Trump afronta una rebelión interna en el Partido Republicano por el posible acuerdo con Irán

Las tensiones entre el ala aislacionista del movimiento MAGA y los sectores republicanos más belicistas estallan ante las negociaciones con Teherán
Donald Trump. – Fuente: Wikimedia Commons CC 2.0

La guerra en Irán ha abierto una profunda fractura dentro del Partido Republicano a pocos meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos. Mientras el presidente Donald Trump trata de defender un posible acuerdo con Teherán como una muestra de fuerza negociadora, sectores clave del movimiento MAGA y los tradicionales “halcones” republicanos se han lanzado contra cualquier concesión al régimen iraní.

La tensión ha estallado en el seno de la propia base trumpista. Por un lado, figuras del ala ultranacionalista y conspirativa como Tucker Carlson, Marjorie Taylor Greene, Nick Fuentes, Candace Owens o Joe Rogan llevan meses denunciando que la guerra responde a intereses israelíes incompatibles con el lema “America First”.

En el lado opuesto se sitúan dirigentes republicanos partidarios de mantener una línea dura contra Irán. Entre ellos destacan el senador texano Ted Cruz, el senador Lindsey Graham o el republicano de Misisipí Roger Wicker, quienes consideran que cualquier acuerdo supondría una cesión estratégica ante Teherán.

Las discrepancias se han intensificado tras las filtraciones sobre el posible principio de acuerdo entre Washington y Teherán. Según lo publicado en medios estadounidenses, el pacto incluiría el final de la guerra en varios frentes regionales, la liberación de miles de millones de dólares iraníes bloqueados y la reapertura del estrecho de Ormuz, mientras las negociaciones sobre el programa nuclear quedarían aplazadas durante al menos 30 días.

Ted Cruz advirtió públicamente de que sería “un error desastroso” permitir que Irán conserve capacidad de enriquecimiento de uranio y reciba fondos económicos mientras sigue gobernado por “islamistas que gritan ‘muerte a Estados Unidos’”. Sus declaraciones provocaron incluso un enfrentamiento con el asesor presidencial Alex Bruesewitz, al que respondió con un contundente “Calla, chaval, los adultos están hablando”.

La guerra verbal también alcanzó a Mike Pompeo, exsecretario de Estado de Trump, quien acusó a la Administración republicana de estar negociando un acuerdo similar al impulsado por los demócratas durante la presidencia de Barack Obama. Pompeo aseguró que el pacto permitiría a Irán financiar su programa militar y reforzar su influencia regional.

Desde la Casa Blanca, el director de Comunicación Steven Cheung respondió con dureza, afirmando que Pompeo “no tiene ni idea” de las negociaciones y que debería “cerrar su estúpida boca”.

El trasfondo político de la disputa es especialmente delicado para Trump. El presidente afronta una caída de popularidad mientras la guerra en Irán se ha convertido, según distintas encuestas, en una de las operaciones militares más impopulares de la historia reciente de Estados Unidos. A ello se suma el incremento del precio de la gasolina, que se habría disparado un 50 % respecto al año anterior, una cuestión especialmente sensible para el electorado estadounidense.

En este contexto, Trump ha tratado de reforzar su perfil negociador desde su red social Truth Social. El mandatario amenazó con volver “al frente de batalla y a los disparos” si no prosperan las conversaciones con Irán y exigió además que todos los países de Oriente Medio firmen los llamados Acuerdos de Abraham, impulsados durante su primer mandato para normalizar relaciones diplomáticas con Israel.

Sin embargo, incluso entre los sectores más próximos al trumpismo persisten las dudas. La activista ultraderechista Laura Loomer acusó a parte del entorno presidencial de estar influido por antiguos lobistas de Qatar y afirmó que “no se puede confiar en la palabra de un país islámico”.

Por su parte, Roger Wicker aseguró que Trump está recibiendo “un asesoramiento desacertado” y reclamó completar la destrucción de las capacidades militares iraníes antes de aceptar cualquier alto el fuego. En términos similares se expresó John Bolton, quien advirtió de que un pacto permitiría a los ayatolás retomar el camino hacia el arma nuclear.

Mientras tanto, Trump insiste en que las críticas provienen de “perdedores” que desconocen los detalles de unas negociaciones que, según afirmó, ni siquiera han concluido todavía. El presidente defiende que el acuerdo que prepara será “exactamente lo opuesto” al pacto nuclear firmado bajo la Administración Obama, del que él mismo retiró a Estados Unidos durante su primer mandato.

La crisis refleja hasta qué punto la guerra en Irán amenaza con convertirse en un problema político de primer orden para los republicanos. A medida que se acercan las elecciones legislativas, Trump debe gestionar no solo la presión internacional y militar, sino también una creciente rebelión dentro de su propio partido.

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