A Sérgio Ribeiro, militante del PCP, preso político liberado tras la Revolución de los Claveles de 1974
In memoriam
El pasado 26 de abril, un día después de celebrarse de forma multitudinaria por las calles lisboetas el 50 aniversario de la Revolución de los Claveles, tuvo lugar en Lisboa una conferencia internacional organizada por la Unión de Resistentes Antifascistas Portugueses, que bajo el lema «Democracia, paz y Libertad. Fascismo nunca más», reflexionaba, sobre el ascenso de la ultraderecha y el neofascismo a nivel internacional. El objetivo, según los organizadores era «destacar el significado histórico de la Revolución de Abril y explorar, 50 años después, lo que el derrocamiento del régimen fascista significó para los portugueses, los pueblos colonizados y el mundo: el fin de las guerras en las colonias, la liberación de los presos políticos, la conquista de la libertad y la democracia, la nueva era de progreso y la participación popular en los muchos avances y transformaciones que han tenido lugar».
Ese objetivo necesita de una respuesta apremiante: impedir que las conquistas sociales y políticas de la clase trabajadora conseguidas desde hace más de cien años, gracias a las movilizaciones, huelgas, revoluciones, en definitiva, en la dialéctica capital-trabajo, no se pierdan. El ascenso de fuerzas políticas de la ultraderecha, tras la gran crisis de 2008, representa el puño de hierro dispuesto a «empujar» a las viejas derechas para que al capitalismo no le tiemble la mano a la hora de imponer recortes sociales, restricciones de derechos, para garantizarse una acumulación de capital extraordinaria. La ultraderecha es la expresión de la crisis de Occidente, de sus élites que desde el siglo XV han dominado y explotado al mundo y que ahora comprueban cómo su hegemonía peligra por el empuje de Oriente dispuesto a iniciar una nueva etapa, con nuevas reglas que eviten las guerras o conflictos como fórmula para garantizar la acumulación de capital.
Trump, Salvini, Bolsonaro, Wilders, Ventura, Le Pen, Weidel, Milei, Abascal, Meloni o Ayuso representan un ideario letal para los derechos humanos y las conquistas sociales.
Donald Trump, Matteo Salvini, Jair Bolsonaro, André Ventura, Geert Wilders, Marine Le Pen, Alice Weidel, Javier Milei, Santiago Abascal, Giorgia Meloni o Isabel Ayuso representan ese ideario letal para los derechos humanos y las conquistas sociales:
- Reducir el Estado a favor del libre mercado.
- Sistemas fiscales regresivos a favor de las grandes empresas.
- Desregulación del mercado laboral.
- Fortalecer el patriarcado.
- Privatizar los servicios públicos.
- Racismo y xenofobia, criminalizando a la inmigración.
- Incentivar el gasto en seguridad y defensa.
- Apoyar al sionismo.
- El autoritarismo y el recurso a la violencia.
- Negacionismo de la emergencia climática.
- Infiltración en los aparatos de estado, jueces y policías para iniciar guerras jurídicas contra organizaciones o personas de izquierda.
La derecha conservadora europea comienza a replantearse alcanzar acuerdos institucionales con la ultraderecha, en un binomio mortífero para el modelo de Estados sociales
El asalto al Capitolio, el «símbolo de la democracia liberal», determina hasta donde están dispuestos a llegar para alcanzar sus objetivos. Y en esa estrategia, la derecha conservadora europea comienza a replantearse lo que ya es una realidad en España (Comunidades Autónomas), Hungría, Finlandia y Eslovaquia: a partir de las próximas elecciones europeas, alcanzar acuerdos institucionales con la ultraderecha, en un binomio mortífero para el modelo de Estados sociales basados en la intervención pública de la economía y la protección social. Lo que para la CDU alemana fue una línea roja, no cogobernar con la ultraderecha, por la vía de los hechos esa línea roja se difumina o desaparece. Además de los gobiernos antes señalados, en Suecia la ultraderecha sostiene al gobierno y muy posiblemente en los Países Bajos, el partido ultra de Geert Wilders acabe formando parte del gobierno.
En ese contexto, el mensaje lanzado en Lisboa por la Conferencia Internacional Antifascista cobra una enorme importancia. En la actual coyuntura histórica es preciso recuperar políticas sociales, económicas y culturales antagónicas a las de la derecha y ultraderecha como antídoto para garantizar los derechos humanos, la igualdad, el empleo, la lucha contra el patriarcado, la paz y la respuesta a la emergencia climática. La ultraderecha está coordinada internacionalmente para llevar a cabo una lucha cultural, de ideas para hacer retroceder o desaparecer el pensamiento emancipador. Y es en este punto donde las organizaciones antifascistas, progresistas y de izquierdas deberían encarar la batalla cultural, de la defensa de la igualdad y de los derechos humanos. Y el terreno de esa batalla cultural no se debería circunscribir a los límites geográficos de cada Estado sino de coordinar propuestas alternativas y estratégicas a nivel internacional.
El antifascismo necesita recuperar la memoria democrática, el ejemplo de las personas de la Resistencia que fueron perseguidas, encarceladas, torturadas, asesinadas, desaparecidas o depuradas por oponerse a dictaduras fascistas. Todo un ejemplo heroico que permitió liberar a los Estados europeos del nazi-fascismo y que debería formar parte del estudio académico de las actuales y de las próximas generaciones. Y, allí como en España, se han aprobado leyes de memoria, exigir su desarrollo y cumplimiento En ese sentido, el 27 de abril, al día siguiente de la celebración de la Conferencia, se organizó una ceremonia de conmemoración del 50 aniversario de la liberación de los presos de la cárcel de Caxias y, posteriormente, se inauguraba el Museo Nacional de la Resistencia y de la Libertad en la Fortaleza de Peniche, prisión de máxima seguridad durante la dictadura de Salazar.








