Eurodiputado y candidato para las elecciones europeas

Manu Pineda: «Hemos utilizado nuestro espacio y recursos en Bruselas como altavoz de las luchas de nuestro territorio y de otras partes del mundo»

La Unión Europea ha demostrado su absoluto seguidismo hacia la política exterior estadounidense

·

·

Manu Pineda, en la tribuna del Parlamento Europeo
Foto: europarl.europa.eu

Manu Pineda (Almería, 1965) atiende a Mundo Obrero desde Estrasburgo, en el que es último pleno de la novena legislatura del Parlamento Europeo. Pineda, ferroviario de profesión, sindicalista de CC. OO. y militante en el PCE desde los años 90, es secretario de Relaciones Internacionales del Comité Central y desde 2019 ocupa un escaño en la Eurocámara, donde es presidente de la Delegación para las Relaciones con Palestina y vicepresidente del Intergrupo de Amistad con el Sáhara Occidental. Aunque destaca por su trayectoria internacionalista, Pineda nos recuerda que gran parte de su trabajo ha sido “dar voz a las luchas de nuestros pueblos y ciudades”. El eurodiputado hace balance de los cinco años de legislatura y desglosa las principales líneas de las próximas elecciones europeas del 9 de marzo, donde será el candidato de Izquierda Unida tras recibir el respaldo del 65 % del voto de la militancia.

ASDRUBAL BAPA: Está culminando la legislatura del Parlamento Europeo. Parece que lo que sucede en la UE cada vez interesa más y tiene más visibilidad. ¿Cómo afronta un comunista el trabajo en una institución como el Parlamento Europeo?

MANU PINEDA: Hasta el 80 % de toda la legislación que nos afecta se decide en la Unión Europea, pero no en el Parlamento Europeo, que es el único parlamento del mundo sin capacidad de iniciativa legislativa. Se decide en la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Consejo Europeo, que son instituciones poco o nada democráticas. Se usa al Parlamento Europeo como fachada para dar una falsa imagen de “control ciudadano y democracia”. Hay una imagen muy edulcorada de la Unión Europea que no se corresponde con la realidad. El Parlamento Europeo es la fachada democrática de una Unión Europea irreformable, que está construida sobre unos pilares podridos. No es algo nuevo, la UE nace como una herramienta del gran capital europeo para afrontar el escenario político que se abría tras la Segunda Guerra Mundial. Nosotros, como Izquierda Unida y PCE, ya denunciamos eso oponiéndonos al Tratado de Maastricht. La historia nos ha dado la razón.

Hasta el 80% de toda la legislación que nos afecta se decide en la Unión Europea, pero no en el Parlamento sino en la Comisión, el Banco Central Europeo y el Consejo Europeo

Sabemos que la correlación de fuerzas, y las propias limitaciones de la Unión Europea, hacen muy difícil nuestra tarea. El grupo de “La Izquierda”, del que somos fundadores y al que pertenecemos, es el séptimo de los siete grupos parlamentarios que hay en la Eurocámara, apenas con unos 40 escaños. Pero siempre hemos entendido que el curso de la historia no va a cambiar aquí, y hemos intentado utilizar nuestros recursos y visibilidad para señalar las contradicciones y las limitaciones de la UE, y utilizado estos espacios como un altavoz de las luchas de nuestro territorio y de las del resto de pueblos del mundo.

A.B.: ¿Y cuáles han sido los principales hitos de esta legislatura que llega a su fin?

M.P.: Estos 5 años han estado marcados por la pandemia, por el auge de la extrema derecha, por el inicio de la guerra de Ucrania y, en el último año, por el genocidio de Gaza y la espiral belicista a la que nos están arrastrando. En lo estrictamente “legislativo” podríamos señalar que han sido unos años donde se ha consolidado una UE más poderosa y agresiva a costa de unos Estados cada vez más adelgazados. Son muchos los expedientes aprobados en estos cinco años que van en esa dirección, pero me gustaría destacar algunos, sobre todo.

En primer lugar, esta legislatura estuvo marcada por la llegada de la pandemia del COVID-19. Entonces se pusieron en marcha varios programas, destacando los fondos europeos, que demostraron que el Estado es necesario, que, sin una sanidad pública fuerte, sin servicios sociales fuertes, el liberalismo con su “salvase quien pueda” habría colapsado. Por otro lado, hemos visto cómo frente a la crisis de inflación el Banco Central Europeo (BCE) ha apostado por subir los tipos de interés, asfixiando más a las familias trabajadoras y desplazando sobre las espaldas de la mayoría social el peso de esta crisis.

También se ha aprobado un nuevo pacto migratorio. Y aquí quiero detenerme porque hemos sido muy activos en la denuncia de la Europa fortaleza. El nuevo pacto, al que nos hemos opuesto desde el inicio de su tramitación, acaba con el derecho de asilo. Dificulta el proceso de solicitud y acorta los plazos; criminaliza a las ONGs que tratan de evitar que el Mediterráneo sea una fosa común; refuerza el papel de la agencia de matones europea FRONTEX; y externaliza nuestras fronteras, pagando a terceros países como Turquía, Marruecos o Libia para que hagan el trabajo sucio.

También hay que señalar la crisis del campo. Porque en gran parte ésta se debe a las políticas adoptadas en la UE. La reforma de la PAC que se aprobó esta legislatura profundiza en un modelo agrario al servicio de los grandes propietarios y que castiga a los pequeños y medianos productores. También en la UE se han aprobado los tratados de libre comercio que generan una competencia desleal entre nuestros agricultores y los de terceros países, que no cumplen la misma política fitosanitaria y social. Todo esto se ha aprobado con los votos a favor del PP, PSOE, Cs y VOX; y con nuestro voto en contra. La extrema derecha, que intenta capitalizar las protestas del campo creando un falso dilema entre “ecologismo y sector primario”, es quien está detrás de las políticas que están destrozando a los pequeños y medianos productores.

A.B.: Pero en Bruselas también se habla y mucho de los problemas de España. ¿Destacarías algún hito conseguido en estos cinco años de trabajo?

M.P.: En lo que se refiere a la actividad en el Estado creo que hemos conseguido algunas victorias como es que se está investigando la situación de los temporeros del campo, cuyas condiciones, en muchos casos, son de auténtica esclavitud. Más recientemente también hemos conseguido que se estudien los ataques contra las organizaciones sindicales que está llevando a cabo Vox en Castilla y León. También conseguimos que las reclamaciones de los pescadores de Sanlúcar de Barrameda fuesen escuchadas por la Comisión Europea. Hay más ejemplos. Hemos conseguido que muchas luchas locales lleguen a Europa, tengan difusión desde Europa y tuerzan el brazo de las instituciones locales, autonómicas o estatales.

En un plano más general hemos conseguido que se incluya el derecho al aborto en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE; y aprobamos una legislación mínima para el colectivo de los rider. Las dos son pequeñas victorias que llevan detrás horas de trabajo abnegado del grupo de “La Izquierda”.

En el ámbito medioambiental conseguimos que una misión europea visitase el mar Menor. Denunciamos el estado del parque nacional de Doñana; la sequía y la contaminación en la provincia de Córdoba; las ampliaciones de los puertos de Valencia y de Alicante, etc. Otro foco de trabajo importante esta legislatura ha sido el auge de las macrogranjas de porcino, que contaminan no solo el entorno, sino también las aguas subterráneas. Y de los macroparques de energía eólica y solar. Estas dos dinámicas están agravando la despoblación de nuestro país relegando al interior de España a ser una especie de despensa y de basurero. Hemos presentado ante la Comisión Europea denuncias concretas por vertederos ilegales en Cuenca y por macrogranjas en Murcia, en Castilla y León, y Castilla-la Mancha. También hemos sido muy activos exigiendo que se vertebre nuestro territorio con el ferrocarril: retomando las rutas nocturnas, mejorando la interconexión con Portugal; reabriendo la Ruta de la Plata y acabando el corredor Mediterráneo y Atlántico. Y hago énfasis en esto porque es la Unión Europea quien ha obligado a que se comience a liberalizar el ferrocarril en España.

A.B.: Has destacado mucho por tu actividad internacional.

M.P.: En el plano internacional creo que hemos conseguido mantener un papel de solidaridad activa. He sido presidente de la Delegación para las Relaciones con Palestina. Y si bien sabíamos que esta responsabilidad tenía muy pocas competencias, hemos intentado utilizarla para visibilizar la situación de nuestros hermanos y hermanas palestinas para denunciar la constante expansión de los asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania y Jerusalén; para denunciar el régimen de apartheid que aplica Israel; y, desde octubre, para denunciar con más intensidad todavía el genocidio que sufre el pueblo de Gaza. En este sentido, hay que señalar que nada de lo que está pasando en Palestina sería posible si la complicidad de la Unión Europea y el patrocinio de Estados Unidos. Aunque sobre esto me puedo extender más adelante.

Respecto al Sáhara, he sido vicepresidente del Intergrupo del Parlamento Europeo y, más allá del cargo institucional, hemos podido llevar a cabo varias iniciativas en solidaridad con el pueblo del Sáhara y el Frente Polisario. Entre ellas, apoyar las denuncias para que se suspenda el Acuerdo de pesca UE Marruecos y denunciar las violaciones de Derechos Humanos en los territorios ocupados. Nuestro compromiso con el pueblo saharaui ha permanecido inalterado; defendemos el derecho a la autodeterminación y la independencia del pueblo saharaui y de su único y legítimo representante el Frente Polisario. Se lo transmití personalmente al presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali, durante una visita a Argelia y a los campos de refugiados saharauis. El propio Ghali agradeció el apoyo histórico que como Izquierda Unida y PCE hemos dado a su lucha.

Por supuesto, también hemos trabajado con los pueblos hermanos de América Latina. Quizá el evento más destacado fue la Cumbre de los Pueblos el pasado julio. Frente a una Cumbre UE-CELAC donde se trataban de imponer los intereses del gran capital europeo, demostramos que los pueblos estábamos hermanados, celebrando nuestro propio encuentro y poniendo en el centro nuestras luchas comunes, apostando por el horizonte compartido de avanzar hacia un orden internacional multipolar, más justo y sostenible, y basado en el mutuo beneficio y en la cooperación. Pero más allá de eso, hemos permanecido activos denunciando el bloqueo contra Cuba; activando la solidaridad con Ecuador frente a la deriva autoritaria, de Lenin Moreno primero, y de Daniel Novoa después; señalando el carácter ilegal de las sanciones unilaterales contra Venezuela y el bloqueo que sufre el país; saludando los procesos de transformación que se está viviendo en Honduras o en México; y apoyando activamente a las organizaciones populares frente a los intentos de reacción autoritaria que sufrieron Bolivia y Perú.

Se acaba la legislatura y no hemos sido capaces de condenar de manera clara el genocidio que está llevando a cabo Israel contra Palestina

A.B.: Respecto a Palestina, ¿cuál dirías que es el papel que está jugando la UE?

M.P.: La Unión Europea ha demostrado su absoluto seguidismo hacia la política exterior estadounidense, manteniendo una posición de complicidad con el genocidio israelí. No solo de complicidad, sino también de represión de la solidaridad. Hemos visto cómo se ha detenido a gente en Francia y en Alemania, se han prohibido congresos, o usar la bandera palestina o la kufiyah.

La señora Von der Leyen y la señora Metsola fueron a darle la mano poco después del 7 de octubre al Presidente israelí Herzog diciendo “la UE está con vosotros”. Pues no. Los pueblos de Europa no están con los genocidas. Hay una división total entre las élites y los pueblos. Se acaba la legislatura y no hemos sido capaces de condenar de manera clara el genocidio que está llevando a cabo Israel contra Palestina. Hay muchos países europeos que tienen mala conciencia por lo que ocurrió durante la Holocausto, y hacen bien teniéndolo porque se asesinó a millones de judíos, comunistas, socialistas, gitanos, árabes, etc. Pero los palestinos no pueden pagar por los crímenes que cometieron los nazis en Alemania, Holanda, Austria o en la Francia colaboracionista. Si tienen problemas que vayan al médico. Pero lo que Europa no puede hacer es ser responsable de un genocidio de hace 80 años, y ser cómplice de uno nuevo ahora.

A.B.: ¿Y qué medidas exiges que tome la UE?

M.P.: Son varias, la primera de todas debe ser exigir un alto el fuego inmediato, incondicional y duradero. No vale una pausa de 48 o 72 horas para remover escombros, sino que tiene que parar inmediatamente la masacre contra el pueblo palestino y después que se negocie la liberación de todos. También de los más de 10.000 rehenes palestinos que tienen las fuerzas de ocupación israelíes. En segundo lugar, hay que imponer de manera inmediata un embargo a la compra y venta de armas; armas que están “tested in combat”, probadas en combate sobre la cabeza de niños palestinos y que la Unión Europea todavía sigue comprando. En tercer lugar, se ve de excluir a Israel de todos los programas de financiación europea, incluyendo el programa Horizon Plus, que está sirviendo para que con el dinero de nuestros impuestos se financie la investigación militar de Israel. Y, en cuarto lugar, la Unión Europea debe de apoyar la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas exigiendo un alto el fuego y de la Corte Internacional de Justicia adoptando medidas cautelares contra el genocidio. Esto quiere decir que hay que sumarse a todas las iniciativas que están teniendo lugar en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y en la Corte Penal Internacional (CPI). Yo mismo estoy participando en esta segunda institución con una denuncia impulsada por la “Campaña Global por el Retorno de los Refugiados Palestinos” contra los líderes políticos y militares israelíes. Este papel no lo tendrían que estar jugando las organizaciones de solidaridad, sino que deberían de ser los propios Estados quienes impulsen estas en medidas.

A.B.: Y ahora eres candidato de nuevo. ¿Cuáles dirías que son los principales retos que tiene esta próxima legislatura?

M.P.: Creo que hay dos grandes puntos, el auge de la extrema derecha y la escalada belicista. En estas elecciones todo parece indicar que vamos a vivir un auge sin precedentes de la extrema derecha. Aquí, en el Parlamento Europeo hay dos grupos: ECR, donde está VOX, y un grupo todavía más a la extrema derecha, ID (Identidad y Democracia). Las encuestas dicen que estos grupos pueden llegar a ser la primera fuerza si se sumasen sus apoyos. Frente a este auge reaccionario la respuesta debe de ser plantar cara construyendo organización en cada barrio, en cada centro de trabajo y en cada centro de estudios. Y para eso es importante que reforcemos nuestro papel en los sindicatos, en los movimientos sociales, y también que aprovechemos nuestra presencia institucional para señalarles y para desmontar su discurso de odio. Y ahí será clave tener un grupo de la izquierda europea lo más fuerte posible.

Que no nos engañen. La clase trabajadora no tiene nada que ganar en una guerra contra Rusia y contra China. Son sus intereses y nuestros muertos

Y sin duda, uno de los grandes problemas que estamos atravesando, sino el principal, es la escalada belicista a la que Estados Unidos está arrastrando la Unión Europea. Washington representa un imperialismo decadente y agonizante; y quieren buscar una guerra desesperadamente para tratar de salvar su posición. Por eso EE. UU. está alimentando la guerra de Ucrania, en la que nosotros también nos hemos negado desde el principio al envío de armamento y hemos defendido una salida diplomática y negociada. Está aumentando las provocaciones hacia China en el mar del Sur y Taiwán. Y por eso también está patrocinando el genocidio israelí contra el pueblo de Gaza.

Para nosotros debe ser prioritario juntar el hilo rojo de la historia, el de nuestra lucha obrera; con el verde, de un ecologismo real y con perspectiva de clase; el morado, de la igualdad; y el blanco de la paz. Izquierda Unida nació al calor de las movilizaciones contra la OTAN. Esa es una seña de identidad que no vamos a perder. Y que creemos que está más vigente que nunca. La OTAN es una máquina de muerte y cuenta con nuestra oposición total. Están intentando crear un marco para justificar la guerra, y si no, para justificar un aumento en el gasto militar. Que no nos engañen, son sus intereses y nuestros muertos. La clase trabajadora no tiene nada que ganar en una guerra contra Rusia y contra China y sí todo que perder.

Tener un grupo de la izquierda sólido es la mejor trinchera para hacer frente al auge de la extrema derecha

A.B.: Hablabas del papel del grupo de la izquierda en la próxima legislatura. Sobre esto hemos oído muchas teorías.

M.P.: Efectivamente, uno de los grandes retos va a ser reforzar el Grupo de la Izquierda Europea. Una izquierda fuerte y sin complejos para defender los derechos de la clase trabajadora frente al auge reaccionario y frente a la escalada belicista. Tener un grupo de la izquierda sólido es la mejor trinchera para hacer frente al auge de la extrema derecha. Y quiero detenerme aquí porque está fuera de dudas que nos integraremos en este grupo, del que somos un partido fundador. En ningún momento ha sido una cuestión a debate. Es parte de nuestro ADN político como Izquierda Unida y como PCE. Somos fundadores del grupo parlamentario de “La Izquierda» y del Partido de la Izquierda Europea (PIE). Y en ambos espacios llevamos meses trabajando de cara a las elecciones del 9 de julio.