Recientemente, el Ministro de Transformación Digital, José Luis Escrivá, ha optado por restringir el acceso de menores a la pornografía mediante una app. No será una app específica para este fin, sino la primera versión del mecanismo de identificación electrónica que la Unión Europea quiere desplegar poco a poco para múltiples servicios.
El principal argumento para restringir el acceso de menores a la pornografía es conseguir el bien superior, que es la protección de los menores. Es cierto, que es urgente y prioritario abrigar la infancia y la adolescencia por su mayor vulnerabilidad. Y desafortunadamente la pornografía se está convirtiendo en un elemento fundamental del aprendizaje, de ahí que las agresiones sexuales de niños a niñas estén aumentando desde que se accede al porno a edades cada vez más prematuras. Recomiendo que vean la serie-documental de Mabel Lozano PornoXplotación en RTVE play, donde muestra que los primeros contactos con la pornografía se producen entre los 9 y los 11 años.
La pornografía es el principal vehículo de circulación de la misoginia. Muchas hemos sido conscientes de ello, rechazando profundamente la forma en cómo se han comportado nuestros compañeros del colegio con nosotras. Comportamientos que han ido en aumento por la mayor accesibilidad digital. No obstante, no hay mayor abrigo para la infancia y la adolescencia que el ejemplo de los adultos. De ahí la incoherencia de un gobierno que decide crear un sistema que autorice a mayores de edad al acceso al porno, blanqueando esta industria criminal. Entonces los menores no podrán acceder a la pornografía pero los adultos sí pueden masturbarse viendo a niñas y a adolescentes explotadas. No puede caber más hipocresía en el gobierno.
Y sí, el título de este artículo es de Andrea Dworkin. Esta escritora tiene una obra de lo más intrépida y audaz, “Woman Hating” 1974, en la que expone que la pornografía es un discurso de odio contra las mujeres. Afirma que la pornografía alimenta la política sexual del patriarcado y es útil para sustentar la jerarquía patriarcal. Nos dirán “moralistas y puritanas” por nuestra crítica radical hacia la pornografía, pero la descalificación es una trampa del neoliberalismo para nutrir su mercado con las prácticas sexuales más conservadoras, clasistas y racistas. Bajo la bandera de la libertad nos cuelan una industria que se nutre de la trata de mujeres. Fue en EE.UU. desde donde se hizo de internet un paraíso sin restricciones para mercados legales e ilegales, donde los consumidores pueden ser anónimos como sucede con la pornografía y donde el dinero puede comprar cualquier cosa, incluso saltándose los derechos humanos. Por tanto, la libertad de consumir porno es libertad sólo para los ciberaficionados, para los proxenetas y en general, para las organizaciones criminales que trafican con mujeres y niñas. La serie-documental de PornoXplotación expone casos reales que narran que la pornografía, industria socialmente aceptada, esconde un juego sucio raptando a mujeres, y muchas de ellas menores, las cuales tienen muchas dificultades para salir porque los proxenetas las amenazan con causar daños a sus familias que intentan ayudarlas a salir del infierno. No puede haber más crueldad en la captación forzosa de mujeres menores que les esperan humillantes bukkakkes. Por si no lo sabéis, consiste en la masturbación de hombres en grupo sobre una mujer y en casi todas las ocasiones ésta tiene que tragarse todas las eyaculaciones. Y por añadidura, esta práctica, en realidad es un castigo que se remonta a Japón feudal como represalia a las mujeres que habían sido infieles. Lo que pone de manifiesto el triunfo de la erotización de la humillación sexual en la pornografía en la actualidad.
A fin de cuentas, restringir la pornografía a los menores es una media insuficiente. Se trata de restringir el acceso a todos porque ejerce gran influencia en nuestra socialización, en definir nuestra educación sexo-afectiva, donde todos, menores y mayores, actúan por imitación y por tanto, por dominación. Y con mayor motivo porque es una esclavitud sexual para las mujeres y niñas. El gobierno habría obrado correctamente restringiendo el acceso a menores si la pornografía fuera solo sexo, pero como la pornografía es desgiualdad y esclavitud, está falseando sus razones. La única solución pasa por abolir la industria prostitucional, que abarca también la pornografía. Para ello necesitaríamos un gobierno que plante cara al mercado y que renuncie al privilegio masculino de consumir porno. ¡Basta de humillación! ¡basta de abuso físico y psíquico! ¡basta de hipocresía!







