La destrucción de Siria en el proyecto imperialista de reordenación del Oriente Próximo

La siguiente ficha a tumbar en el tablero es Irán, el único actor político militar en el terreno que entorpece el proyecto de remodelación del Próximo Oriente
Ejército Nacional Sirio armado por Turquía
Ejército Nacional Sirio armado por Turquía

Estamos ante una Siria fraccionada, ocupada en zonas estratégicas por EE.UU., Israel y Turquía, y con un gobierno sumiso, más interesado en el control religioso de la población, que en el desarrollo de una Siria libre y soberana, con un proyecto social de país. Estamos ante un nuevo episodio de la historia de Siria que…

El trasfondo real de la guerra contra Siria no era desde luego la búsqueda del bienestar del pueblo y un mejor reparto de las riquezas. Siria, junto a Iraq o Libia, eran objetivos a batir por el imperialismo estadounidense y su apéndice sionista.

Turquía, EE.UU. e Israel, ocupaban parte de Siria con total impunidad, mientras el país languidecía fruto del expolio de parte de sus riquezas y del bloqueo impuesto por EE.UU., la UE y la Liga Árabe, a su economía.

El Consejo de Seguridad de NN.UU. aprobó por unanimidad, el 18 de diciembre de 2015, la resolución 2254, proponiendo un acuerdo de alto el fuego y una solución negociada a la guerra en Siria, en la que participaran todas las fuerzas políticas de Siria, excepto las organizaciones terroristas Frente al-Nusra (actual HTS) y el Estado Islámico. El acuerdo incluía a EE.UU., la OTAN, a Rusia y China, y a países como España y Venezuela, que en ese momento formaban parte del Consejo de Seguridad. La resolución apoyaba en ese momento, un proceso político dirigido por los propios sirios (excepto los dos grupos terroristas antes mencionados) bajo los auspicios de las Naciones Unidas, para establecer, en el plazo de seis meses un gobierno plural, la redacción de una nueva Constitución y la celebración, en el plazo de dieciocho meses, de elecciones libres y democráticas, incluyendo a los millones de personas exiliadas por la guerra. El Consejo de Seguridad, instaba al secretario general de NN.UU., a iniciar conversaciones entre el gobierno sirio y la oposición, a partir de enero de 2016. Eran las condiciones aprobadas hace 9 años para un proceso de cambio político en Siria. Todas las propuestas que se hacen ahora, una vez que el Estado sirio se ha desplomado, con la retirada del ejército, la renuncia del presidente al-Asad y la autodisolución del partido Baaz (árabe, socialista, laico y nacionalista), estaban encima de la mesa, con la diferencia de que el partido que ha conquistado provisionalmente el poder, HTS, era uno de los dos (el otro es el Estado Islámico) que estaba expresamente excluido del acuerdo, por su definición como terrorista.

La Resolución 2254 del Consejo de Seguridad, se produjo, cerca de tres meses después de que Rusia comenzara a participar en la guerra, el 30 de septiembre de 2015, a petición del gobierno sirio, que invocó el pacto de ayuda mutua existente entre Siria y la URSS en 1980.

La entrada de Rusia en la guerra, cambiando cualitativamente el curso de ésta, obliga a los países de la OTAN y a las monarquías reaccionarias árabes a cambiar el proyecto de “derrocamiento del régimen sirio” por el de acoso al Estado sirio, en base a la NO normalización, NO reconstrucción y NO levantamiento de sanciones.

Pero EE.UU. boicoteó el proceso político, y la guerra continuó, con el avance de las fuerzas del gobierno sirio al oeste del Éufrates, donde están las grandes ciudades sirias, y el avance en el este, de las fuerzas kurdas apoyadas por EE.UU., que también instaló una gran base militar en la zona sur de Siria, al-Tanf. Mientras tanto, el régimen sionista de Israel seguía ocupando ilegalmente el territorio sirio de los Altos del Golán, en el extremo suroeste de Siria, desde donde también se daba cobertura a las milicias terroristas del HTS y del Estado Islámico.

Rusia mientras tanto, se tomó en serio el proceso de paz, tomando iniciativas como la Conferencia de Diálogo Nacional Sirio en la ciudad rusa de Sochi, con presencia de 1.500 representantes de distintos actores políticos gubernamentales y de la oposición, los días 29 y 30 de enero de 2018, o el proceso político de Astaná (capital de Kazajistán) donde se mantuvo un diálogo permanente con Turquía e Irán para evitar los enfrentamientos en Siria.

La guerra acabó realmente el 6 de marzo de 2020, después de un acuerdo de alto el fuego entre los presidentes Putin y Erdogan. HTS vinculada a al-Qaeda, quedó confinada en la provincia de Idlib, situada en el noroeste de Siria haciendo frontera con Turquía. En 2019, el subsecretario adjunto de Defensa de EE.UU. Michael Mulroy declaró que “Idlib es esencialmente la colección más grande de afiliados de Al Qaeda en el mundo”.

Previamente a ese alto el fuego, la provincia kurda de Afrin, que prácticamente no había participado en la guerra, situada por encima de Idlib, había sido ocupada, el 20 de enero de 2018, por el Ejército Nacional Sirio (SNA), un grupo organizado y armado por Turquía, con el objetivo de tomar todo el territorio de la frontera de Turquía con Siria, expulsando de allí a las fuerzas kurdas.

El oeste del Éufrates quedó bajo control kurdo-EE.UU., excepto la frontera con Turquía, entre Kobané y Cizír. O sea se quedaron con la riqueza petrolera de Siria y sus extensos graneros de trigo del noreste, mientras Turquía ocupaba de facto, a través de su “ejército nacional sirio” las provincias de Afrin e Idlib y gran parte de toda la franja del norte de Siria.

En estos casi cinco años, sin guerra y a la espera de la aplicación de la resolución 2254 del Consejo de Seguridad, y mientras Idlib florecía con toda la ayuda posible de Turquía, y mientras kurdos y estadounidenses robaban el petróleo sirio (como descaradamente reconoció Trump), la Siria del oeste, bajo el control del gobierno legal, veía con impotencia cómo potencias extranjeras, Turquía, EE.UU. e Israel, ocupaban parte de su territorio con total impunidad, al tiempo que languidecía, fruto del expolio de parte de sus riquezas, y fruto del bloqueo impuesto por EE.UU., la UE y la Liga Árabe, a su economía. La Siria oficial ha estado privada de alimentos, medicinas y energía. El euro que se cambiaba por 555,50 libras sirias en 2020, antes de la entrega del gobierno a HTS se cambiaba a 14.575 libras sirias. Según OXFAM, más del 80% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza y más de 12 millones de personas se iban cada noche a la cama con hambre. Este deterioro real del poder de compra de la libra siria se concretaba en que mientras un general sirio tenía al cambio de sus libras, un salario de 40 dólares al mes, los mercenarios de HTS, o del ejército sirio al servicio de Turquía, ganaban entre 1.000 y 1.200 dólares. Hace apenas 4 meses, una bombona de butano valía oficialmente 1 euro, pero como no había disponibles se pagaban en el mercado negro a 50€. A la situación de pobreza se sumaba con fuerza la corrupción a todos los niveles como forma de sobrevivir.

Su no alineamiento con las estrategias imperiales, su nacionalismo, su panarabismo, su antisionismo, obstaculizaban el control por parte de EE.UU,. de una gran zona estratégica

En esta situación de emergencia, los gobiernos de al-Asad no se han caracterizado por un enfoque socialista de la economía, que permitiera hacer frente con medidas extraordinarias a las penurias heredadas de la guerra. De hecho, el comienzo de la guerra en 2011, azuzada por la OTAN y regímenes árabes reaccionarios, tuvo como coartada para su comienzo las legítimas protestas del pueblo sirio frente al aumento de la pobreza de la población, agravada por la crisis económica mundial de 2007-2008 y las políticas neoliberales iniciadas por al-Asad al comienzo de su mandato en el año 2000, protestas que fueron acompañadas por denuncias de corrupción.

El control de EE.UU. de la zona es antagónico con los grandes proyectos geopolíticos de China y Rusia, especialmente el proyecto de la Franja y la Ruta chino y la conexión Rusia-África

Pero el trasfondo real de la guerra contra Siria, no era desde luego la búsqueda del bienestar del pueblo y un mejor reparto de las riquezas. Siria, junto a Iraq o Libia, eran objetivos a batir por el imperialismo estadounidense y su apéndice sionista (Israel, esa gran base militar de la OTAN instalada en el centro del Próximo Oriente). Su no alineamiento con las estrategias imperiales, su nacionalismo, su panarabismo, su anti-sionismo, obstaculizaban el control por parte de EE.UU., de una gran zona estratégica, tanto por su importancia económica —la escasez de energía en el mundo ya no es cosa de un futuro lejano, sino del presente, y el control del petróleo y el gas de Oriente Próximo determina la posibilidad de supervivencia de EE.UU. como principal potencial mundial— como por su importancia geoestratégica como ruta mundial comercial entre Occidente y Oriente y entre norte y sur del mundo. El control de EE.UU. de la zona es antagónico con los grandes proyectos geopolíticos de China y Rusia, especialmente el proyecto de la Franja y la Ruta chino y la conexión Rusia-África.

Caretas fuera, el llamado mundo occidental ha aplaudido lo que debería ser una tragedia, que un grupo terrorista, ultra religioso, fanático y dictatorial, se haga con el control de un país como Siria

Por ello, caretas fuera, el llamado mundo occidental ha aplaudido lo que debería ser una tragedia, que un grupo terrorista, ultra religioso, fanático y dictatorial, se haga con el control de un país como Siria. Incluso se arrogan la autoría del crimen; Netanyahu: «Estamos cambiando la faz de Oriente Medio»; Biden: “Nuestro enfoque ha cambiado el equilibrio de poder en Medio Oriente mediante una combinación de apoyo a nuestros socios, sanciones, diplomacia y fuerza militar selectiva”. Turquía también está contenta, se libera las manos para atacar abiertamente el proyecto kurdo de autogobierno en su frontera sur, y disputa el control político y económico del norte de Siria, incluyendo Alepo, a través de su marioneta, el Ejército Nacional Sirio (SNA por sus siglas en inglés). El escenario no puede ser más desolador, la precaria paz existente hasta la ofensiva de HTS y la caída del gobierno del Baaz, ha sido sustituida por fuertes combates entre kurdos y proturcos, el régimen sionista se ha aprovechado del vacío de poder para tomar posiciones estratégicas en Siria, control del Monte Hermón, penetración con carros blindados hasta las afueras de Damasco y bombardeo masivo durante varios días de todo el potencial militar de Siria. Han destruido la flota aérea, la flota marítima, y todos los elementos de defensa nacional, radares, baterías antiaéreas, etc. y ello ante el más absoluto silencio del nuevo gobierno de los terroristas. La posición de HTS frente al régimen sionista de Israel y el genocidio del pueblo palestino no puede ser más clara. Ni un mísero comunicado de apoyo a Palestina en los más de mil días de genocidio que sufren, pero salida de manifestaciones de júbilo en las calles de Idlib, cuando Israel asesinó a Hassan Nasralá, el líder de la resistencia antisionista en el Próximo Oriente. Estamos ante una Siria fraccionada, ocupada en zonas estratégicas por EE.UU., Israel y Turquía, y con un gobierno sumiso, más interesado en el control religioso de la población, que en el desarrollo de una Siria libre y soberana, con un proyecto social de país. Pero como siempre en la historia, los pueblos oprimidos buscan la manera de liberarse aún a costa de los sacrificios que le supongan. Estamos ante un nuevo episodio de la historia de Siria que anticipa un largo proceso de lucha, aunque, a corto plazo, los medios masivos de desinformación hagan desaparecer a Siria de las primeras páginas, así como desaparecieron Iraq y Libia. La siguiente ficha a tumbar en el tablero es Irán, el único actor político militar en el terreno que entorpece el proyecto de remodelación del Próximo Oriente.

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AL GOLANI, DE TERRORISTA A «REBELDE MODERADO»

¿Quién es el dirigente de la “oposición en Siria” que ha tomado el control del país? Al Golani, el «rebelde moderado» como lo califican ahora Washington y Bruselas, nació en Arabia Saudí en 1982. Es un fanático de la yihad y la sharia, y en 2003 estaba en Bagdad para unirse a la Al Qaeda iraquí.

Estuvo en la espantosa cárcel de Abu Grahib, y en la de Camp Buqqa, donde coincidió con otro relevante dirigente yihadista, Al Bagdadi, creador del Estado Islámico en Iraq y Siria.

En Siria luchó con el ISIS, y tras romper con esa banda creó al-Nusra, volviendo nuevamente a Al Qaeda, tras acuerdos con los servicios secretos estadounidenses, israelíes y sauditas. Posteriormente defendió la autonomía de al-Nusra en Siria, transformando su organización en la actual HTS (Organización para la Liberación del Levante). Mientras, oficialmente, EE.UU. ofreció una recompensa de 10.000.000 de dólares por su cabeza, no derogada aún. Al Golani dijo que quería matar a todos los alauíes sirios y a los rusos. Ahora, inicia una trayectoria en el poder en Damasco que, sin duda, llenará de dolor y sangre el país.

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