Con esta frase finalizamos la última Asamblea Federal: ha llegado el momento de Izquierda Unida, una reivindicación del capital político de la organización que me honro en coordinar.
Era 19 de mayo, vísperas del inicio de la campaña a las elecciones europeas que han culminado con un final de ciclo iniciado en las de 2014.
Nuestra organización, en un contexto complejo de avance reaccionario y achicamiento de los espacios de la izquierda, se erige con convicción, frente a una cierta tendencia al derrotismo, en un instrumento útil que caracteriza bien el momento político.
La onda expansiva de las ultraderechas internacionales no es imparable. Hay organizaciones como la nuestra que pueden canalizar a quienes están dispuestos a poner en su espejo un modelo alternativo
Estamos en una disputa civilizatoria. La onda expansiva de las ultraderechas internacionales no abre de modo irreversible el campo a la reacción. Los derechos conseguidos por el movimiento obrero de manera continuada desde la finalización de la II Guerra Mundial pueden verse, no ya laminados o disminuidos, sino sencillamente destruidos, convirtiéndose en un paréntesis en la historia de la humanidad.
Lo que plantea IU es que esa amenaza existe, va a por todas y no se va a parar en mientes, pero que no solo no es imparable, sino que hay organizaciones como la nuestra que pueden canalizar los impulsos de quienes no están dispuestos no solo a que no avancen sino a poner en su espejo un modelo alternativo irrenunciable de gobierno, de sociedad, de Estado.
IU interpela a la clase trabajadora a promover la seguridad humana, frente al concepto de seguridad militar y policial del discurso autoritario
IU interpela a la clase trabajadora con el fin de promover la seguridad humana. Este concepto de seguridad confronta con el discurso autoritario que propone seguridad militar y policial. Se trata de dar confianza a las trabajadoras y trabajadores de nuestro país desde una perspectiva de progreso y de no dejar a nadie atrás. Y también de implicación en esta batalla cultural.
Nuestra organización es ya sujeto activo en esta disputa. Con una hoja de ruta clara que da certidumbre a amplios sectores sociales que nos esperan, que nos escuchan, que sienten que IU es su referencia.
Nos ponemos al servicio de la mayoría social con un trabajo que reivindica un campo de acción en la presencialidad del conflicto y también en la organicidad: recorrido por el país para fortalecer los lazos y complicidades de quienes luchan, solidaridad y relación con quienes comparten aspiraciones y desvelos y, siempre, aspiración de espacios de unidad que sean instrumentos eficaces de transformación y mejora de la vida.
Nos decepcionaron profundamente los resultados de las elecciones europeas, y ver cómo nuestro candidato al parlamento no salió elegido. Hemos analizado ese periodo y nos levantamos para seguir trabajando que es lo que hemos hecho siempre, por una unidad sobre la que existe de modo recurrente un cierto desistimiento pero que en nuestra organización se levanta como tradición que nos identifica.
Tenemos una nueva dirección amplia, plural e integradora de las cuatro candidaturas que nos presentamos con su justa proporción, fiel representación de lo que somos y respaldada por el 95%
Todo este tiempo de transición en la organización ha culminado con la elección de una dirección amplia, plural e integradora de las cuatro candidaturas que nos presentamos y su justa proporción, para que los órganos que dirijan IU en estos cuatro años sean fiel representación de lo que somos. No hay mejor señal de satisfacción que empezar con estos mensajes de grandes acuerdos internos para transmitir coherencia cuando toque construir grandes acuerdos externos. Que llegue al 95% el apoyo a la nueva dirección es un buen indicador de que la organización está en lo que está, y su dirección a la altura de su militancia.
No ocultamos las dificultades del momento. La primera Coordinadora Federal que aprobó esta dirección se celebró en la víspera de la segunda vuelta de las legislativas en Francia, con grave preocupación a la espera de los resultados: la expectación e inquietud se tornaron en noche de alegría por la movilización republicana para evitar la victoria de la extrema derecha y su acceso al gobierno de un país clave de la Unión Europea. El Nuevo Frente Popular, al calor del “No pasarán”, provocó una movilización que lo convirtió en la primera fuerza en apoyos y escaños. Alegría y alivio que paró una eventual victoria de los ultras que habría abierto un campo inquietante y de presagios oscuros en la moral del bloque democrático.
La victoria anterior del laborismo en el Reino Unido o este éxito de contención a la reacción en Francia no debe obviar las características de los sistemas electorales de ambos países —mayoritarios y por circunscripción— que pueden generar cierto espejismo en los resultados. En ambos casos la extrema derecha ha aumentado su apoyo, se sitúa amenazante en segundo lugar en amplios territorios, y se erige en el caso francés en la fuerza política con más votos y escaños —no olvidemos que el Nuevo Frente Popular es una coalición que se disgrega en diferentes grupos parlamentarios de funcionamiento autónomo aunque vinculados al programa de mínimos con el que se presentaron—.
Pero hay una lección que no puede obviarse y en la que IU se erige como defensora coherente en su propia trayectoria política: la unidad como condición indispensable para afrontar la disputa con la reacción y construir un modelo de país realmente democrático.
En esas nos encontramos desde una esperanza a partir de los resultados en Francia, que refuerzan la idea de unidad frente a las tentaciones centrífugas que puedan darse en el espacio de la izquierda alternativa. Sabiendo que el modelo francés no es extrapolable al español, pues no lo es ni el marco legal electoral, el sistema de elección o la tradición del pacto republicano que evitó el mal mayor.
En nuestro país gobernamos en coalición, y lejos de imitar se trata de que nos imiten: en vez de ser una excepción ser un ejemplo que se extienda, con un bloque alternativo que no forma parte de ningún gobierno en otro país de la UE y con un bloque de investidura que si algo lo une es su republicanismo. Sean soberanistas, confederales o federalistas como IU, todas las organizaciones con quienes podemos compartir espacios unitarios se caracterizan por el republicanismo, y desde esa transversalidad hay base para construir un modelo de país necesario.
IU es una organización de ámbito federal, con proyecto de país, que reivindica su protagonismo en los debates políticos y su conexión directa con la sociedad desde la intervención social, las instituciones y el trabajo organizado
IU es una organización de ámbito federal, con proyecto de país que ofrecer, que reivindica su protagonismo en los debates políticos y su conexión directa con la sociedad desde la intervención social, las instituciones y el trabajo organizado. E interpela a militar en la vida cotidiana no solo a sus militantes y simpatizantes sino al amplio espectro progresista y de izquierda que debe alzar su voz de esperanza frente al miedo que paraliza y es alimentado por la reacción.
Aspiramos a construir, con calma pero con constancia, espacios de amabilidad política que permita reencontrarnos con quienes hubo desencuentros, y reconciliarnos con quienes hubo discordancia.
Desde esa orgullosa actitud de lucha y ánimo, siendo conscientes de dificultades de toda naturaleza, aspiramos a construir, con calma pero con constancia, espacios de amabilidad política que permita reencontrarnos con quienes hubo desencuentros, y reconciliarnos con quienes hubo discordancia. Por responsabilidad política, espíritu de servicio público y altura y nobleza de aspiración a lo mejor de la sociedad.
Nuestro fin es ser instrumento popular de cambio y mejora, pero también defender unos valores y principios sobre la vida que no estamos dispuestos a que se vayan por el sumidero de la Historia.
¿Y cómo? No hemos inventado nada: programa, programa, programa. Quizá debamos añadir calle, calle, calle y hablar, hablar, hablar. La disputa con el bloque reaccionario se hace mediante la vinculación a propuestas políticas que den claridad sobre lo que representamos, certidumbre de que nuestro fin es ser instrumento popular de cambio y mejora, pero también, y esto es importante, de defensa de unos valores y principios sobre la vida que no estamos dispuestos a que se vayan por el sumidero de la historia.
Somos resistentes y resilientes, no nos atenazan las dificultades y empleamos la pedagogía como modo de alcanzar las aspiraciones de unidad al servicio de la mayoría. Un empeño noble al que vamos a dedicar las mejores energías en el tiempo que la organización decida que sigamos al frente.







