Si hay algo claro en el sistema capitalista es que las dinámicas fruto de su evolución tienen siempre como consecuencia el deterioro de las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora.
Y la guerra comercial desatada por Donald Trump no será diferente. En mayor o menor medida las disputas arancelarias a nivel global afectarán más a las personas más vulnerables de los países que más difícil tienen competir en los mercados internacionales. Y eso tendrá una traslación directa al bolsillo de la gente.
Pero las bravatas de Donal Trump y el proceso que está gestando no tiene por qué acabar mal para países periféricos como España (sí, España sigue siendo un país periférico en cuanto a su inserción en la economía internacional) o para los subdesarrollados.
Cierto es que, hasta ahora, parte de lo que ha ocurrido se ha quedado en salvas y ruido ya que el Gobierno estadounidense no ha terminado de poner en marcha ninguna de las amenazas comerciales lanzadas por Trump contra la Unión Europea.
¿En qué medida será solamente una estrategia negociadora para imponer su posición de potencia imperial dominante?
Realmente esa respuesta no la tiene nadie.
Por eso es necesario analizar qué impacto podrían tener medidas como las anunciadas de poner aranceles de alrededor del 25% a la importación de aluminio, acero, coches, chips y de productos farmacéuticos, así como a los productos provenientes de México y Canadá o en qué afectaría la imposición generalizada de aranceles a productos y servicios exportados por la Unión Europea a Estados Unidos. ¿Conseguirá con esa estrategia reducir el déficit comercial elevado que tiene?
Empecemos por decir que el primer anuncio de Trump de imposición de aranceles a la UE tenía sólidos fundamentos (es irónico, claro) porque argumentaba que la razón era que «no se ha tratado bien a Estados Unidos».
¿Es cierto? ¿Qué ha hecho España?
Pues justo lo contrario. En la última década el déficit comercial de bienes de España con Estados Unidos se ha multiplicado por siete hasta casi llegar en 2024 a los 7.500 millones de euros. Medido con respecto al PIB, en 2015 España tenía un déficit comercial en bienes del 0,12% del PIB. En 2024 se ha incrementado hasta el 0,60% del PIB, cinco veces más.
Trump se queja de vicio porque en los últimos años le hemos comprado mucho más de lo que le hemos vendido. Vociferan porque quieren muchísimo más y, sobre todo, vendernos otras cosas
Si eso es tratar mal…

Es decir, claramente en los últimos años desde España hemos importado mucho más de Estados Unidos. Y aunque también han crecido las exportaciones, lo han hecho a un porcentaje inferior. El resultado de ambas tendencias es, tal y como decíamos en el párrafo anterior, déficit comercial creciente. En 2024 las exportaciones alcanzaron los 16.608 millones de euros frente a unas importaciones de 26.089 millones. Vamos, que Trump se queja de vicio porque le hemos comprado mucho más de lo que le hemos vendido.

Pero Estados Unidos y Donald Trump vociferan porque no se conforman y quieren muchísimo más. Y, sobre todo, quieren vendernos otras cosas.
El 27% de las importaciones de bienes que hemos realizado de Estados Unidos en la última década es gas y otros combustibles. Y esas cifras se han multiplicado por tres después del estallido de la guerra en Ucrania. 34.709 millones le hemos comprado frente a los 10.720 de antes. Y es que la guerra en Ucrania, que tiene orígenes mucho más profundos que la invasión realizada por Rusia hace tres años, ha sido alimentada y alentada por Estados Unidos y su marioneta OTAN por intereses claramente económicos. La industria extractiva de gas de este país quería convertirse en exportador global y desplazar a Rusia que suministraba barato este combustible esencia a la Unión Europea. Dicho y hecho. Desde España le compramos 9.000 millones de euros en 2024.

Una solución negociada en Ucrania y el restablecimiento de relaciones comerciales de Rusia con la Unión Europea podría ser letal económicamente para Estados Unidos. Un acuerdo de paz que restablezca lazos entre la Unión Europea y Rusia no es algo que interese ni a Trump ni a la industria petrolera y sobre todo gasista de su país. Y por eso mueven sus fichas, aunque causen por el camino daño a mucha gente. Si no les importan las vidas ucranianas ni las rusas, imaginaos el daño económico a determinados sectores en la Unión Europea…
En España sufrirán especialmente los agricultores y ganaderos especializados en exportación de aceite de oliva, vino, hortalizas y preparados alimenticios
Es evidente que la guerra comercial que está poniendo en marcha Estados Unidos dañará profundamente al resto de economías en la primera fase de la misma. En el caso español sufrirán especialmente los agricultores y ganaderos especializados en exportación de productos como el aceite de oliva, vino, hortalizas y preparados alimenticios. Casi 3.300 millones de ventas realizaron el pasado año. Será curioso ver cómo la derecha que aplaude embobada a Trump explica a estos sectores que el 20% de las exportaciones en 2024 a Estados Unidos tendrá que buscar otros mercados por quedar fuera de precio por la subida de aranceles.

La Cámara de Comercio estima que en el peor de los escenarios de aranceles estadounidense, el daño quedaría limitado al 5% de las exportaciones totales de España
La Cámara de Comercio de España ha hecho estimaciones sobre el impacto que sufrirían las exportaciones españolas si el Gobierno de Trump cristaliza sus amenazas en algo concreto y fija nuevos aranceles. Una imposición generalizada de tarifas del 25% estiman que produciría una reducción de un 25%, es decir, una cuarta parte de las ventas realizadas al mercado estadounidense. En términos cuantitativos estaríamos hablando de unas pérdidas que alcanzarían los 4.300 millones de euros. Sin embargo, este escenario, el más desfavorable, únicamente supondría un impacto de apenas el 0,27% sobre el Producto Interior Bruto, es decir, sobre la riqueza de nuestro país. Por lo tanto, estos cálculos indican que sería muy limitado el efecto directo que tendría en la economía nacional esta guerra comercial. El estudio realizado por la Cámara de Comercio utilizando un modelo econométrico que analiza las barreras comerciales y estima su impacto sectorial, destaca que incluso en el peor de los escenarios, el daño quedaría limitado al 5% de las exportaciones totales de bienes de la economía española, que es el peso que representan las ventas a Estados Unidos sobre el total de envíos al extranjero que hace España de sus productos. En 2024 el 4,7% de las exportaciones fueron a USA y el 6,7% de las importaciones vinieron de allí. El efecto es tan residual gracias a que el grueso de lo que se vende fuera tiene como destino la Unión Europea y el resto de Europa (en torno al 74% del total). Y lo más probable según indica la Cámara de Comercio es que el impacto sea incluso menor. El propio Banco de España ha realizado un estudio que contemplaba como escenario central una subida arancelaria del 10% para todos los productos que entran en Estados Unidos. Teniendo en cuenta esta hipótesis, el impacto en el PIB sería de apenas el 0,06%, según los cálculos de la Cámara de Comercio y del 0,03% del PIB según el Banco de España.
Sin embargo, que la estrategia proteccionista de Trump no cause una debacle económica no quiere decir que esto no genere un profundo quebranto en determinados sectores, especialmente el agrícola y el ganadero. Mis estimaciones también se acercan al 0,3% del PIB por lo que no podríamos hablar de un impacto letal, pero esto no contempla los efectos que este tipo de conflictos globales puedan generar en el crecimiento económico de otros países y el efecto negativo que eso podría causar al nuestro.
En cualquier caso, las actitudes propias de matón de Donald Trump pueden ser una oportunidad de oro para dejar a un lado comercialmente a Estados Unidos y sacudirnos el yugo con el que obsequia a quienes considera inferiores, es decir, a todos los estados nación que no sean USA. Y una oportunidad que, desde el punto de vista geoestratégico, permita una actuación multilateral para resolver los conflictos, también los económicos.
Soñad conmigo, amigas y amigos.
Imaginaos a nuestro país desviando la compra de gas y fortaleciendo las adquisiciones ya sea a Argelia o a Rusia. Reflexionad sobre lo que supondría una estrategia de colaboración con el conjunto de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) así como otros estados latinoamericanos y del sur global para desviar importaciones y exportaciones hasta ahora destinadas o procedentes de la potencia imperial y generar intercambios cooperativos por mutuo interés.
Y pensad a continuación cómo le sentaría este cambio al capital estadounidense que ha llevado en volandas a la presidencia de los Estados Unidos a Donald Trump.
Ojalá.







