Unidad para multiplicar

El debate en torno a la construcción de alianzas y la unidad popular no es un debate de laboratorio, no puede ser sólo un debate teórico
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Unidad de la izquierda
Foto: Izquierda Unida

Unidad o barbarie cobra, en estos años veinte del siglo XXI, más sentido que nunca. Cómo conformar el bloque histórico no es un debate de laboratorio al que enfrentarse desde atalayas. La necesidad de articular alianzas entre las izquierdas federales, confederales y soberanistas, bajo un programa común, que vayan más allá de acuerdos electorales, puede…

La pregunta no es si es necesario construir alianzas para disputar nuestras condiciones de vida. La pregunta es cómo construir alianzas políticas, sociales y culturales que sirvan para ahondar en democracia, que no es otra cosa que elegir vida frente a capitalismo.

Hoy, como ayer, capitalismo o vida sigue siendo la principal contradicción de una humanidad, que se enfrenta a retos fundamentales para la supervivencia. Ya no es que debamos enfrentarnos a las consecuencias de una lucha de clases que vamos perdiendo la clase trabajadora, las mujeres y las personas que sufren racismo por su origen, etnia o religión, es que nos enfrentamos a las consecuencias de nuevas forma de explotación laboral, de un colapso climático que pone en riesgo la viabilidad planetaria, así como a un debilitamiento planificado para mermar la capacidad de los pueblos del mundo de resolver los conflictos mediante mecanismos pacíficos, frente al poder de la guerra.

Además, hay que señalar las consecuencias devastadoras de las políticas neoliberales y de la guerra, en un momento de ofensiva neoliberal que coincide con un debilitamiento político, organizativo y movilizador de las izquierdas transformadoras, y mientras emergen y se fortalecen organizaciones y discursos antidemocráticos.

Hay algo que une a las organizaciones y a los discursos antidemocráticos que están en pleno auge: el desprecio por lo público porque no creen en la igualdad; el desprecio por la democracia como sistema de gobierno del pueblo, porque se deben a intereses oligárquicos; el desprecio a los derechos de las mujeres y de las personas LGTBI, porque son profundamente patriarcales; la defensa de una construcción cultural de una supuesta libertad que legitima postulados golpistas y asegurarse el poder del capital, así como los poderes político, económico y mediático; un negacionismo climático porque responden a los intereses de las grandes corporaciones.

No es éste cualquier momento histórico. El debate en torno a la construcción de alianzas y la unidad popular no es un debate de laboratorio, no puede ser sólo un debate teórico, lo abordamos en un momento crítico, decisivo para el devenir de la humanidad, porque nunca la ofensiva fue tan brutal.

Que las organizaciones políticas con arraigo territorial, político, institucional y social trabajemos por la construcción de espacios compartidos, puede ser la condición de posibilidad para combatir las políticas que quieren arrasar con todo. Alianzas programáticas para avanzar en derechos, libertades y vidas dignas. Unidad popular para defender los derechos conquistados y construir lazos comunitarios y de solidaridad. La atomización, el individualismo, la sospecha han arraigado en nuestras sociedades, se alimentan del miedo, de la mentira y sirven para la manipulación, para sembrar desconfianza y soledad.

Quiero poner el acento en el proceso de auge de las políticas capitalistas y reaccionarias y el ascenso de las políticas antidemocráticas, así como en la existencia de gobiernos que a lo largo del mundo están declarando la guerra a las mayorías sociales y a las democracias, porque me parece imprescindible para hacernos cargo de a qué tarea nos enfrentamos como comunistas, pero también como demócratas.

Nuestro papel histórico es claro, tejer contrapoder popular, mantener el hilo rojo y proyectarlo hacia el futuro. No hay hueco para el desánimo, tampoco para anteponer los intereses particulares, ya sean partidarios o personales a los intereses de la clase trabajadora.

No fue posible consolidar Unidas Podemos como un movimiento político más allá de una alianza electoral, las distintas fuerzas políticas que participábamos en aquel espacio de convergencia electoral, y que sostuvimos el primer gobierno de coalición progresista, desde la República, no logramos garantizar un proceso de constitución de un espacio radicalmente democrático. Carecíamos, pese a estar en el gobierno, de unos órganos de coordinación conjuntos. La mesa confederal de Unidas Podemos no ejercía como espacio de coordinación política. Posteriormente, el acuerdo electoral de Sumar que ha contribuido a conformar el segundo gobierno de coalición progresista, tampoco está sirviendo para generar espacios de trabajo compartido para construir organización social y movilización, y todo ello pese a estar en el gobierno de coalición. Es cierto que la correlación de fuerzas parlamentarias no permiten aplicar una agenda de gobierno transformadora, pero también que poco se está haciendo para vincular la acción de gobierno con el fortalecimiento de organización social y la movilización, siendo la vivienda por derecho un exponente de cuán importante es gobernar con el impulso de la unidad popular. 

Sin un programa político emancipador, reconocimiento mutuo entre organizaciones, espacios compartidos de dirección política, descentralización o sin unidad de acción, no se incorporará gente a los espacios organizados

La última década política nos ha enseñado que, sin un programa político emancipador, sin reconocimiento mutuo entre organizaciones, métodos democráticos de decisión, espacios compartidos de dirección política, visibilidad compartida, descentralización territorial y política, o sin unidad de acción, no existe capacidad transformadora, ni incorporación de la gente a los espacios organizados, ni capacidad de prender la chispa de la movilización.

También nos ha enseñado que la unión multiplica la fuerza, que establecer sinergias de trabajo permiten avances más osados, que la movilización permite llegar a las instituciones con mayor fuerza, o que el carácter multinacional y plurilingüistico del Estado español añade un rasgo cualitativo al conjunto de los sujetos políticos y sociales con posibilidad de conformar el bloque histórico, que hoy no se entendería sin las izquierdas confederales o soberanistas, al igual que no existiría sin la izquierda federal, socialista y republicana que representamos desde el PCE e Izquierda Unida.

Por lo tanto, este debate al que asistimos nos debe pillar andando, nuestro papel histórico sigue siendo garantizar que la disputa frente al bloque reaccionario se salde con la victoria de las mayorías sociales, que las ideas emancipadoras se organicen y que llevemos a cabo programas de gobierno donde pan, trabajo, techo, dignidad, paz y república, sean una realidad.

El bloque histórico, el que siempre hemos alimentado desde que el PCE naciera en aquellos años veinte del pasado siglo XX, sigue siendo tarea principal en estos años veinte del siglo XXI, porque es nuestra tarea como comunistas y porque vivir para los demás es la mejor manera de vivir para una misma.

El artículo Unidad para multiplicar de Amanda Meyer Hidalgo ha sido publicado en el número 265 de la revista Nuestra Bandera

(*) Responsable de Política Institucional y Convergencia del Comité Central del PCE

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