El gasto militar como instrumento de política económica se generalizó en los países occidentales después de la revolución keynesiana. A partir de la 2ª GM se configuró en EE.UU. un aparato militar en gran medida autónomo y al margen de cualquier control democrático.
La invectiva económica del gasto en Defensa patrocinada por el secretario general de la OTAN y por la presidenta de la Comisión Europea frente a los gastos sociales en vivienda, sanidad y pensiones de los Estados miembros vulnera el análisis del impacto de la actividad económica militar en el crecimiento económico de un país. Tema central en la economía de la defensa, muestra una relación negativa entre las variables, por lo que si un país decide reducir sus presupuestos de defensa no sería un impedimento en la sostenibilidad de su economía de mercado, es el dilema de “cañones versus mantequilla”.
Existe un disenso académico en el dilemasobre el índice «Dividendo de la paz», en los estudios de orientación keynesiana se asegura que la inversión en defensa estimula el crecimiento porque potencia la demanda agregada, financia la industria pesada y las infraestructuras, genera empleo, mejora el capital humano y tecnológico y crea las condiciones necesarias de seguridad y estabilidad para la confianza del inversor [1]
En el caso de la España de la segunda mitad del siglo XX se produjeron beneficios económicos y sociales derivados de la reducción del gasto militar producidos en otros países. Para determinarlo se estudiaron series a precios constantes del PIB, de la FBCF [2], del saldo presupuestario, la deuda, el gasto militar, de bienes preferentes como la educación y la sanidad y del resto de los principales gastos sociales. La comparación de ellas muestra que el dividendo de la paz se dio esencialmente a partir de la instauración de la democracia. Entre 1950-1975 y 1976-2000, el peso de la defensa respecto al gasto del Estado y la riqueza nacional se redujo 3 y 2 veces, respectivamente, mientras que el de los gastos sociales, especialmente el de la sanidad y la educación, se multiplicó por varias veces.
Para Galbraith [3] el sector armamentista no es vital para el funcionamiento del sistema capitalista. Aunque no se muestra de acuerdo con la tesis de la insuficiencia del
mercado, viene a decir que la renta entregada o retirada del gasto privado no servirá eficazmente para regular la demanda más que si el sector público es grande.
Desde la perspectiva marxista, el gasto militar es una herramienta contracíclica del capitalismo que previene la tendencia de subconsumo y a la caída de la tasa de beneficio, y contribuye a absorber el excedente generado por el sector monopolista, con lo que las carreras de armas encajarían en la lógica del capitalismo de intentar mantener constante la ratio producción-demanda mediante el gasto militar (Baran y Sweezy).
Un “keynesismo militar”
La relación de sustitución entre ambos tipos de gastos, civil y militar, respalda la máxima de que si los gobiernos asignan más recursos a la defensa tienen que reducir los destinados a programas sociales.
Patrocinado por la OTAN y la Comisión Europea, la industria de la defensa no puede ser analizada al margen de la industria civil, tanto menos por lo que se refiere al ámbito económico creado por el desarrollo tecnológico de la industria civil en los países capitalistas desarrollados. Es una de las razones por la cual la producción militar no puede estar aislada de la producción industrial: el ciclo de la industria militar está situado dentro del ciclo industrial general. Este vínculo entre tecnología militar y civil profundiza la influencia del complejo militar industrial dentro de la economía. La industria militar se aprovecha de las ventajas del nuevo panorama tecnológico y, en los países capitalistas desarrollados, recibe el estímulo de una política económica que privilegia la existencia de un presupuesto militar creciente como está siendo apelado por Mark Rutte.
Se puede deducir que el gasto militar está estrechamente asociado al interés económico de un grupo de importantes empresas monopolistas y al poder de un extensa burocracia político-militar con sus grupos colaterales, pero al mismo tiempo el keynesimo militar se convierte en una vieja receta para intentar salir de la crisis; pero decimos “intentar” porque la historia ha demostrado que la salida verdadera de la crisis se ha realizado a partir de los acontecimientos catastróficos, pero salvadores para el capital, las guerras mundiales.
El proceso descrito ha sido válido, a grandes líneas, para todas las potencias imperialistas, o los Estados miembros de la UE que juegan un rol desde su especificidad, y sobre la misma se ha basado la existencia del llamado complejo militar-industrial, como parte integrante e inseparable del sistema de relaciones político-económicas del capitalismo monopolista de estado. La fusión entre los monopolios bancarios e industriales termina en engendrar su interconexión con el Estado. Esta trampa entre Estado y monopolio genera a su vez el fenómeno de una unión especial entre el Estado y los monopolios productores de armamentos, y aquellos monopolios que, generalmente, producen a cargo del llamado presupuesto de la defensa o sacan ventajas de dicho presupuesto.
La economía militar no está separada del resto de la economía por líneas de división claras, utiliza los mismos mecanismos e instrumentos que caracterizan hoy el sistema de relaciones económicas capitalistas a nivel mundial y no constituye, de hecho, un conjunto aparte.
La inercia del ciclo económico militar
El hecho de que el fin de la Guerra Fría no fuera seguido por un desarme a gran escala apunta a la autonomía del complejo militar-industrial, que promueve los intereses entre las elites militares, cuyo objetivo es aumentar los gastos militares [4]. Las empresas de armas, el presupuesto de defensa, y en general el gasto militar, es el responsable de que las industrias militares sean capaces de mantener una producción y oferta continúa en los mercados armamentísticos. El itinerario que sigue el ciclo económico militar empieza en la aprobación de los presupuestos destinados al gasto militar, la I+D militar, la industria armamentística, el comercio de armas, y la utilización final de las armas e identificación de la necesidad de nuevo armamento para hacer frente a las amenazas, reales o ficticias. La inercia del ciclo económico militar sería responsable de la facilidad con la que se apuesta por la violencia armada para hacer frente a las amenazas a la seguridad.
El ciclo armamentista describe con mayor acierto el itinerario por dónde discurre la economía militar desde su nacimiento hasta su finalización. Este ciclo se inicia siempre de las manos del Estado con la aprobación de los créditos destinados al Ministerio de Defensa para el mantenimiento de las Fuerzas Armadas. Créditos que se reparten entre los salarios del personal militar, el mantenimiento de servicios, instalaciones e infraestructuras, la investigación y desarrollo (I+D) de nuevas armas y equipos, y los destinados a pagos a las industrias militares que producen y suministran las armas al propio Ministerio de Defensa; mientras que otra parte de su producción irá a la exportación bajo el control del Estado que regula el comercio de armas.
El concepto de dividendo de la paz está referido a la idea de que gastar menos dinero en armas y más en satisfacer las necesidades humanas estimularía un mayor crecimiento económico a largo plazo. El FMI asumió en 1993 el Dividendo de la paz en un documento publicado que sostiene que cuando todos y cada uno de los países reducen el gasto militar en un 20% en un período de cinco años, la conclusión es:
A corto plazo: A medida que el gobierno reduce el gasto militar, podría provocar una caída en la demanda agregada y reducir el crecimiento del producto interno bruto (PIB).
A largo plazo: Un menor gasto militar permite tasas de interés más bajas y la capacidad del gobierno para reducir los impuestos. Puede inducir una mayor inversión del sector privado, lo que aumentará la tasa de crecimiento del stock de capital y la producción potencial.
La previsión de la renta disponible futura aumentaría el consumo privado, lo que permitiría superar el déficit inicial de corto plazo del PIB y generar un crecimiento más significativo del PIB a largo plazo.
El UNIDIR, (Instituto de Naciones Unidas para la Investigación del Desarme), lleva décadas publicando informes que evidencian que una disparatada carrera de armamento es un «obstáculo» para el crecimiento económico de los países. Lo mejor, destacan sus expertos, es cambiar los paradigmas, poner el de la «prevención» por encima del de la «consumación«. La venda antes que la herida.
NOTAS:
[1] Mcnair, E.; Murdoch, C. y Sandler, T. (1995), «Growth and Defense: Pooled Estimates for the NATO Alliance, 1951-1988″, Southern Economic Journal, 61, 1
[2] Formación Bruta de Capital Fijo, uno de los dos componentes del gasto de inversión que se incluye dentro del PIB
[3] Galbraith, J. K., “El nuevo estado industrial”, Ed. Ariel
[4] Coulomb, F., Hartley, K. e Intriligator, M., (2008): «Pacifism in economic analysis: a historical perspective», Defence and Peace Economics, n. 19







