Mientras la Comisión Europea llama a la ciudadanía a hacerse con un paquete de supervivencia que permita subsistir 72 horas en caso de guerra (una alarma que sólo persigue justificar el rearme), a 3.271 km de Bruselas, en Gaza, su población sigue siendo víctima de un genocidio perpetrado por el gobierno criminal de Netanyahu. Un genocidio consentido por parte de las instituciones de la UE, primera suministradora al estado de Israel. Según datos publicados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, en el año 2021, «el 34,04% de las importaciones (de Israel) procedió de los países UE, 30,42% de los países asiáticos, 9,36% de los Estados Unidos y 26,18% de otros países»[1]. Este dato incontrovertible sitúa a la Unión Europea como el principal proveedor al estado de Israel, es decir en el actor necesario para que ese estado funcione y su ciudadanía pueda adquirir los productos necesarios para el buen vivir.
La ciudadanía de la UE estamos en manos de una dirección política corresponsable con las matanzas del pueblo gazatí y las continuas violaciones y asesinatos cometidos por los colonos israelíes en Cisjordania. Su última «hazaña», la agresión que sufrió el oscarizado director de cine Hamdan Ballal con la complicidad del ejército ocupante. Esa complicidad viola la literalidad del acuerdo de asociación UE-Israel que en su artículo 2 establece que «Las relaciones entre las Partes, así como todas las disposiciones del propio Acuerdo, se basarán en el respeto de los derechos humanos y de los principios democráticos, que orientan su política interior e internacional y constituyen un elemento esencial del presente Acuerdo»[2].
Esa connivencia inhabilita a las instituciones europeas como referentes internacionales comprometidas con la defensa activa de los derechos humanos y el derecho internacional. Lo que pudo ser, un espacio político supranacional que perseguía según el art. 3.1 del tratado de la Unión «promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos», se ha convertido en un proyecto que busca exclusivamente el acopio de capital de las grandes corporaciones, de las élites, ahora centradas en la industria armamentística. Produce escalofríos escuchar a la alemana Úrsula von der Leyen defendiendo la necesidad de rearmar a la UE conociendo como conoce que en la historia europea los periodos de rearme se asocian al inicio de conflictos que derivaron en guerras mundiales. Hitler defendió el «Aufrüstung», (rearme) pero propagandísticamente los nazis empleaban la palabra «Wehrhaftmachung» (fortalecimiento defensivo) para justificar el rearme como medida de autodefensa. Sin caer en anacronismos imprudentes, lo cierto es que los rearmes, acompañados con campañas que «preparen» a la ciudadanía para una posible guerra, nunca han contribuido a un horizonte de paz y seguridad en Europa.
El gobierno criminal del genocida Netanyahu sigue dispuesto, con la ayuda del presidente Trump, a completar una limpieza étnica en Gaza sin que hasta la fecha la comunidad internacional articule medidas para hacer cumplir el derecho internacional y permitir así que el pueblo gazatí viva con dignidad y en paz. En ese empeño la Unión Europea ni está ni se la espera.
La Liga Árabe aprobó a comienzos del mes de marzo un plan para la reconstrucción de Gaza de 53.000 millones de dólares encomendando su gobierno a un «comité de gestión de Gaza bajo el paraguas del gobierno palestino»[3]. Ese plan, confrontado con los planes de Trump y Netanyahu, necesitaría del apoyo explícito de la comunidad internacional y, en nuestro caso, del apoyo del gobierno de España.
¿Y la movilización social? Llama la atención que las organizaciones políticas, sociales y culturales europeas tengan dificultades para coordinar acciones contundentes y sostenidas para denunciar la permanencia del Acuerdo de Asociación UE-Israel.
Willy Meyer marzo 2025
[1] https://www.exteriores.gob.es/documents/fichaspais/israel_ficha%20pais.pdf
[2] http://eeas.europa.eu/archives/delegations/israel/documents/eu_israel/asso_agree_en.pdf







