Victoria electoral de Donald Trump en EE.UU.

Un neofascista peligroso a la cabeza del imperio USA

El partido Republicano se encuentra hoy bajo el mando de Trump en manos de empresarios del ciber-capitalismo y la inteligencia artificial y de extremistas del neofascismo y la guerra
Donald Trump en un mitin electoral | Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0
Donald Trump en un mitin electoral | Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0

Mientras todavía los especialistas continúan analizando las causas de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU., nos parece oportuno hacer mención de las declaraciones de Bernie Sanders, senador independiente por Vermont (único senador en declararse socialista): «no debería sorprender a nadie que un partido Demócrata que ha abandonado a la clase trabajadora, se encuentre con que la clase trabajadora le ha abandonado». Desde los años 70 en que la globalización capitalista impulsó el neoliberalismo, el partido Demócrata se ha venido pareciendo demasiado al partido Republicano.

No es cierto tampoco, en lo externo, que Trump defienda un EE.UU. más aislacionista o pacifista, como él mismo dijo en una campaña electoral de mentiras sin fin y de manipulación mediática. En política exterior será igual de militarista e imperialista que Biden, lo fue ya en su primer mandato y lo será en este.

El resultado electoral ha dado a Donald Trump un enorme poder que ni siquiera tuvo en 2016, pues tendrá el control de la Casa Blanca, del Senado y de la Cámara de Representantes aunque en esta última ganó por la mínima. El conservador Tribunal Supremo ya le es afín y aprobó el pasado verano la inmunidad presidencial para todo lo que haga durante el cargo, así que la situación que se abre es muy preocupante para EE.UU. y para la humanidad, con un Trump seguramente más autoritario.

En EE.UU. manda la clase plutocrática del imperio oligárquico y el pentágono, lo cual llevó al escritor Gore Vidal a decir hace años que “en realidad da igual que el presidente sea republicano o demócrata” puesto que es un empleado político del imperio. Y es verdad, y al mismo tiempo no lo es. Porque con Trump llegó al poder el neofascismo en 2016, y tras un golpe de Estado contra la democracia y un asalto a la Casa Blanca, ha recuperado ahora el poder con el voto de casi todos los estados decisivos y el apoyo de casi todos los sectores sociales y ciudadanos, incluidos de manera importante la población negra y latina.

Lo novedoso no es solo su ideología. Con Trump llega también al poder político en EE.UU. la clase multimillonaria a tomar el mando personal del buque del imperio. Las élites del capitalismo global tendrán al timón gringo a un neofascista peligroso, tan militarista o más que Biden y Kamala, en un gobierno de multimillonarios. Con descaro sin fin y una codicia sin límites, utilizarán el poder para aumentar su patrimonio personal y como clase oligárquica. Han prescindido de los políticos profesionales del partido Republicano, que ha sido prácticamente devorado por el populismo trumpista de ultraderecha.

En lo interno, desarrollan una red de cientos de organizaciones con implantación en todos los estados del país, que defienden la violencia, el nazismo y el supremacismo blanco

La victoria de Trump es la victoria de un sector del capitalismo imperial que pretende impulsar y desarrollar el neofascismo en el mundo y que abomina desde el triunfo electoral de las revoluciones latinoamericanas de la democracia liberal, y quiere pasar esa página. En lo interno, desde hace años trabajan en el establecimiento de una red de cientos de organizaciones con implantación en todos los estados del país, que defienden abiertamente la violencia, el nazismo y el supremacismo blanco. A ello se dedicó con un trabajo incansable un personaje como Steve Bannon, amigo de Santiago Abascal y de VOX, y primer estratega jefe de la Casa Blanca con Trump.

El partido republicano tradicional ha sido conquistado en pocos años por una red increíble de plataformas neoconservadoras, fundaciones privadas y think tanks que apoyándose en los principios reaccionarios de la Familia, Dios, Patria, han desarrollado un pensamiento neofascista y anticomunista en la sociedad norteamericana con evidentes mensajes racistas y de odio contra la inmigración, el feminismo, los colectivos LGTBI y el derecho al aborto.

En un contexto internacional donde EE.UU. siente amenazada su hegemonía por China como país competidor y con los BRICS como bloque de poder frente al G-7, Trump ha logrado en esta campaña ganar con el discurso y el lema «Haz América grande otra vez». En inglés «Make América Great Again» (MAGA). La base que ha impulsado la campaña de Trump son esas cientos de organizaciones que se han aglutinado bajo ese lema, los círculos MAGA, que sumamente fanatizados, han convencido a millones de norteamericanos de que además Donald Trump es el nuevo líder nacional e internacional, destinado por la providencia para mantener la hegemonía, derrotar a China y llevar la paz y la seguridad al mundo libre. Fundaciones como Heritage y otras, desarrollan ese proyecto capitalista, ultra e imperial para el siglo XXI. Y en estas elecciones se han tomado el Estado.

El partido Republicano se encuentra hoy bajo el mando de Trump en manos de empresarios del ciber-capitalismo y la inteligencia artificial y de extremistas del neofascismo y la guerra. Es otro partido republicano y será otro imperialismo, a nuestro juicio, muy peligroso. En el gobierno estará Elon Musk, el primer millonario del mundo, quien puso la red social X al servicio de Trump y donó 120 millones al partido, y cuya fortuna personal está valorada en 326.000 millones de dólares.

Aunque le hayan votado y no lo sepan, Trump representa una amenaza para los propios ciudadanos estadounidenses pues ya durante la campaña afirmó que pondría a un negacionista de las vacunas al frente de la Salud Pública, que deportará a millones de personas, y que encarcelaría a los «enemigos internos» de los intereses de EE.UU. Nada deben esperar los pobres y las clases trabajadoras de un gobierno de multimillonarios, que no impulsará políticas sociales ni de freno del cambio climático.

Repercusiones en política internacional

Desde Izquierda Unida hemos advertido de lo peligroso que puede ser el gobierno Trump en su política exterior, que será autoritaria, militarista e imperialista. Si bien está por ver si pone freno a la guerra de Ucrania, para lo cual bastaría con dejar de enviar armas a Zelensky y promover un proceso de diálogo y negociación entre las partes, dada su alianza con el sionismo (que siempre es fascismo), no detendrá el genocidio del pueblo palestino, y los conflictos en Oriente Medio pueden extenderse y recrudecerse. Deberemos ser los pueblos mundo, los que desarrollando una importante movilización ciudadana desarrollemos un potente movimiento por la paz que reclame el alto fuego en Gaza y Líbano y el fin del genocidio.

EE.UU. parece encaminar al mundo a una neo Guerra Fría, donde disputen el Norte Global contra el Sur Global, y Trump parece dispuesto a entregar el Dombas a Rusia y lograr el compromiso de que Ucrania no entre en la OTAN. Trump parece seguir las estrategias de Kissinger cuando para romper la alianza entre la URSS y China, buscó la paz con China y el combate contra la URSS. Trump estaría buscando una alianza a medio plazo con Rusia frente a su enemigo estratégico, China.

Con el reciente anuncio de que el Secretario de Estado de los EE.UU. será el nefasto senador de ultraderecha por Florida, Marco Rubio, nada bueno pueden esperar los pueblos de América Latina donde el gobierno Trump combatirá a todos los gobiernos reformistas o revolucionarios de izquierdas, a través de todas las estrategias que con las agencias y el pentágono consideren, desde la financiación de la ultraderecha política al lawfare, el intervencionismo o al golpismo neofascista.

La obsesión anticomunista de Trump y Marco Rubio pretenderá también derrocar a todos los gobiernos populares de América Latina, especialmente Cuba, Venezuela y Nicaragua. Contra Venezuela Trump introdujo ya en 2016 sanciones y políticas intervencionistas durísimas para derribar la Revolución Bolivariana. Con Cuba, no solo pretenden derrotar el histórico proyecto revolucionario continuando el bloqueo criminal e ilegal y el acoso hasta despojar al pueblo cubano de su soberanía y derrocar al gobierno. Los multimillonarios en el gobierno de EE.UU. pretenden despojar a Cuba de playas y tierras, y provocar una reapropiación capitalista de las islas del Caribe con un objetivo inmobiliario y de enriquecimiento, que el especialista y profesor de la UNAM mexicana Edur Arregui Koba ha calculado en 1,8 billones de dólares en capital financiero de control del suelo de Cuba, seis veces la fortuna de Elon Musk.

En el caso del gobierno sandinista de Nicaragua, el anunciado proyecto histórico del canal marítimo que uniría el océano atlántico y el pacífico a través del gran lago de Nicaragua con una obra que impulsarían empresas chinas, ha puesto en alerta a los EE.UU., pues competiría con el canal de Panamá en el control del comercio marítimo.

China, enemigo estratégico

Definida China por la OTAN y el pentágono como el enemigo estratégico principal, EE.UU. necesita controlar primero su patio trasero, tener el control de su zona de influencia latinoamericana, antes de emprender la batalla para la derrota económica, política y militar de China. El imperialismo de los EE.UU., iniciado como nación con el genocidio de los pueblos originarios indígenas, tras décadas de guerras imperialistas y hegemonía mundial, se siente hoy amenazado por el gigante chino, que ya va a la cabeza en lo económico, y que con su proyecto histórico de la Nueva Ruta de la Seda, ha adelantado económicamente a EE.UU. Esto ya se lo dijo el centenario ex presidente de los EE.UU. Jimmy Carter a Trump, cuando preguntado por el presidente millonario qué podían hacer para que China no superase a EE.UU., Carter le contestó que ya era tarde, y que la clave era trabajar desde la paz para el desarrollo económico, como China «que lleva 50 años en desarrollo y sin guerras» y no como EE.UU. que llevaba décadas enfrascado como país en una guerra tras otra, según Carter.

Urge articular la Internacional Antifascista para enfrentar a una internacional de la ultraderecha que lleva años creciendo y es responsable del triunfo de Trump, Bolsonaro, Milei, Meloni y Orban

Si pensamos que hace muy pocos años el neoliberalismo de EE.UU. afirmaba desde sus universidades y tanques de pensamiento que estábamos ante el fin de la historia, el pensamiento único y el triunfo del modelo capitalista como el único posible en el planeta, en teoría se abren posibilidades de otro mundo posible, más multilateral, multipolar y contrahegemónico. Sin embargo, el trumpismo puede resultar muy peligroso desde su percepción de decadencia de la hegemonía imperial. Los imperios en decadencia suelen defenderse a través de la violencia y la guerra, y en este sentido, el fascismo solo ha traído muerte y destrucción a la humanidad. Urge la articulación de la Internacional Antifascista desde los gobiernos de izquierdas y los pueblos que luchan por la soberanía, la paz, la igualdad y la justicia social, para enfrentar a una internacional de la ultraderecha que lleva años creciendo y articulándose y que es la responsable del triunfo de Bolsonaro, Javier Milei, Meloni o Viktor Orban.

Una Europa subalterna de EE.UU.

Para Europa y muchos otros países, Trump ha anunciado importantes aranceles comerciales del 10%, hecho que sin duda perjudicará a las exportaciones de la UE a los EE.UU. La vocación otanista de Trump es bien conocida y es esperable que mantenga para los países europeos su exigencia de que deben dedicar el 2% del PIB al financiamiento militar de la OTAN. El conflicto de Ucrania, donde los países de la UE han mantenido una posición vergonzosamente seguidista de los EE.UU., no hace previsible que los países de la UE defiendan posiciones independientes y de dignidad frente al militarismo y la guerra que busca EE.UU.

No podemos permitir la vuelta a un mundo de la barbarie generalizada, donde junto al genocidio del pueblo palestino o el del Congo, se esté anulando en la práctica la aplicación del derecho internacional y cuestionando la misma existencia de la ONU. No podemos permitir que la humanidad camine hacia una III Guerra Mundial apocalíptica. Porque todo parece indicar que van extendiéndose en los países el «si quieres la paz, prepara la guerra», y hay que impedir las guerras imperialistas contra los pueblos, e incluso más, el peligro de una guerra nuclear que amenace la existencia humana misma.

El proyecto político de Trump impulsará las desigualdades sociales en EE.UU. y en el mundo entero, el militarismo y el neofascismo. Las fuerzas políticas y sociales del mundo deben luchar por la paz, los pueblos que luchan por su soberanía y emancipación, debemos sin duda prepararnos para luchar contra sus políticas militaristas y fascistas. Las voces contra la guerra y el fascismo se empiezan a oír y se alzan en el mundo entero. Ahí es donde debemos estar.

(+) Responsable de Internacional de IU

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