Conocer las contra narrativas para la liberación de Palestina y del mundo entero

El final del colonialismo no implicó el de la colonialidad, que es un discurso cultural que atraviesa mentalidades, subjetividades y espacios
Conferencia en Terrasa a cargo de Manu Pineda
Foto: PSUC Viu

El pasado jueves 10 de octubre de 2024 tuvo lugar en el Centro Cívico Montserrat Roig de Terrassa —provincia de Barcelona— una conferencia sobre Palestina a cargo de Manu Pineda, que fue eurodiputado por el Grupo de Izquierda (The Left) y delegado del Parlamento Europeo para las relaciones con Palestina entre 2019 y 2024. El…

El 7 de octubre de 2024 la mayor parte de los diarios hegemónicos del Estado español se hacían eco de una misma idea: “el trauma de Israel”. A pesar de que su trabajo no se centra en el ámbito político internacional, consideramos relevante el concepto de trauma de Judith L. Herman. Para Herman, en el trauma “el secreto es el que gana, y la historia de ese acontecimiento traumático no sale a la superficie como una narración verbal, sino como un síntoma.” (Herman, 2004: 17). Lo sorprendente es que los medios hablaban de un “trauma israelí” pero no de un “trauma palestino”. Este silencio respecto al trauma de Gaza, que tan bien menciona el filósofo y activista italiano Franco Bifo Berardi para Ctxt, también ha sido una de las mejores bazas de la manipulación israelí y la complicidad europea mediática. Así, por un lado, ciertos diarios llenaban sus portadas con una fotografía sobre el trauma israelí, que es el trauma del ocupante, del verdugo, del genocida. Para Berardi, el genocidio que se desarrolla en Oriente Próximo “marca el triunfo de la ferocidad en el escenario de la historia”. (Berardi, 2024). Dicha ferocidad hace posible que el secreto se imponga sobre la palabra.

Y es que a la hora de evaluar históricamente una estructura como la del colonialismo de asentamiento (Ilian Pappé) llevada a cabo por la entidad sionista israelí, es imprescindible adentrarse en cómo se ha estructurado la narración histórica del ocupante. Si recuerdan la obra de L. Austin Cómo hacer cosas con palabras, sabrán que el discurso (la narración) es una herramienta de poder que puede ser utilizada para imponer un punto de vista, para manipular la información o, incluso, para infundir miedo.

En 1968, año en que Israel ya había llevado a cabo una de sus más letales masacres, conocida como Guerra de los Seis Días (junio de 1967), se produjo un cambio en la historiografía palestina relevante para la lucha posterior; se trataba de una historiografía militante y comprometida con su propia patria. La empresa fue llevada a cabo por Ahmad Samih Khalidi a través de un diccionario titulado Ahl al-ilm wa al-hukm fi rif Filastin (Eruditos y dirigentes en la Palestina rural). En dicho documento, se recopilaban historias del campesinado palestino con el objetivo principal de recoger fragmentos de la historia palestina sepultada bajo el acontecimiento traumático del silencio impuesto por Israel. La narración israelí, que infundía miedo y terror, debía ser expuesta al mundo; pero aquel mundo de finales de los 60 era aún demasiado hermético para la mayoría de las personas e Israel lo sabía. Y, por eso, había un control férreo sobre los libros de texto utilizados para la educación de los y las palestinas.

Hacia la década de los 70-80, surgieron varios cambios determinantes en la contra narrativa israelí. Historiadores como Walid al-Khalidi (que, entre otros esfuerzos, llevó a cabo una incorporación de conceptos históricos occidentales propios de la poscolonialidad) abandonaron cierta historiografía espiritual por otra de carácter más académico y… más eurocéntrico. A pesar de ello, fue Al-Khalidi quien utilizó el vocablo nativo al hablar de las y los palestinos e inmigrantes a las y los israelíes; además, tuvo el coraje de mencionar al sionismo como actividad colonialista, lo que “incitaba a la comunidad internacional a actuar para poner freno a una práctica tremendamente desacreditada después de la Segunda Guerra Mundial.” (Echeverry, 2022: 10)

No es casual que fuese también durante este periodo contra narrativo cuando se creó el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP, 1973). Entre algunas de sus reivindicaciones, estaba la de apoyar el patrimonio popular y la literatura de resistencia, frente a un Israel que robaba sistemáticamente no solo sus tierras, sino su cultura y su memoria. Israel había destrozado (sigue haciéndolo) su arte, sus restos arqueológicos, sus ciudades… sus nombres. Así, a Yaffa se le denominó Tel Aviv; a Al-Khalisa se le llamó Kiryat Shmona; a Al-Khalil, Hebrón; y a Al-Quds, Jerusalén, entre otras. Canibalismo cultural puro y duro que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Foto: PSUC Viu

¿Por qué los medios de comunicación hegemónicos europeos creen la mentira israelí? No se ofendan, lo cierto es que la mentira forma parte de nuestra historia como occidentales. Repito: no se ofendan; no trato de afirmar que todas las y los europeos seamos colonialistas. Pero, como señalaba Pineda y también Garzón en la conferencia antes mencionada, sí que prevalece cierta colonialidad en nuestras mentes, ya que el final del colonialismo no implicó el de la colonialidad; y es que la colonialidad es un discurso cultural que atraviesa mentalidades, subjetividades y espacios. En referencia a los medios de comunicación, el discurso de la colonialidad es directamente proporcional a su hegemonía como medio de comunicación. Por ello, aunque a priori nada de lo comentado por Pineda en la conferencia organizada por PSUCviu Terrassa fuera nuevo, la defensa a favor de la causa palestina merece toda esta justificación una y otra vez. ¿Por qué? Muy sencillo: porque, aunque el discurso es una herramienta de poder, de manipulación y guerra, también es una herramienta para fomentar la paz. No me refiero a esa paz que es la restauración de una injusticia (esa que se muestra en una foto de altos mandatarios). Nuestro discurso está enfocado a esa paz que procura investigar las causas, que humaniza a todas las personas implicadas en un conflicto, que atiende a las partes invisibles del conflicto, que rechaza la propaganda política y mediática, y, muy importante, nuestra narrativa de paz debe destacar todas las iniciativas pacíficas, debe promover una cultura de paz y promocionar no solo leyes punitivas contra los criminales como Netanyahu, sino dar a conocer también propuestas creativas para la paz. Pineda señalaba al final algo importante: decaídas, deprimidas y frustradas no servimos a la causa palestina, que, insistió, es la causa de la Humanidad.

Referencias bibliográficas:

Austin, John L. (2016) Cómo hacer cosas con palabras. Madrid: Paidós.

Echeverry Tamayo, Juan David (2023) Historiografía e identidad palestina en el siglo XX en Estudios de Asia y África, vol. 58, nº 3 septiembre-diciembre, pp. 1-14. Disponible en https://www.redalyc.org/journal/586/58675827001/

Herman, Judith. (2004) Trauma y recuperación. Cómo superar las consecuencias de la violencia. Madrid: Espasa: 2004.

Bifo Berardi, Franco (8 de octubre de 2024) Pensar en la ultimidad en Ctxt. Disponible en: https://ctxt.es/es/20241001/Firmas/47592/Franco-Bifo-Berardi-Ultimidad-discurso-odio- comunicacion.htm

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