Convocatoria

Se nos convoca a la organización y la querencia territorial frente al impulso semiótico y las técnicas de imagen, frente a los hiperliderazgos; es decir, frente a la política sin gente
Antonio Maíllo. Convocatoria por la democracia

Para Antonio Romero

Nuestra necesidad más acuciante es la unidad antifascista, frente al neofascismo que se “vende” como antisistema, disfrazando sus ansias por un capitalismo tardío de excepción. Unidad integral, más allá incluso de la frontera de la izquierda transformadora, sabiendo que los amigos son diferentes según qué tramo del camino. Pero con una condición: que podamos seguir existiendo como tal izquierda alternativa. Nuestro pacto contra el diablo de la posmodernidad, transformado en ideología dominante en que todo es mercado (espacio, tiempo, carne y obra), no pasa por entregar el alma para que viaje en la mochila de nadie, y eso requiere no dejar de zurcir con ese hilo rojo del que, afortunadamente, no dejamos de hablar, aunque es verdad que muchas veces, desde la “conquista” de la democracia, hemos zurcido los desgarros de una bandera roja que constantemente se iba rompiendo por otro lado. Ahora debe ser algo distinto, sin tapujos ni falsos pudores, sin cancelar a los socios con los que podemos llegar al final de un proceso de cambio real. Ya. Desde ya. Desde ahora. Desde esta “Convocatoria”. A partir de este frente amplio del que se habló, y quedó escrito, en el Congreso del PCE.

Ahora debe ser algo distinto, sin tapujos ni falsos pudores, sin cancelar a los socios con los que podemos llegar al final de un proceso de cambio real. Ya. Desde ya. Desde ahora. Desde esta “Convocatoria”

Unidad de la que está preocupado el presidente Sánchez con respecto, dice, y repiten sus asesores, incluso los poetas de Estado, a las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE. Pero no es eso, no es eso. El referente para situarse a la izquierda no es ningún partido, sino la alternativa a una realidad que cada vez es más invisible porque se “naturaliza” en la gente. Y es ese el problema: un capitalismo, comunicativo y de mercado, que ya no solo te compra la fuerza de trabajo, ocho horas diarias, sino que te compra todo el tiempo: la vida, la “mano oculta” de la vida y sus casualidades.

Quizás por eso en la Convocatoria por la democracia de IU se ha abogado por un giro de no poca importancia con respecto a la política de alianzas, a ese frente amplio que, por serlo, no admite cancelaciones ni vetos; y que por evocar la democracia, la de verdad, no admite que los dirigentes sean algo distinto, alejado de la gente, con una democracia propia, basada más en la seducción que en el convencimiento, más en una comunicación sin ruido que en un debate permanente donde se digan (fraternalmente) las cosas, todas las cosas, sin necesidad de señalar con un cuchillo el tercer espacio intercostal izquierdo.

Y en el mismo sentido se anuncia un relato, una propuesta, donde junto a las “cositas”, nunca desechables, que se consiguen desde la habilidad y el silencio, se tiene en cuenta aquella fantasía alternativa de la que hablaba Gramsci, como arma fundamental para combatir el dogmatismo de la resignación (ojo a algunas variantes del término “resiliencia”). De ahí que se ponga en primer término la recuperación de la lucha cultural y/o ideológica, a partir de las pocas señales ideológicas que trasladaron Marx y Engels, tan embebidos por la política y la economía; es decir, lo que mantenían en una página impagable de La ideología alemana, que resumo por aproximación: La ideología dominante es siempre la ideología de las clases dominantes, que imponen la explotación y el dominio, quitándole a las clases dominadas la posibilidad de crear un “espíritu” alternativo (fin del resumen). Por entonces los dos colegas mantenían una terminología hegeliana, que poco después, siguiendo un poema de Shelley, cambiarían para ciertos usos por la voz “fantasma”. ¿Cuándo se elevará —nos dijo el poeta— ese glorioso fantasma que nos libere de estos tiempos convulsos?

Pues bien, el fantasma al que se nos convoca es el de la organización y la querencia territorial frente al impulso semiótico y las técnicas de imagen, frente a los hiperliderazgos; es decir, frente a la política sin gente, y algo más: sin gente y sin ruido. Frente a la idea de una vida mejor para la gente, pero sin la gente.

Y todo ello para, en primer lugar, intentar que el malestar social no sea capitalizado por el neofascismo, que busca sustituir el capitalismo clásico por un capitalismo de excepción. Todo ello para intentar no desaparecer en la tremolina de la actual polarización, convirtiéndonos en la izquierda del PSOE, y de nuevo aparezcan los términos de un cierto bipartidismo. Todo ello para organizar-organizar-organizar y recuperar la ética de la representatividad como únicamente se puede hacer: representando bien a la gente pero, sobre todo, siendo gente.

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