El 20 de abril se cumplen 62 años del vil asesinato del dirigente del PCE Julián Grimau, condenado a muerte en las jornadas previas, en un juicio sumarísimo, por un tribunal militar franquista y posteriormente confirmada la pena por el Consejo de Ministros y ejecutada al amanecer en la cárcel de Carabanchel.
La emisión de la jornada en Radio España Independiente (REI) relata los momentos de angustia vividos en las horas previas, a la espera de un indulto que nunca llegó, pese a las peticiones a Franco por parte de destacados líderes y personalidades de todo el mundo: religiosas, políticas y sindicales, intelectuales y académicas, de distintos credos e ideologías, pero unidas en el sentimiento y el propósito de detener la barbarie de un régimen criminal y reaccionario que nació con el propósito de aniquilar la democracia y que en 1963, casi 30 años después de irrumpir con el golpe de Estado que debeló la República, pretendía su pervivencia perpetuando la Guerra Civil.
La documentación de las emisiones nos muestra la difusión por la agencia de prensa soviética Novosti de la entrevista a Dolore Ibárruri realizada por Art Shields, reportero del Daily Worker, el periódico del Partido Comunista de Estados Unidos, donde Pasionaria, velada la voz por la emoción, da cuenta de la campaña mundial para salvar la vida de Grimau. También el llamamiento del minero de la Camocha (Asturias), Casimiro Bayón, exhortando a impedir con la protesta el nuevo crimen que preparaba el régimen. Y la denuncia de la actuación de los servicios de información, radio y prensa de Franco, dirigidos por Fraga Iribarne, destinada a encubrir la felonía.
El telegrama de Nikita Jruschov a Franco del 19 de abril solicitando conmutar la sentencia nada más conocerse el veredicto o las declaraciones a la prensa en Londres de Manolis Glezos, el héroe nacional griego, expresando su repulsa por el asesinato y su confianza en que no doblegaría al pueblo español.
La emisión da cuenta de la serenidad con la que se enfrentó Julián al pelotón de fusilamiento del regimiento Wad Ras, afirmando frente a ellos: “soy un comunista y muero como un comunista”; de su desmentido en el juicio acerca de la versión de la propaganda franquista de haberse querido suicidar, afirmando Julián que fue malherido; de su declaración negando las acusaciones que le imputaban haber practicado tortura durante su pasado como policía en la Guerra Civil y de las alegaciones de su defensor militar, Alejandro Rebollo, señalando la inconsistencia de dichas acusaciones y su advertencia al tribunal del crimen que se iba a cometer: “No estamos juzgando al comunismo, sino decidiendo sobre la vida de un hombre”.







