«Non, non, non, la bête n’est pas morte, la bête est en nous!»
Émile Bravo
¿Puede un tebeo para la infancia ser vehículo transmisor de valores antifascistas y seguir siendo chispeante y divertido? La respuesta —lo adivinarán— es afirmativa. Es lo que han conseguido los autores de Los amigos de Spirou, publicado en nuestro país por la editorial Nuevo Nueve.
Jean-David Morvan ha escrito, David Evrard dibujado y Ben BK coloreado un cómic basado en hechos reales, ambientado en la Bélgica ocupada por las tropas nazis. Morvan ya había entregado otros trabajos relacionados con la Resistencia, como la serie dedicada a Madeleine Riffaud o el reciente volumen sobre el grupo Manouchian. Evrard también ha prestado sus pinceles con anterioridad para retratar la historia de otra resistente, Simone Lagrange.
En esta ocasión, han optado por mostrar en viñetas una historia muy poco conocida, la del papel que jugó la revista infantil Le Journal de Spirou al servicio de la Resistencia belga. Al frente de su redacción se encontraba Jean Doisy, nom de plume de Jean-Georges Evrard, simpatizante comunista, quien en 1939 se había manifestado públicamente en solidaridad con los republicanos españoles al lado del secretario general del Partido Comunista de Bélgica, Xavier Relecom.
Tras la invasión nazi de Bélgica, Doisy se enrola en la Resistencia, donde es uno de los animadores del Front de l’indépendance, de tendencia mayoritariamente comunista, se ocupa de tareas de reclutamiento para las Milicias Patrióticas y colabora con la prensa clandestina. Es pieza clave en la preparación de la misión de infiltración de Victor Martin en el universo concentracionario de Auschwitz, lo que sirvió posteriormente para documentar la existencia de los campos de la muerte, y capta a Suzanne Moons, «madame Brigitte», con el propósito de ocultar a más de seiscientos niños y niñas judíos, que así lograron evitar su deportación.
Precisamente en el domicilio de Suzanne Moons traba relación con su hijo André, un joven que siente pasión por las marionetas. Cuando a comienzos de 1943 el invasor prohíbe la publicación de Le Journal de Spirou, Doisy decide crear junto a Moons el Théâtre du Farfadet, con el que recorren toda Bélgica ofreciendo un espectáculo de marionetas basado en los populares personajes de la revista infantil. Sin embargo, entre los bastidores de la compañía se mueven con facilidad integrantes de la Resistencia que, de esta manera, logran burlar los controles policiales. Esta historia se encuentra bellamente narrada en el álbum Le Petit Théâtre de Spirou, dibujado por Al Séverin y publicado por Dupuis.
En paralelo, Doisy, en su condición de redactor jefe de Le Journal de Spirou, había alentado en 1938 la creación del club Amis de Spirou (AdS), que preconizaba un código de honor basado en ideales como la franqueza, la rectitud y la fidelidad a su país. A lo largo del periodo de ocupación, muchos preadolescentes que formaban parte del club se fueron convirtiendo en jóvenes que no dudaron en ser fieles a su promesa. De esta manera, sirvieron como correos, estafetas e, incluso, participaron en acciones armadas de la Resistencia, lo que les valió perder la vida a algunos de ellos.
Los amigos de Spirou son una pandilla compuesta por cinco niños (Georges, Pierrot, Paulo, Armand y Flup), a los que se añade una niña judía (Miche), acogida y ocultada por sus compañeros, con la complicidad de Salvador, un refugiado español. La acción principal se sitúa en septiembre de 1943, en la localidad de Marcinelle, donde nuestros AdS se enfrentan sin complejos con las juventudes del Partido Rexista, los pro nazis de Léon Degrelle.
Impulsados por la necesidad de organizar actividades de resistencia con los medios de que disponen, el grupo de Amigos de Spirou decide echar mano de un arma con la que no cuentan los militares alemanes: la fuerza de la palabra y las imágenes, el poder de los tebeos. Así, desde su escondite, dibujan e imprimen una divertida historieta, en la que se ridiculizan los símbolos nazis. Las hilarantes secuencias de distribución de los folletos y las persecuciones subsiguientes no impiden cerrar el álbum de una forma trágica.
Morvan intercala estos acontecimientos con un salto adelante, en el que asistimos a una imagen de duelo en el cementerio de Marcinelle, frente a la tumba de dos jóvenes mártires por la libertad de Bélgica. Un atribulado Doisy no puede evitar un sentimiento de culpabilidad por haber alentado la rebeldía de estos muchachos.
El estilo de dibujo de Evrard, fiel a los preceptos de la línea clara propios de la Escuela de Marcinelle, se ve enriquecido por un contrastado uso del color por parte de Ben BK. El envoltorio formal de la obra se corresponde con lo que se espera de un cómic destinado a un público infantil, pero la grandeza de este libro es el doble nivel de lectura que proporcionará una gran satisfacción al adulto interesado en conocer esta hermosa y triste estampa de la lucha contra el fascismo en Bélgica.







