La ajustada victoria de Karol Nawrocki (50,89%) sobre el liberal Rafał Trzaskowski (49,11%) en las elecciones presidenciales polacas marca un retrocedo para las libertades en el ámbito nacional polaco y plantea serios desafíos para una Unión Europea que podría estar entrando en proceso de descomposición. Apoyado por el partido Ley y Justicia (PiS) y alineado ideológicamente con el trumpismo, Nawrocki representa un proyecto ultraderechista que amalgama euroescepticismo, conservadurismo religioso y políticas identitarias excluyentes, bajo el lema “Polonia primero”. Su llegada al poder amenaza con profundizar la represión de derechos sociales, agudizar las tensiones con Bruselas y normalizar discursos homófobos y xenófobos desde las instituciones.
El nuevo racismo europeo y el modelo polaco.
Estrategias de la ultraderecha posmoderna
Nawrocki encarna lo que la ONU ha denominado “fascismo edulcorado”: formaciones políticas que han sustituido la retórica violenta explícita (exterminio, eugenesia) por apelaciones a la “soberanía nacional”, la “tradición” y la “defensa cristiana”. Este lavado de imagen les permite infiltrarse en el mainstream político sin abandonar su agenda autoritaria y excluyente.
Legado del PiS
Durante los gobiernos de Jarosław Kaczyński (2015–2024), Polonia fue laboratorio de un nacionalismo anticomunista y victimista que instrumentalizó la historia nacional para blindar su proyecto político. La llamada “Ley del Holocausto” (2018), que penaliza señalar la complicidad polaca en crímenes nazis, marca un precedente de revisionismo estatal y persecución de la disidencia. Académicos como Rafał Suszek fueron detenidos y agredidos por denunciar públicamente esta tergiversación histórica.
Maquinaria electoral y clientelismo ideológico
A pesar de escándalos que involucraban a Nawrocki con hooligans, propiedades ocultas y el uso de seudónimos para alabarse en redes sociales, el PiS logró movilizar a su base —rural, envejecida y conservadora— mediante promesas de bienestar social selectivo y una agresiva retórica antiélites.
Homofobia de Estado: La “ética católica” como herramienta de exclusión
Entre las principales promesas de Nawrocki se encuentran:
- El veto total al matrimonio igualitario y a las uniones civiles.
- La persistencia de crucifijos en edificios públicos y el refuerzo de la religión como asignatura troncal, consolidando la alianza Estado-Iglesia.
- La oposición a los llamados “experimentos sociológicos”, eufemismo que engloba derechos de minorías sexuales y programas de educación en diversidad.
Fundamentalismo religioso como identidad nacional
Definir la “identidad polaca” a partir de “valores cristianos” permite estigmatizar a las minorías sexuales como amenazas externas. Esta estrategia emula el modelo de Viktor Orbán en Hungría y se articula con agrupaciones como la Liga de Familias Polacas (LPR), históricamente homófoba y parte de la coalición ultraconservadora europea.
Xenofobia institucional: Inmigración, memoria y pureza étnica
Exdirector del Instituto de la Memoria Nacional (IPN), Nawrocki impulsó una narrativa nacionalista que:
- Niega la responsabilidad polaca en crímenes contra judíos y otras minorías (como el pogromo de Jedwabne).
- Criminaliza la investigación académica sobre crímenes cometidos por polacos contra bielorrusos o ucranianos.
Política migratoria excluyente y discursiva del miedo
Nawrocki apoya la ayuda militar a Ucrania y, además, su plataforma:
- Rechaza el Pacto Migratorio de la UE al considerarlo insuficiente y defiende un “patriotismo económico” que acusa a los productos extranjeros de hacer “dumping”.
- Asocia inmigración con inseguridad, en línea con el discurso del partido ultraderechista belga Vlaams Belang: “integrarse o ser repatriados”.
Grupos afines, como el Campo Radical Nacional, celebran matanzas históricas contra bielorrusos y atacan contramanifestantes bajo consignas como “muerte a los asesinos de la patria”, alimentando un clima de impunidad y violencia simbólica y física.
Impacto en Polonia y la UE: Aislamiento, veto y alineación con Trump
Nawrocki empleará el veto presidencial para:
- Bloquear cualquier avance legislativo en derechos reproductivos y LGBTQ+ impulsado por el gobierno de Donald Tusk.
- Blindar las reformas judiciales del PiS, denunciadas por la UE como contrarias al Estado de derecho.
- Favorecer la convocatoria de elecciones anticipadas para devolver al PiS el control del Ejecutivo.
- Promover referéndums contra directivas europeas como el Pacto Verde o las reformas agrícolas.
Trumpismo a la polaca
- Ha anunciado un aumento del gasto militar hasta el 5% del PIB —el más alto de la OTAN— y una fuerte expansión del ejército.
- Busca alianzas con líderes neofascistas como Giorgia Meloni (Italia) y George Simion (Rumanía).
El triunfo de Karol Nawrocki confirma la eficacia de la nueva ultraderecha “respetable”: una versión adaptada del viejo autoritarismo que abandona los símbolos más agresivos del fascismo tradicional, pero mantiene su esencia excluyente, homófoba y xenófoba, ahora camuflada en discursos de defensa cultural y soberanía económica.
Polonia se convierte en un campo de disputa entre dos proyectos:
- El de Trzaskowski: derecha europeísta y ultraliberal.
- El de Nawrocki: nacional-católico, aislacionista y alineado con el trumpismo global.
Como ha advertido la ONU, este “nuevo racismo” ya no necesita negar el Holocausto; le basta con demonizar al inmigrante, a las personas LGBTQ+ o a las instituciones europeas como amenazas existenciales. La presidencia de Nawrocki no solo supondrá un retroceso en derechos y libertades dentro de Polonia, sino que puede ayudar a que se siga catalizando una ola reaccionaria a nivel continental, desafiando los pilares mismos de la llamada “democracia liberal europea”.
El freno a su avance dependerá, en última instancia, de la capacidad de las residuales fuerzas progresistas polacas y la capacidad de coordinación y búsqueda de un proyecto común mínimo de las fuerzas europeas para articular una resistencia firme y unida frente a esta ofensiva neofascista.







