“Todo cuanto hagamos por la unidad no sólo estará justificado por la historia, sino además, se convertirá en el más luminoso legado que podamos dejarles a las nuevas generaciones. Igualmente, estaremos honrando activamente la memoria de nuestros Libertadores y Libertadoras. En la CELAC, como quería Bolívar, hemos vuelto a ser una sola Patria”. Hugo Chávez.
Recordamos que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es un organismo intergubernamental que se funda, de manera oficial, en 2010 durante la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, celebrada en Playa del Carmen, México.
La CELAC, surge como una iniciativa histórica para consolidar un espacio de integración regional sin la participación de Estados Unidos ni Canadá, a diferencia de otras organizaciones como la OEA, más conocida como el “Ministerio de las Colonias”, sobre todo tras el infame paso de Luis Almagro, quien fuera su secretario general y máximo limpiabotas del imperio.
No es posible hablar de la CELAC sin que se mencione una y otra vez a uno de los hombres que más hizo por la integración latinoamericana en los últimos tiempos: El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez. La unidad latinoamericana ha sido una constante en el discurso de los principales líderes del continente desde Francisco de Miranda, Bolívar, Eloy Alfaro y Martí en el siglo XIX, pasando por Sandino y Fidel; pero Chávez supo aquilatar todas esas ideas y cristalizar la organización regional que suma la mayor cantidad de naciones: 33, y que dentro de la diversidad buscan la unidad.
La IX Cumbre se desarrolla en un contexto internacional marcado por nuevas tensiones comerciales. Las políticas arancelarias impulsadas por la Administración Trump suponen un impacto negativo a países de la región ya que entre las medidas más agresivas destacan los aranceles del 25% a las importaciones de petróleo venezolano y otros gravámenes del 10% a productos clave provenientes de América Latina.
Estas medidas, motivadas por una visión proteccionista y unilateral, afectarán no solo a las economías directamente sancionadas, sino también a las cadenas comerciales regionales en su conjunto.
Ante este escenario, la IX Cumbre de la CELAC cobraba una relevancia estratégica. Por eso, los países miembros han sido capaces de poner en valor la necesidad de responder de manera unificada a estas medidas, mediante el fortalecimiento de sus vínculos económicos internos, la diversificación de mercados internacionales y la promoción de políticas de desarrollo sustentadas en la cooperación mutua. La unidad regional se ha convertido en una herramienta clave para enfrentar las presiones externas, reafirmando la importancia de actuar como bloque frente a medidas arbitrarias impuestas por potencias extranjeras.
La declaración final, que fue acordada por el consenso de 30 países de los 33, sin el apoyo de Argentina y Paraguay, obviamente, ni el de Nicaragua. Incluso Milei y Santiago Peña se reunían en la capital paraguaya, mientras se celebraba la Cumbre de la CELAC, destacando Milei “la afinidad ideológica y económica” que une a ambos gobiernos. Por su parte, Nicaragua no apoyó la Declaración Final porque solicitaba mayor contundencia en temas como el de la política migratoria llevada a cabo por EE.UU. contra migrantes, en su mayoría latinoamericanos. A pesar de esto, la delegación nicaragüense reiteró su apoyo a la CELAC y a seguir haciendo parte de ella.
El texto final ratificó la plena vigencia de la denominada Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, teniendo como base el respeto a los propósitos y principios de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional, la cooperación internacional, la democracia, el Estado de Derecho, el multilateralismo, la protección y promoción de todos los derechos humanos, el respeto a la autodeterminación, la no injerencia en los asuntos internos, la soberanía y la integridad territorial y rechazó la imposición de medidas coercitivas unilaterales (mal llamadas sanciones), contrarias al Derecho Internacional, incluidas las restrictivas al comercio internacional.
Con la premisa final de la presidenta de Honduras Xiomara Castro quien señaló que “no podemos seguir caminando separados cuando el mundo se reorganiza sin nosotros”, la CELAC cerró esta IX Cumbre cediendo el testigo de su presidencia al presidente colombiano, Gustavo Petro.
Una cumbre que ha servido para dar un paso más en el fortalecimiento y la unidad de la región, pese a los Milei y los Peña de turno. Una cumbre que deja claro que a pesar de las amenazas de Trump, América Latina y el Caribe son soberanos y no son el patio trasero de nadie.
Ahora, yo me pregunto: Ante esta política arancelaria y la guerra económica emprendida por EE.UU. contra todos, ¿Europa será capaz de mirar hacia América Latina y el Caribe o seguirá sumida, pese a todo, en su vergonzosa sumisión a Washington?…








