¿Dónde estaban las asturianas en 1934? Una buena pregunta que merece alguna respuesta, al menos modesta. En una entrevista reciente de nuestra periodista Patricia Martínez, Adrian Shubert, un pionero en la historia de la revolución de 1934, afirma que cuando leyó su tesis doctoral “Hacia la revolución. Orígenes sociales del movimiento obrero en Asturias (1860-1934”) (publicada en Crítica, 1984), una persona del tribunal, Eric John Ernest Hobsbawm (1917-2012) le hizo la misma pregunta. Señala ahora que, por supuesto, esto era un vacío enorme en su tesis. Supongo que tendría la confianza que los nuevos tiempos lo subsanarían. Según su tesis en 1872 trabajaban en las minas 534 mujeres, en 1934, 651 desempeñando puestos auxiliares, en la criba, en la fábrica de coque, como guardagujas, en tareas de limpieza, casi todas solteras y menores de 22 años, lo que le permitía concluir que su trabajo era de complemento de la economía familiar. Esta es una de las primeras referencias que yo leí sobre las obreras en la minería. Recuerdo el interés, como el de Shubert, de la historiografía anglosajona en explicar cómo se había producido un golpe de Estado en 1936, en una democracia joven, qué factores habían acelerado el impulso del fascismo en la España republicana, siguiendo la estela de nuestro maestro David Ruiz (1934-2022).
David Ruiz había iniciado un camino. En El movimiento obrero en Asturias. De la industrialización a la II República (1968) analizaba el contexto en el que la clase obrera asturiana se había fraguado desde los inicios de la industria asturiana hasta las puertas de la proclamación de la República. Sus investigaciones y estudios posteriores lo llevaron hasta su interés por el 34 “la primera revolución obrera de España y la última de Europa”. Muchas publicaciones se sucedieron en el tiempo explicando, antecedentes, causas, consecuencias, represiones, muertes y cárcel y una situación que se volvió insostenible cuando las fuerzas del fascismo determinaron que España sería el núcleo operativo de la primera aproximación para derribar las democracias europeas. Todo un conjunto, cuya puesta al día han contribuido 11 investigadores y 2 investigadoras y que nos aportarán un saber histórico imprescindible para seguir indagando sobre ella (Octubre 1934). Pero seguimos preguntándonos dónde estaban las mujeres. Conviene pues indagar un poco.
Algunas espiaban en los cuarteles de la Guardia Civil llevando café, otras asaltaron los comercios para requisar alimentos, las cigarreras aportaron tabaco
En los comienzos del siglo XXI, Pamela Beth Radcliff, De la movilización a la guerra civil. Historia política y social de Gijón (1900-1937) nos introdujo en algunos antecedentes sobre la Alianza Obrera que se había producido en aquella ciudad y que tenían como protagonistas a las gijonesas. El 30 de mayo de 1934, y en representación del barrio de El Llano, las mujeres se trasladaron al despacho de la Alcaldía para protestar por la subida del precio del pan y, de paso, expresar su desacuerdo con la política económica del gobierno. Como señala Radcliff, luchaban por la subsistencia, pero lo hacían de una forma directa, yendo al núcleo del poder municipal, mostrando sus desencuentros con la república. Y cuando estalló el conflicto, tras la revolución, Cimadevilla, el barrio popular y donde se producían enfrentamientos de clase contra clase, quedó en los primeros días en manos de quienes habían iniciado la revolución. Poco duró porque el acorazado Libertad comenzó a bombardear y Cimadevilla se tuvo que rendir. En este caso las mujeres sacaron sus sábanas blancas pero la policía entró y tras la correspondiente redada llevó a quienes consideraron a encerrarlos en una iglesia y torturarlos, no sabemos si a las gijonesas de Cimadevilla las torturaron. Es de suponer además que recibirían el “castigo” por su pertenencia a un sexo que no debía rebelarse, pero eso aún no lo sabemos. Terminó la “revolución” en Gijón, la huelga siguió. En todo caso había que garantizar los suministros y el abastecimiento de la población. Así que 56 panaderías hicieron el trabajo para poder alimentar a la población insurgente y que aún resistía en algunos barrios. Las mujeres estuvieron cooperando: las cigarreras aportaron tabaco, algunas mujeres espiaban en los cuarteles de la Guardia Civil, llevando café, otras asaltaron los comercios de El Llano, La Calzada y El Musel para requisar alimentos y como dice Radcliff “libraron su propia batalla particular”. Cuando en 1935 se juzgaban a los y las rebeldes de Cimadevilla (suponemos que también habría mujeres, pero no sabemos) cientos de ellas se personaron en la sala donde se les juzgaba, y cuando llegaron los presos desde la prisión de Pamplona a Gijón, fueron a recibirlos a la estación y los acompañaron todo el camino hasta la cárcel de El Coto, cantando la Internacional y dando vivas a la Revolución. Cuando en 1936 se amnistió a aquellos presos (900, según Radcliff) fueron a la salida de la cárcel y los acompañaron por las calles de Gijón hasta sus casas o hasta el ferrocarril. Es más, el 17 de octubre, aún sin la “victoria total” varios ministros llegaron a Gijón a condecorar a los soldados gubernamentales y a quienes representaban al mundo financiero y de “orden”. Hubo manifestaciones de protesta, en ellas estaban las mujeres. El Noroeste consideró que había que poner fin a “tanta anarquía” y llamaba a la reflexión. Las mujeres ahí estaban, solo hay que investigar con perspectiva.
¿Qué se ha escrito sobre la presencia de las mujeres en este proceso revolucionario? Alfonso Zapico y Aitana Castaño nos han obsequiado con una trilogía minera: Los niños del humo, Rastros de ceniza y, sobre todo, Carboneras: “Luchaban contra la silicosis, contra el olvido, contra una sociedad que las ignoraba y contra ellas mismas y sus destinos. Eran las carboneras. Madres, abuelas, tías, hermanas, vecinas, amantes y esposas de todos los niños de humo que nacieron, se criaron y murieron con las cuencas mineras metidas en el corazón”. Esta trilogía nos las recuerda, en todos los momentos y también en la lucha y las represiones del 34. Cómo no recordar La balada del Norte, una epopeya en la que los personajes narran la historia y la intrahistoria. Aitana Castaño y Alfonso Zapico tienen presentes a las mujeres.
Como si se tratara de un conjunto de artículos periodísticos La revolución de octubre en España, publicada en 1935, recoge, entre las múltiples noticias, dos de interés. “Cuatro revolucionarios comenten un repugnante crimen con tres mujeres. Las asesinan después de atropellarlas”. No sabemos si se trata de una noticia “intencionada”, y, si en verdad, se trataba de revolucionarios; pero lo que sí está documentado es que fueron cuatro hombres los que invitaron a un paseo a tres jóvenes, parece que de familias revolucionarias. Las condujeron a un lugar, donde las violaron, las atropellaron con un coche y llevaron sus cadáveres a la fosa común del cementerio de Oviedo. Estos sucesos están acreditados en “Copias de unas confesiones con motivo del asesinato y violación de tres muchachas durante los sucesos de octubre de 1934” (consultado en PARES). Nos preguntamos, entre las muertes, desapariciones, torturas, cárceles, ¿de cuántas mujeres hay constancia? Aún esperamos respuesta. En el asalto al cuartel de la Guardia Civil de Ciaño (Langreo), se sucedió una tenaz resistencia por parte de los números de la guardia allí presentes. Se dejó salir a las mujeres y a los niños y niñas que habitaban las casas del cuartel. Y una mujer se resistió a salir, prefirió seguir la suerte de su marido. Primero murió él y cuando se dirigía a socorrerlo la mataron también. La crónica se titula “Un hermoso y trágico caso de amor conyugal”. ¿Cuántas mujeres murieron, fueron asesinadas, se defendieron por la Alianza Obrera? ¿Cuántas fueron procesadas, juzgadas, cuantas sufrieron penas de cárcel, cuántas salieron de la cárcel y pudieron contar los hechos revolucionarios para incluirlos en la historia?
Entre los múltiples y miles de expedientes policiales, judiciales que se conservan en el Archivo Histórico de Asturias, que se guardarán en otros archivos que albergan fondos judiciales, ficheros de la población reclusa, expedientes político-sociales, expedientes de depuración, fondos de mujeres, fondos orales, fotográficos, aún hay contenido para investigar. Todos y todas conocemos la historia de Aida de la Fuente Penaos, pero de su hermana, María de la Fuente Penaos, que la sobrevivió, constan las instrucciones policiales, detenciones, estancia en cárceles, tanto la de Oviedo, como la de Madrid, en el Archivo Histórico de Asturias. ¿Cuántos expedientes de mujeres policiales, de detenciones, de estancias en cárceles entre 1934, 1935, por ejemplo, han sido analizados? ¿Qué causas se les atribuyen: rebelión militar, acompañamiento a la rebelión, esconder dinamita, transportar armas, esconderlas, esconder a “terroristas” (así se decía de los guerrilleros y fugaos)? Los testimonios orales que conservamos han cubierto lagunas. AFOHSA (Archivo de fuentes orales para la historia de Asturias) ha hecho un gran trabajo. Sabemos, por la entrevista oral y por las cartas inéditas que se intercambió con José Barreiro García, que Adelina Antuña Suárez apoyó la revolución de 1934 y actuó en consecuencia. Su lucha continuó con motivo del golpe de Estado y fue torturada y encarcelada. Se exilió a Francia. María Fuencisla Fernández de Landa, Carmen Cuervo, en Asturias, 70 años, 70 voces recuerdan muchos de los hechos acaecidos en la revolución del 34 y los subsiguientes con el golpe de Estado y la guerra. Sus testimonios, cuidadosamente recogidos, tienen la virtualidad de acercarnos la perspectiva y la visión de las mujeres. El reciente libro sobre el 34 de Ernesto Burgos recoge “La confesión de Pilar González” sobre el camino que recorrió el dinero que se extrajo del Banco de España en Oviedo, que se acompaña de un juicio de valor sobre la actuación de Pilar: “sorprende tanto la cantidad (450.000 pesetas) como la confianza que se depositó en una joven sin mucha experiencia que en principio no parece la persona más indicada para algo de tanta importancia; sin embargo, no hay razón para desconfiar de una declaración tan pródiga en detalles…” Desconocemos la edad de Pilar, pero la suponemos con capacidad de hablar, juzgar y actuar y, solo su disposición a ayudar a que la revolución triunfase, dice mucho a favor de su nivel de conciencia y su implicación en los hechos. ¿Cuántas mujeres, cuántas asturianas se implicaron en el movimiento revolucionario? ¿Cómo actuaron?, y, debemos creer en su palabra, por supuesto, la narrativa sobre el 34 está llena de testimonios de muchos varones a quienes se les atribuye todo el valor. Y, por fin, sí conocemos a través de otro artículo de Burgos la historia narrada sobre los hechos de María Luisa Carnelli (1898-1987), una poetisa, escritora, corresponsal de guerra que llegó a nuestra Asturias en 1935 y escribió y publicó UHP. Mineros de Asturias. Aunque en un principio fue tomada por espía, luego se la respetó y pudo recoger la información de muchas fuentes, de represores y reprimidos, de las fuerzas del orden y del trabajo. Quizás merezca una edición actual UHP. Muy acreditadas están las visitas de republicanas y diputadas como Clara Campoamor a Asturias, después de 1934. El legado republicano nos dejó la historia de muchas mujeres, muchas asturianas que podrían narrar la historia desde la base, esa historia social en la que creía Adrian Shubert, siguiendo la “escuela” de Edward Palmer Thompson (1924-1993). La historia de la gente corriente, la historia de las asturianas que vivieron el 34, quizás puede ser aún rescatada, quizás aún nos podemos acercar a una interpretación de los hechos que respetando todo lo escrito e investigado abra las puertas de nuestra llegada, la de las mujeres, las asturianas, que seguro aportaremos más luz. Esto es un llamamiento a la esperanza, pero también al trabajo derivado de investigaciones que no pierdan el punto de vista de que hay dos sexos, hombres y mujeres que han construido una historia en común. Mucho hay investigado en nuestro país desde los años setenta del siglo XX y tenemos para estos estudios e investigaciones la mejor de las consideraciones. Sigamos haciéndolo y rescatemos a las mujeres, a las asturianas, a las españolas y sus reflexiones y vivencias sobre la Alianza Obrera de 1934.







