“Los monstruos y los fantasmas existen. Están dentro de nosotros y en ocasiones ganan”
(Stephen King)
En otras columnas de esta sección hemos anotado ya destacados casos de actores, músicos, cantantes, etc, de relevancia internacional, cuya exitosa trayectoria no dejó de lado su lucha por los derechos civiles, el sindicalismo o el antiimperialismo. Nunca es fácil mantener la coherencia, mucho menos en EE.UU. siempre proclive a las listas negras. Así vemos lo que viene ocurriendo últimamente con el músico Roger Waters o la actriz Susan Saradon, por apoyar a Palestina y denunciar el genocidio israelí. A estas páginas se han asomado, entre otros, Danny Glover y Ed Asner (Lou Grant), y en esta edición vamos a recordar al actor Bela Lugosi, el «Príncipe de las Tinieblas de Hollywood» como se le recuerda por su interpretación del vampiro Conde Drácula.
Béla Ferenc Dezső Blaskó nació el 20 de octubre de 1882 en Lugos, Reino de Hungría, Austria-Hungría (ahora Rumanía), a 50 millas del castillo de Vlad III (Vlad Drácula). Atraído por las artes, expresó sus aspiraciones teatrales a su padre, un banquero conservador, que rechazó la elección de su hijo, un espíritu rebelde que escapó de casa para seguir sus sueños a los 12 años. Se ganó la vida en trabajos ocasionales (minero, maquinista…) e hizo su debut teatral a los 20 años (1902), adoptando el nombre artístico de Béla Lugosi. Dejaría relegada la actuación durante la Primera Guerra Mundial, alistándose en el ejército austrohúngaro donde obtuvo el rango de capitán. Acabada la contienda, el cine ganaba popularidad y Lugosi protagonizó algunas de las primeras películas mudas de Hungría. En 1919 respondió al llamado de la revolución obrera en Hungría, en consonancia con su actitud de protesta tiempo atrás por los bajos salarios, las condiciones de trabajo explotadoras y el trato injusto sufrido por los actores jóvenes.
Lugosi apoyó al Partido Comunista Húngaro, creado en diciembre de 1918, y a su líder, Béla Kun. Siguiendo el ejemplo de la Rusia revolucionaria, un levantamiento de masas derrocó al antiguo régimen. La República Soviética de Hungría fue fundada el 21 de marzo de 1919. Ese mismo año emergió como organizador destacado, jugando un papel decisivo en la fundación de la Organización Libre de Empleados Teatrales. Don Rhodes escribió en Lugosi: His Life in Films, on Stage and in the Hearts of Horror Lovers: «Lugosi ayudó a integrar la Organización Libre de Empleados de Teatro y miembros de la industria cinematográfica en el Sindicato Nacional de Actores, y actuó como su secretario general». El primer congreso estatutario de la NTUA se produjo el 17 de abril de 1919. Pero los sueños de un nuevo país duraron poco cuando la República Soviética de Hungría fue derrocada el 6 de agosto de 1919, siendo el resultado un gobierno controlado por aristócratas y terratenientes.
Lugosi huyó primero a Viena, después a Berlín y finalmente emigró a los Estados Unidos en 1920. Mientras tanto en su país, la represión con miles encarcelados, torturados y/o asesinados duraría hasta 1944, en que el Ejército Rojo entrara en Hungría. En Norteamérica aprendió inglés y se instaló en Nueva York, donde continuó actuando. En 1927, interpretó el papel del Conde Drácula en la versión teatral de Broadway de la novela de Bram Stoker. En 1931, repitió el papel en una adaptación cinematográfica, convirtiéndolo en una estrella internacional. Eran los tiempos de la Gran Depresión; Lugosi desempeñó un papel activo en el Sindicato de Actores, donde coincidiría con otro miembro destacado, Boris Karloff, igualmente famoso por interpretar a Frankenstein, en 1935.
En la Segunda Guerra Mundial, el dictador húngaro Miklos Horthy se alió con Adolf Hitler y los nazis. En la oposición, Lugosi ayudó a formar el Consejo Húngaro-Estadounidense para la Democracia y fue uno de los oradores principales en un mitin el 28 de agosto de 1944, en Los Ángeles. Exigió a Washington que rescatara a los refugiados judíos húngaros, presionara al régimen títere nazi de Horthy y aliviara las restricciones a la inmigración.
Años de encasillamiento limitaron sus opciones laborales. La falta de ingresos, combinada con una adicción a la morfina provocada por dolencias físicas, lo dejó casi en la indigencia. Lugosi murió en su casa de Los Ángeles el 16 de agosto de 1956. Fue enterrado con una de sus capas negras de «Drácula», que bien podría haber sido roja.








