Convocado con acierto por la Revolución Bolivariana, se celebró en Caracas durante los días 11 y 12 de septiembre un muy necesario Congreso Internacional contra el Neofascismo, donde se dieron cita delegados de 95 países de cinco continentes, con participación de más de 1.000 delegados venezolanos y extranjeros (más de cien compañeros de África) con el fin de analizar y enfrentar una preocupación muy extendida en la izquierda internacional por el crecimiento y la ofensiva de un neofascismo que, impulsado por el capitalismo que es quien lo financia, ya ha llegado a diversos gobiernos en diversos lugares del mundo y amenaza a las naciones democráticas y a los pueblos que luchan por su emancipación con proyectos autoritarios y dictatoriales y que está impulsando la guerra en distintas partes del mundo con objetivos neocolonialistas e imperialistas muy agresivos.
Participaron en este Congreso representantes de partidos políticos de izquierda y dirigentes de movimientos sociales que analizaron las causas del auge del neofascismo en el mundo, y debatieron sobre qué hacer para fortalecer la batalla de las ideas que hay que dar, y las estrategias necesarias para enfrentar y combatir ese crecimiento del neofascismo: para frenar sus ideas anticomunistas, antifeministas, racistas y xenófobas, e impedir que sigan accediendo a gobiernos; para impedir sus políticas autoritarias, totalitarias y antidemocráticas contra los derechos y libertades de los trabajadores y los ciudadanos, contra los pueblos que luchan contra el neoliberalismo y la explotación.
En los debates se prestó mucha atención también al uso de los grandes medios de comunicación por parte del capital y las grandes multinacionales, verdaderas dueñas de los medios, que han lavado la cara y dado carta de naturaleza aparentemente “democrática” a partidos neofascistas como Vox en nuestro país —y así en otros países—, partidos racistas y supremacistas con un camuflaje populista que esconden proyectos autoritarios, neofascistas y ultraliberales verdaderamente muy peligrosos para los pueblos y las clases trabajadoras del mundo.
Se habló de cómo enfrentar una guerra ideológica que se está desplegando en los medios de comunicación, y en los periódicos y noticieros, nunca como hoy tan controlados por los poderosos, y que imponen un relato global sobre los inmigrantes, Venezuela, la guerra de Ucrania o el genocidio de Palestina, con pretensión de lavar las conciencias de los ciudadanos y globalizar un relato hegemónico favorable a sus intereses imperialistas.
Muy destacada fue la presencia en esta ocasión en Caracas de los representantes de movimientos de liberación de África, siempre abandonada y criminalizada. Acudieron importantes dirigentes panafricanistas, socialistas y progresistas que luchan, por ejemplo, contra el neocolonialismo francés en África Occidental y sus multinacionales. Representantes de Guinea Bissau, Burkina Faso, Mali, Senegal, República Centroafricana o Ghana, explicaron las luchas en sus países impulsando rebeliones populares y defendiendo para ellos una independencia económica real, no solo política. Se dieron cita en Caracas y nos hicieron llegar el sentido y los objetivos de sus luchas. Amílcar Cabral, Tomás Sankara, Patrice Lumumba o Ben Barka, están más vivos que nunca en las agendas de los pueblos y movimientos de liberación africanos. Por nuestra parte, asistieron Maite Mola, Manu Pineda, Cristina Simó, Fran Pérez y Elena Ollero, representando al PIE, PCE, Movimiento Democrático de Mujeres, IU y a la UJCE, respectivamente.
Desde Europa, ponentes cualificados denunciaron también el auge de proyectos autoritarios y neofascistas y la coordinación entre estos y el trumpismo para convertirlos en activistas expertos en batalla de ideas y comunicación. Se vieron muchas situaciones, país a país, donde la internacional negra se está coordinando para formar a los cuadros de las ultraderechas en diversos países con una estrategia deliberada y coordinada. La izquierda internacional debe también coordinarse y estudiar cómo impulsar la formación de cuadros en ideología y comunicación, intercambiando experiencias. Se habló también del neofascismo en América Latina para la promoción del ascenso a los gobiernos por vías democráticas (Bolsonaro, Javier Milei) o autoritarias (Bukele, golpismo en Bolivia o Venezuela), y la implicación del sionismo, el lawfare, las iglesias evangélicas y los servicios de inteligencia en esas estrategias de combate a los proyectos democráticos y populares.
Hay que agradecer a Venezuela, punta de lanza contra el fascismo y por la paz en el mundo, la convocatoria de este Congreso, porque era una necesidad política e histórica de la izquierda internacional y de los pueblos. Esta fue una primera ocasión, pero se acordó darle continuidad al Congreso cada año, y articular un sistema de coordinación entre organizaciones representativas de los cinco continentes para seguir debatiendo e intercambiando ideas, estrategias, documentos, políticas, durante todo el año.
El Congreso antifascista fue un clamor denunciando el genocidio del pueblo palestino, los derechos de autodeterminación del pueblo saharaui, reclamando la paz para la guerra de Ucrania y condenando los esfuerzos del imperialismo por torcer la voluntad democrática del pueblo venezolano expresado en las urnas el pasado 28 de julio. Como no podía ser de otra forma, el apoyo a la victoria y legitimidad de Nicolás Maduro como presidente democrático de la Revolución Bolivariana obtuvo un apoyo unánime.
Camaradas, más que nunca, debemos ser siempre antiimperialistas, anticolonialistas, antirracistas y antifascistas. En Caracas se gritó también en varias ocasiones el ¡No pasarán! Y lo más importante: se decidió coordinar las estrategias para combatir al neofascismo.








