Israel ha lanzado ataques a varias ciudades de Irán, incluida Teherán, en lo que ha definido como una operación “Punto de No Retorno”. Estos bombardeos se producen horas después de que EE. UU. vetara en la Asamblea General de la ONU una resolución (presentada por España) que pedía un alto el fuego en Gaza.
Aunque Washington se ha distanciado públicamente, nadie cree que ignorara el plan: de hecho, retiró a su personal de Iraq unos días antes. Esta escalada no habría ocurrido sin la luz verde de Donald Trump. La complicidad política y militar entre EE. UU. e Israel deja claro que el veto al alto el fuego y ahora estos bombardeos van de la mano.
La definición “Punto de No Retorno” es una declaración en sí. Suena a desafío abierto, pero Irán no se quedará callado. La contención tiene un límite.
Desarrollo de la situación y urgencia de una respuesta internacional
En los últimos dos años, Israel ha llevado a cabo al menos tres grandes operaciones militares directas contra objetivos iraníes, cruzando repetidamente “líneas rojas” que solían considerarse inviolables:
A pesar de estas agresiones sistemáticas, la reacción de la comunidad internacional se ha limitado a pedir contención a Irán. El secretario general de la ONU instó a ambas partes a “actuar con máxima prudencia” y “respetar las normas internacionales”, pero no adoptó medidas efectivas contra Israel por las claras violaciones de la Carta de la ONU.
Esta pasividad occidental y el doble rasero —sólo presionar a Irán mientras se tolera la ofensiva israelí en Palestina, Irán, Siria, Líbano, Yemen…— están llegando a un punto de quiebre:
- La contención iraní tiene un límite. Irán ha demostrado hasta ahora un gran control de sus represalias, pero cada nueva agresión israelí mina aún más su voluntad de sangre fría.
- Sin una respuesta firme de la ONU, Teherán se sentirá legitimado a “hacer justicia” por su cuenta, lo que convertirá un conflicto regional en una guerra abierta con consecuencias impredecibles.
Medidas realistas y urgentes que debe adoptar la ONU
- Convocar de inmediato una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad para condenar y sancionar a Israel por sus ataques directos a un Estado soberano.
- Imponer sanciones diplomáticas y militares —como embargos de armamento— hasta que Tel Aviv retire todas sus fuerzas y respete el derecho internacional.
- Establecer un mecanismo de supervisión independiente para garantizar que Irán no sea objeto de operaciones encubiertas y que la paz se construya en términos equitativos.
Si no se actúa ahora, se corre el riesgo de que Irán responda militarmente con toda la fuerza a su alcance, abocándonos a un choque que podría arrastrar a todo el Mediterráneo oriental y al Golfo Pérsico. La responsabilidad de evitar la escalada recae hoy en la ONU y en los gobiernos occidentales y, principalmente, en los Estados Unidos. De su decisión depende que no paguemos todos las consecuencias de este irreversible “punto de no retorno”.







