«Cambiarlo todo para que nada cambie» es la frase más inmortal de la novela “El gatopardo”, de Tomasi di Lampedusa, cuando Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, intenta evitar que su sobrino Tancredi se una a Garibaldi y participe en la guerra para unificar Italia, durante la segunda mitad del siglo XIX. Lo que Tomasi di Lampedusa nos quería mostrar es la habilidad de la aristocracia siciliana para adaptarse a cualquier forma de gobierno, y más importante, sobrevivir a esos cambios. Siguiendo la historia moderna de Catalunya, podemos ver cómo la burguesía catalana también ha sabido adaptarse según el momento que le ha tocado vivir.
La década del procés ha provocado un hartazgo de tal magnitud, que cualquier cosa que le pusiera fin, y supusiera un cambio de etapa, se podía convertir en un escenario deseable. Incluso necesario para volver a hablar de los problemas escondidos tras las banderas en lucha. Aunque lo visto hasta ahora parece indicarnos que esta nueva etapa empieza con más sombras que luces.
Y es que en Catalunya llevamos más de diez años sufriendo la incapacidad manifiesta de los diferentes gobiernos de la Generalitat que se han ido sucediendo de Junts y ERC, demostrando que no tenían ningún tipo de estrategia concreta más allá de mantener el folclore y las gesticulaciones independentistas para autoconsumo de su, cada vez más desgastado, electorado. Una década perdida sin resolver los problemas de la gente trabajadora.
Aun así, el pasado 12 de mayo, los resultados electorales dieron una nueva oportunidad para tejer una mayoría de las fuerzas progresistas, sumando los escaños del PSC, ERC y los Comunes para llegar a la mayoría absoluta. En esta nueva etapa estos tres actores políticos serán complementariamente necesarios si se quiere garantizar una legislatura estable y que sea la ruptura definitiva de los bloques nacionales.
Una legislatura estable y progresista dependerá de si ERC es valiente y rompe su dependencia acomplejada de Junts, y de si el PSC no cae en la tentación de hacer políticas conservadoras
Pero este escenario dependerá en gran medida de dos requisitos, por un lado que ERC sea valiente y rompa su dependencia acomplejada de Junts, y por otro lado, que el PSC no caiga en la tentación de hacer políticas conservadoras mirando a los grandes sectores empresariales, aunque algo podemos atisbar con la procedencia de algunos de los “consellers” del nuevo Govern provenientes del mundo convergente.
La configuración del nuevo Govern de Salvador Illa nos anuncia contradicciones en la forma de abordar las políticas públicas, económicas o ambientales. Si bien el PSC gobernará en solitario, estos fichajes indican una maniobra para querer ocupar el espacio de la antigua CiU de Jordi Pujol como partido de orden, estabilidad y seguridad para el mundo empresarial y los sectores nacionalistas hastiados, recogiendo lo que dejaron de ofrecer los neoconvergentes de Junts durante la década del procés (recordemos, por ejemplo, cómo el Banco Sabadell y otras empresas cambiaron su sede social a otras Comunidades Autónomas). También hay que recordar que los restos de Unió Democràtica (el partido cristiano-demócrata coaligado con Convergencia durante 30 años, cuando conformaban CiU) ha acabado integrado en la órbita del PSC.
Así, vemos como un PSC resurgido de sus cenizas se convierte en la referencia política de la patronal catalana. No nos deberá extrañar cuando desde los Departamentos de Empresa y Trabajo se frenen las tímidas propuestas de mejoras sociales, o se quieran aplicar políticas haciendo de facilitadores de los intereses empresariales.
Cumplimiento de los acuerdos de progreso o movilización social
Sin acritud, esperemos que se cumplan los acuerdos de progreso firmados entre el PSC con los Comunes y ERC que han hecho posible la investidura de Salvador Illa, pero hay que tener claro, que sin una apuesta decidida por los servicios públicos será difícil, por no decir imposible, resolver los graves desequilibrios sociales que se arrastran desde la crisis financiera del 2008. Es imprescindible dar solución al deterioro de la sanidad pública y la educación públicas, que han sufrido tanto después de años de recortes y privatizaciones continúas, atajar urgentemente el problema de la vivienda, poniendo freno a la especulación y a los abusos en los alquileres, hacer una inversión integral para la renovación de la red de trenes de cercanías, e impulsar un nuevo modelo productivo que tenga la industria y la economía verde como motores, con la creación de trabajos dignos. Ante los indicios de incumplimiento de los acuerdos, deberemos estar preparados para la movilización social.
Por último, no podemos dejar pasar que el acuerdo del PSC con ERC ha (re)abierto el debate sobre la financiación autonómica, lo que pone de manifiesto que existe un problema general como resultado de un modelo de financiación superada, y sus consecuencias son una financiación insuficiente. En esta legislatura se debe abordar una reforma en profundidad del modelo de financiación, tanto autonómico como local, pero no como un fin en sí mismo, sino como solución vinculada al mantenimiento de los servicios públicos, apostando por un modelo federal, solidario, multilateral y vinculado a una necesaria reforma fiscal progresiva para la obtención de nuevos recursos.
Ahora apenas empieza a andar la legislatura, pero ante la simple gestión tecnócrata de las instituciones es necesario construir la alternativa de izquierdas. Los y las comunistas, que nos reclamamos de la tradición republicana, debemos articular un proyecto que vaya más allá de unas elecciones, un proyecto sustentado sobre la radicalidad democrática y cuyo modelo político, económico y social se concrete en la República Federal y Solidaria, también como solución permanente del conflicto territorial. En ese proyecto, el catalanismo popular, resumido en la máxima de que “catalán es quien vive y trabaja en Catalunya”, debe ser una pieza fundamental para aislar los discursos de tipo identitario de VOX, Alianza Catalana y de sectores de Junts, construyendo comunidad entre el conjunto de la pluralidad de la sociedad catalana.
En la izquierda transformadora representada en el espacio de los Comunes se hace imprescindible abrir una reflexión sobre nuestra incidencia en la realidad catalana
Por último, en la izquierda transformadora representada en el espacio de los Comunes se hace imprescindible abrir una reflexión sobre nuestra incidencia en la realidad catalana, para poder hacer frente a los retos que tenemos en esta nueva etapa, porque es necesario mejorar la vertebración territorial y fomentar el protagonismo de toda la pluralidad del espacio político, para arraigar entre la clase trabajadora, la mayoría social y los barrios obreros de Catalunya, y así poder pasar de ser una organización mayoritariamente “metropolitana” a ser realmente una organización nacional catalana. Dar forma a una alternativa de izquierdas que sea parte de la cotidianidad de la gente trabajadora y no ajena a ella. Es el principal reto que tenemos durante la próxima legislatura.







