos relevantes no suelen visitarlos, la exposición que Stalin hizo al embajador en Moscú, Marcelino Pascua, en febrero de 1937. Actuó en consecuencia.

—Los papeles de Pascua que servidor ya vio en agosto de 1977 en Ginebra y que su secretario legó, por indicación mía, al Archivo Histórico Nacional apoyan tales tesis.

—También lo hace el comportamiento soviético. De haber querido ayudar a la instalación de un régimen procomunista, la URSS no hubiese reducido a la mínima expresión su ayuda militar entre el otoño de 1937 y el otoño de 1938. Algo sobradamente conocido, pero cuyas implicaciones no suele permeabilizar la continuada exposición de las leyendas franquistas.

—La reanudación de los envíos de armas y municiones la decidió Stalin en diciembre de 1938, a petición de Negrín y porque probablemente pensaba que los republicanos seguirían combatiendo incluso después del desastre para los antifascistas de toda laya de los acuerdos de Munich.

La derecha ni siquiera ha reconocido que el golpe del 18 de julio se hizo con la promesa contractualizada de una ayuda mussoliniana que tanto buscaron los monárquicos de la época

Sigue siendo penoso leer cómo los camelos propagados por los medios de comunicación de derechas de la época republicana de paz, pero en preparación del “Glorioso Alzamiento Nacional”, todavía permeabilizan la literatura. Da igual, al parecer, que Rafael Cruz, Eduardo González Calleja, Sir Paul Preston y un montón de historiadores los hayamos hecho trizas.

¿Será la derecha española más bruta que sus homólogas de la UE? Ni siquiera ha reconocido que el golpe del 18 de julio se hizo con la promesa contractualizada de una ayuda mussoliniana muy moderna que tanto buscaron los monárquicos de la época.

(*) Historiador

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