Se fusiló la risa

“Carceller. La sátira frente a la intolerancia”, cuenta la vida de Carceller durante los años que estuvo al frente de la revista satírica “La Traca”
Cómic "Carceller. La sátira frente a la intolerancia"

El dibujante Bluff y Carceller, su editor en la revista satírica La Traca, fueron torturados y fusilados en Paterna acusados de insultar “de la manera más baja, soez y grosera a a las más altas personalidades representativas de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador…

—La risa sacude el cuerpo, deforma los rasgos de la cara, hace que el hombre parezca un mono.
—Los monos no ríen, la risa es propia del hombre, es signo de su racionalidad.
Umberto Eco, El nombre de la rosa

Que el franquismo no era cosa de broma es algo que pudieron atestiguar pronto muchos historietistas españoles. Josep Escobar —el padre de Zipi y Zape— fue encarcelado dos años al final de la Guerra Civil y despojado de su condición de funcionario de Correos; Ambrós —dibujante del Capitán Trueno— tuvo que abandonar su carrera de maestro; Jesús Blasco pasó por un campo de concentración francés antes de poder volver a España… Incluso Francisco Bruguera —sí, el copropietario de la famosa editorial— conoció, por un breve periodo, los rigores de los campos de prisioneros. Otros tuvieron que partir a un largo exilio, en muchos casos sin billete de vuelta: Cabrero Arnal, Coq, César, Cardus o Foz.

Sin embargo, el caso más dramático fue el del encarcelamiento, tortura y fusilamiento del dibujante Carlos Gómez Carrera, alias Bluff, y de su editor en la revista La Traca, Vicente Miguel Carceller. La sentencia del Consejo de Guerra que los juzgó en Valencia, fechada el 10 de junio de 1940, hacía saber que «el citado semanario [La Traca] se dedicaba de la manera más baja, soez y grosera a insultar a las más altas personalidades representativas de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de Nuestra Patria, aprovechando la popularidad adquirida en años anteriores, en beneficio de la subversión marxista».

El fallo de la sentencia fue estremecedor: «Debemos condenar y condenamos a la pena de muerte a los procesados Vicente Miguel Carceller y Carlos Gómez Carrera, como autores del calificado delito de adhesión a la rebelión militar, con las circunstancias agravantes expresadas». Ambos fueron fusilados el 28 de junio de 1940 en el campo de tiro militar cercano al cementerio de Paterna.

Afortunadamente, la memoria de La Traca, y de otras revistas satíricas de la época, una vez traspasado el manto de silencio de la Transición y de los primeros años de la naciente democracia, ha sido reivindicada en los últimos tiempos. Un hito significativo fue la exposición «La Traca. La transgressió com a norma», organizada por la Universitat de València entre octubre de 2016 y enero de 2017. Su interesante catálogo, con textos de los comisarios Antonio Laguna y Francesc Andreu Martínez, puede todavía consultarse en línea. Igualmente recomendable es el libro Vicente Miguel Carceller. El éxito trágico del editor de “La Traca” (El Nadir, 2015), también a cargo del historiador Antonio Laguna.

Como acertadamente hacen constar los comisarios de la exposición, «los periódicos satíricos en general, y La Traca muy especialmente, fueron vías fundamentales para, a través del humor, hacer llegar a amplios sectores de la población el mundo de la política». En su opinión, La Traca era sinónimo de Vicente Miguel Carceller, quien «supo como nadie traducir la cultura popular y sus imaginarios en mercancías rentables en forma de publicaciones eróticas, taurinas, anticlericales, antimonárquicas y, sobre todo, valencianistas».

Actualmente, esta historia apasionante nos es ofrecida a través de otro medio de comunicación, el cómic, merced a una brillante iniciativa de Desfiladero Ediciones. El guionista Fernando Larrauri (Valencia, 1958) y el dibujante Juanfer Briones (Valencia, 1964) han unido fuerzas para entregar un libro de historietas titulado expresivamente Carceller. La sátira frente a la intolerancia. Larrauri cuenta la vida pública de Carceller, desde que en 1909 retoma por primera vez la cabecera de La Traca hasta su fusilamiento en 1940. Por las páginas de su guion cruzan personajes del calibre del escritor Vicente Blasco Ibáñez o el periodista y cineasta Maximiliano Thous, amigos ambos de Carceller, o el político Félix Azzati.

La parte gráfica corre a cargo de Briones, dibujante valenciano que ha desarrollado buena parte de su carrera en Aragón, donde ha dibujado cómic histórico (su trilogía templaria) o adaptaciones literarias (Alerta Bécquer). En 2022, junto al guionista Juan Pérez, Juanarete, abordó en La pitillera húngara una historia bélica cuyos protagonistas formaban parte de las Brigadas Internacionales.

Briones juega constantemente con el contraste entre la luminosidad y el color que desprenden las estampas ambientadas en Valencia, el retrato de los espectáculos populares, la picardía de las escenas eróticas, el ritmo incesante de la producción editorial y los sucesivos vaivenes políticos, frente a las prolepsis que puntúan el relato y anticipan el horror que está por llegar. El final del libro nos conduce al dramático fusilamiento de los protagonistas en Paterna, ese lugar de memoria rescatado asimismo en las recientes obras de Paco Roca o Cristina Durán, autores clave todos ellos en el esfuerzo por la recuperación de la dignidad democrática a través de la historieta.

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