La cumbre de París o el «show» de los segundones obedientes

El papel de la Europa de la OTAN en la escena internacional es el que fijó Nuland en Ucrania en 2014: “Que se joda la UE”

El inicio de conversaciones sobre la guerra de Ucrania entre Rusia y Estados Unidos ha desatado una ola de agitación entre el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el primer ministro de Gran Bretaña Keir Starmer y la representante de la UE Ursula von der Leyen complicada de entender. La primera impresión que vienen dando es la de que están en contra de que se llegue a un acuerdo de paz, algo que sería terrible.

Tanto Macron como Von der Leyen propusieron hace no muchos meses enviar tropas a Ucrania. Dado el rechazo popular que provocó (ni siquiera tenían apoyo entre los jefes de gobierno de la UE), se guardaron la propuesta para mejor ocasión.

El lunes, montaron una cumbre tan express que pareciera que el mundo se iba a acabar, cuya única finalidad era, aparentemente, desagraviar a la humillada Europa, y cuyo resultado fue volver a poner sobre la mesa el envío de tropas a Ucrania. El encargado de hacerlo fue el premier británico Starmer, que ha utilizado el subterfugio de presentarlas como fuerzas de paz. Esta propuesta la hicieron, curiosamente, un día antes de que se reuniesen los ministros de exteriores de Rusia y Estados Unidos en Arabia Saudí. El fin de semana lo habían dedicado a concienciar a los medios del feo que Trump le estaba haciendo a la pobrecita Europa al no invitarla a negociar el futuro de Ucrania.

Durante tres días han estado los medios de comunicación con su séquito de expertos hablando de la humillación de Europa y de la necesidad de que tenga voz en el mundo y, para ello, dicen, hay que tener fuerza, hay que poner dinero, armas y tropas. En contra de lo que cualquier mente lógica habría esperado, Macron, Starmer y Von der Leyen no han anunciado que vayan a romper con la OTAN, la organización militar que le permite a Trump negociar de igual a igual con Putin a costa, entre otros, de Europa. No solo no rompieron con la OTAN sino que invitaron a la reunión al secretario general de la OTAN mientras dejaban fuera a los países de la UE críticos con la guerra. Al final, lo que hicieron fue proponer dar más dinero a la OTAN (llevan meses machacando con ello), es decir, a Trump. Y, además, proponer enviar tropas a la zona de conflicto, obviamente a las órdenes de Trump, lo vistan con el disfraz que quieran.

Me gustaría ser optimista respecto al fin de la guerra de Ucrania, pero me temo que no esté cerca. Para Estados Unidos la guerra de Ucrania es una bendición. La única razón para que Estados Unidos acepte un acuerdo de paz, que pueda aceptar Rusia, es que tema el desplome del ejército ucraniano. La guerra de Ucrania aísla y desgasta a Rusia y el gasto lo paga Europa, mientras Estados Unidos hace negocio vendiendo armas y gas. Y los líderes de Europa no solo no protestan, sino que se quejan porque quieren pagar más, según hemos visto estos últimos días. Así de contundente se expresó Ursula von der Leyen en la Conferencia de Seguridad que se celebró el domingo en Múnich: «Puedo anunciar que propondré activar la cláusula de escape para las inversiones en Defensa. Esto permitirá a los Estados miembros aumentar sustancialmente sus gastos de Defensa”. O sea, que le vamos a meter sacos de dinero a la OTAN. Trump debe de estar temblando…

Y, por si fuera poco, vuelven a poner encima de la mesa la idea de enviar tropas, lo que llevaría a la extensión de la guerra a toda Europa, pero a ocho mil kilómetros de Estados Unidos. Aunque difícil, Von der Leyen, Macron, Starmer y compañía pueden ser más lacayos, pero no más tontos.

Se me ocurre otra posible interpretación de la Cumbre de Múnich y de la estrafalaria reunión de París: que sea un show para justificar una propuesta que lleve al atolladero la negociación de paz. Rusia no va a aceptar bajo ningún concepto tropas de la OTAN, y mucho menos británicas, en Ucrania. Ya vivió el engaño de los acuerdos de Minsk del que se ha jactado públicamente la exministra alemana Angela Merkel.

A veces lo que realmente se dice es lo contrario de lo que aparenta decirse. Hace unos días la diputada del Partido Popular Cayetana Álvarez de Toledo hizo la siguiente pregunta ante un grupo de legionarios: ¿Estamos los europeos dispuestos a matar y morir por la libertad? Lo decía en el centenario del tercio Duque de Alba. Yo intuyo que hay muchos más dispuestos a lo primero que a lo segundo, aunque solo sea porque, como ya hiciera notar Maquiavelo, la muerte es “una experiencia especialmente peligrosa, puesto que solo se la puede probar una vez”. Y supongo que esta debe de ser la razón de que la marquesa de Casa Fuerte no esté ya enrolada en el ejército ucraniano, que desde hace muchos meses anda buscando féminas para levantar la moral de la tropa. Es de suponer que alguien de tan rancio abolengo no querrá dejar la guerra y sus riesgos para otros. No estaría a su altura.

Se ha escrito estos días también sobre la ausencia de Zelensky en Arabia Saudí. Rusia, como haría cualquier otro en su lugar, ha decidido sentarse con el que manda. Ya negoció y alcanzó un acuerdo con Zelensky dos veces y fueron Reino Unido y la UE, aparentemente, las que los truncaron. Pero Rusia sabe que quienes rompieron los acuerdos actuaban a las órdenes de Estados Unidos. Por lo tanto, negocia con el que manda. Trump ha votado a favor de los presupuestos que han soportado la guerra de Ucrania.

El papel de Europa dentro de la OTAN lo dejó fijado Victoria Nuland cuando el golpe de estado del Maidan: “Que se joda la UE”.  Los líderes europeos, ni respiraron. Y ahí han seguido, haciéndole el caldo gordo a Estados Unidos los Macron, Starmer, Von der Leyen y compañía. Sería una gran noticia que de verdad estuviesen dispuestos a defender una Europa independiente. Pero eso pasa por abandonar la OTAN.

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