Juan Margallo ha fallecido el 2 de marzo y la noticia dio pie a una enorme cantidad de homenajes y referencias en multitud de medios de comunicación que recordaron su vida y obra, con todos los matices y vicisitudes que las acompañaron: educando banda en el Ejército con quince años porque lo apuntó su padre que era militar (parece que en aquel tiempo Juan era mal estudiante), contestatario, antifranquista, ilusionista, independiente, itinerante, infantil, militante, comprometido, escuela de bufones y caricatos, viajero del exilio económico y político, cómico de la legua… Fue actor premiado, dramaturgo reconocido, fichado, censurado y Premio Nacional de Teatro por mérito propio y complicidad íntima con Petra Martínez, su indisoluble pareja vital y profesional con la que compartía y practicaba incansablemente un estupendo sentido del humor que se puso de manifiesto desde el flechazo inicial que dio pie a su emparejamiento.
Las numerosas esquelas firmadas por diversas instituciones, personalidades, compañeros de profesión y cómplices artísticos dan para una sentida evocación de suculentas aventuras artísticas, políticas y socioculturales en el ámbito teatral, cinematográfico, en televisión y en la mismísima calle, participando en luchas reivindicativas (como miembro de la “Comisión de los Once”) en la famosa huelga de actores (y actrices) de 1975 o el estreno de Castañuela 70 y su fundamental incidencia en la puesta en marcha de Tábano, El Buho, Uroc Teatro o del Gayo Vallecano, una enorme y trascendente actividad que lo convirtieron en referente del teatro independiente, y sugiere, como lo expresa AISGE, que “para ser un buen actor hay que ser un hombre bueno”. Margallo lo demostró con creces y los periódicos lo han documentado recogiendo opiniones.
Por ejemplo Liz Perales en las páginas de El Español que los considera (a Juan y Petra) “performistas prematuros con muy buen humor que no distinguen entre vida y teatro”… “han pasado toda su vida de escenario en escenario así que tienen un amplio anecdotario poblado de personajes y de historias”… “la vida de los Margallo es un despiporre y nos alegra la nuestra… Una vida guiada por una feliz filosofía que Juan (resumía) desde el escenario: Aunque ustedes no lo crean nosotros hemos vivido de la risa”. Una diversión basada en la desmitificación de los hechos, en su descripción crítica de forma que se pongan de manifiesto las contradicciones de los personajes, por ejemplo cuando le preguntaban a Juan por lo de firmar manifiestos y él respondía que firmaba a favor y en contra y le señalaban que hasta había firmado uno contra la paga extraordinaria del 18 de julio.
En Mundo Obrero nos sumamos a cuanto homenaje se convoque para mantener viva su risa y su memoria.








