Estos días no ando mucho por el barrio; estoy muy liado con la preparación de la presentación de mi última novela y los detalles del acto me traen por la calle de la amargura —esquina a la Veeduría—.[1] Pero como los frigoríficos de las casas, por muy poco que comas, tienen una tendencia imparable a vaciarse, no tengo más remedio que salir arrastrando los pies y el carrito de la compra camino al supermercado más próximo.
Y como nunca falta un roto para un descosido en el trayecto encuentro a mi viejo —en más de un sentido— amigo Jorge que tiene el placer de informarme de que se marcha, de nuevo, de viaje.
—¡Hay que aprovechar la jubilación! —me dice satisfecho de sí mismo.
—¿Y a dónde vas esta vez? —pregunta que podía haberme ahorrado, porque estoy seguro de que su intención era darme cumplido detalle de su destino.
—Nos vamos a China. ¡A ver a tus amigos los comunistas!
No entro al trapo. Con cierto tipo de interlocutores intentar aclararles algún tema es trabajo perdido. Y además, ¿para qué?, si el sigue en la suya, inasequible al desaliento.
—Tenemos que aprovechar mientras se pueda; que con la situación actual en cualquier momento suspenden los vuelos comerciales.
—Tampoco sería de extrañar. Seguro que los recortes por los problemas del suministro de queroseno no se van a iniciar por los vuelos militares ni por los de los jets privados…
Su comentario no es desacertado. Porque el cierre del Estrecho de Ormuz ha golpeado duramente al corazón del suministro de queroseno. A diferencia del crudo pesado, que puede transportarse —aunque con cierta dificultad— mediante oleoductos, el combustible de aviación —jet fuel en la terminología del sector— que llega a Europa depende en gran medida de las refinerías de Oriente Medio, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Y el transporte de queroseno depende de barcos tanque especializados. Cabe añadir que, en datos del pasado año 2025, el 75% del combustible de aviación importado por Europa transitaba por Ormuz en estos buques especializados.
Y en estos momentos las reservas de combustible en los “centros de conexión” europeos del sector energético y logístico han caído a mínimos históricos; por ejemplo, el centro logístico de refinado y almacenamiento de hidrocarburos más importante de Europa, el «hub» de Ámsterdam-Rotterdam-Amberes (ARA) presenta una autonomía operativa de unos 23 días, por lo que, de no reabrirse el estrecho de forma inmediata, Europa entrará en una fase de «escasez técnica» para junio de 2026.
—Pues lo de Ormuz no tiene muchos visos de arreglarse…
—A lo mejor a las grandes petroleras norteamericanas tampoco les interesa mucho que el barril de Brent esté por debajo de los $ 100…
—¿Por lo de la rentabilidad del «fracking»?
—Pues sí. Pero ya sabes que lo que es bueno para unas cosas es malo para otras; y no creo que se paren mucho a pensar en todo lo que están ganando cuando tengan que pagar el combustible para su jet privado al doble que al inicio de las hostilidades…
Le comento que el conflicto de Irán no solo encarece el combustible, sino que el cierre del espacio aéreo en la zona de conflicto y la necesidad de evitar el Golfo Pérsico está obligando a las aerolíneas a realizar rutas más largas hacia Asia, lo que incrementa el consumo de combustible y la generación de CO2
—Esperemos que las medidas de la Comisión Europea sirvan para solucionar el problema… ¿No cree, don Manoel?
—Pues la verdad es que no soy muy optimista. En mi opinión Bruselas está más preocupado por hacer las reparaciones indispensables para que el sistema siga funcionando como está que por hacer los grandes cambios, indispensables para que la avería no se vuelva a producir.
—¡Hombre don Manoel! ¡Es que cuando el barco se hunde no cabe ponerse a pensar en lo que habría que haber hecho!
—No te falta razón, pero estarás conmigo en que “siempre que se está hundiendo no se puede pensar y cuando todo va bien no es momento de pensar”.
—Pues ya sabe, don Manoel lo que le decía el escorpión a la rana: «¿Y qué puedo hacer si es mi naturaleza?»
—Pues seguir el consejo del marinero y nunca mear a barlovento.
Nota:
[1] En la hermosa ciudad de A Coruña la calle de la Amargura hace esquina, entre otras, con la calle Veeduría; de ahí el detalle jocoso de alguien que es de Bouzas pero que nació allí.







